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¿Ojo seco o picor? Ejercicio como prevención más allá de las gotas
Tras una sesión de ejercicio se produce un aumento significativo de la cantidad de lágrimas y de la estabilidad de la película lagrimal.
Un equipo dirigido por investigadores de la Universidad de Waterloo, en Canadá, ha descubierto que un aumento significativo de la secreción lagrimal y de la estabilidad de la película lagrimal tras participar en ejercicios aeróbicos puede ser otro remedio para aliviar la sequedad y el picor
de ojos, según un estudio internacional publicado en la revista 'Experimental Eye Research'.
Cada vez que parpadeamos, nuestros ojos se cubren de película lagrimal, una capa protectora esencial necesaria para mantener una función ocular saludable. La película lagrimal sana consta de tres capas -aceite, agua y mucina- que trabajan juntas para hidratar la superficie ocular y protegerla de los agentes irritantes que causan infecciones, como el polvo o la suciedad.
Cuando cualquier parte de la película lagrimal se vuelve inestable, la superficie ocular puede desarrollar puntos secos, provocando síntomas oculares como picor o sensación de escozor y ardor. "Dado que gran parte de nuestra actividad está ligada al uso de pantallas, los síntomas de sequedad ocular son cada vez más frecuentes -recuerda Heinz Otchere, candidato a doctor en ciencias de la visión en Waterloo-. En lugar de tener que utilizar gotas para los ojos u otros tratamientos alternativos, nuestro estudio pretendía determinar si permanecer físicamente activo puede ser una medida preventiva eficaz contra la sequedad".
Se dividió a 52 participantes en dos grupos -atletas y no atletas- para que participaran en una sesión de ejercicios. Los participantes del grupo de atletas hacían ejercicio al menos cinco veces por semana, mientras que los no atletas no hacían más de una vez por semana.
Los investigadores, entre los que se encontraban expertos de la Universidad de Cape Coast (Ghana), realizaron exámenes visuales antes y cinco minutos después de cada sesión de ejercicio, en los que se evaluó la secreción de lágrimas y el tiempo de ruptura de las mismas. Aunque los participantes del grupo de atletas mostraron el mayor incremento, Otchere afirma que todos los participantes experimentaron un aumento significativo de la cantidad de lágrimas y de la estabilidad de la película lagrimal tras la sesión de ejercicio.
"Puede ser un reto para las personas hacer ejercicio con regularidad cuando la demanda es trabajar cada vez más horas frente a las pantallas -reconoce Otchere-. Sin embargo, nuestros resultados muestran que la actividad física puede ser realmente importante no sólo para nuestro bienestar general, sino también para nuestra salud ocular".
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