Luis García Jambrina: "Las novelas populares eran una forma de resistencia ante el franquismo"

El escritor y profesor de la Universidad de Salamanca lanza en enero de 2027 su nueva novela negra, 'La memoria velada', ambientada en la Barcelona de los años 60

Luis García Jambrina: "Las novelas populares eran una forma de resistencia ante el franquismo"
Luis García Jambrina, en la facultad de Filología. (Fotos: A. Santana)
El autor esDaniel Bajo Peña
Daniel Bajo Peña
Lectura estimada: 10 min.

Luis García Jambrina lanza una nueva novela: 'La memoria velada'. Está editada por Espasa, sale a la venta a mediados de enero de 2027 y supone un cambio de aires y de época, que no de estilo, respecto a sus obras anteriores.

El protagonista es de nuevo un escritor real: Francisco González Ledesma, que usaba el pseudónimo Silver Kane para escribir novelitas de vaqueros como 'El templo de los pistoleros' o 'Mátalos cuando amanezca'. Se vendían en los kioscos, cabían en el bolsillo y fueron inmensamente populares en los años del franquismo. 

En 'La memoria velada', Ledesma -o Kane- también se verá metido en una investigación detectivesca llena de requiebros y giros digna de sus propias novelas. Sin embargo, en esta ocasión la acción se traslada a la Barcelona de los años 60, a sus bajos fondos y a los ambientes que empezaban a sentir los vientos de cambio que llegaban desde Europa. 

Jambrina, 'padre' de las sagas de 'El Manuscrito' y los casos de Unamuno, explica en esta entrevista de dónde salió la idea para su nueva obra y qué se encontrarán los lectores. 

P - 'La memoria velada' implica un cambio de época y de ciudad respecto a los casos de Fernando de Rojas y Miguel de Unamuno. ¿De dónde nace la idea para esta novela?

R - Es una novela muy distinta, pero en realidad en la línea de las anteriores, lo que pasa es que es en época muy reciente y el protagonista es un escritor menos conocido: Francisco González Ledesma, al que consideran uno de los padres de la novela negra española, junto con Vázquez Montalbán.

En los últimos años he ido mucho a Barcelona porque mi hija vive allí y suelo ir al Festival de Barcelona Negra. Allí me topé con una exposición sobre Ledesma y me pareció muy interesante, sobre todo esa doble vida. Fue novelista de kiosco o de novela popular durante muchos años, con el seudónimo de Silver Kane, y después de la muerte de Franco, ya empezó a publicar novelas con su nombre, sobre todo una serie policíaca protagonizada por el inspector Méndez. Ahí vi una novela, me pareció muy interesante y empecé a leer cosas de él y sobre él.

Ledesma fue uno de los padres de la novela negra española

P - ¿Qué averiguaste?

R - Me pateé mucho Barcelona, porque yo quería que la ciudad fuera también protagonista de la novela. Además, en ella tiene mucha importancia la editorial Bruguera, que era donde Ledesma trabajaba, por un lado como asesor jurídico y por otro como colaborador escribiendo este tipo de novelas. También escribió guiones para cómics, para tebeos, para historietas... Me parece un mundo apasionante, porque la editorial Bruguera se llega a convertir en la editorial más importante de España.

P - Era la editorial de Mortadelo y Filemón

R- Ellos empezaron con los tebeos y luego pasaron a la novela de kiosko. En la España del franquismo fue muy importante. Había mucha gente que leía este tipo de cosas, de Corín Tellado y Marcial Lafuente Estefanía, que eran los dos autores de novelas de kiosko más leídos. Pero había muchos más y uno de los más importantes fue Silver Kane o Ledesma. Y quería hacer una trama criminal o detectivesca importante en la Barcelona de los años 60, con muchos giros.

Ledesma de día era asesor jurídico de la editorial Bruguera y por las noches se ponía a escribir hasta las tantas de la mañana. Publicaba una novela a la semana

P - ¿Por ejemplo?

R - El punto de partida de la novela en ese sentido es muy sorprendente, sin destripar nada. Y luego continúan a lo largo de la novela hasta el giro final. Pero no sólo eso, es que es una novela sobre Barcelona, sobre todo la Barcelona de lo que era el Barrio Chino, que ahora llaman el Raval, y algunos barrios como el Poble Sec, que está al lado, toda la zona del Paralelo, el barrio donde estaba la sede Bruguera... en fin, todo eso está muy presente en la novela.

Y también, claro, está el personaje de Ledesma con esa doble vida. De día era asesor jurídico de la editorial y por las noches se ponía a escribir en su máquina hasta las tantas de la mañana, porque publicaba una o dos novelas a la semana.

P - ¿Una novela a la semana? Os puso el listón muy alto a los que vinisteis después...

R - Esta gente escribía mucho, el ritmo de escritura era trepidante. A mí me fascina mucho todo este grupo. Unos tenían mayor calidad, otros tenían menor calidad, unos se lo curraban más, otros menos, pero ya el fenómeno en sí era una serie de escritores, generalmente con pseudónimo, que sacaban una o dos novelas a la semana, porque se publicaban muchos títulos de estas novelas, de vaqueros, de detectives...

P - Eran muy populares y de consumo barato, pero nadie reparaba en ellas desde un punto de vista cultural

R - Se cambiaban en los kioscos. Tú llevabas una vieja y te llevabas otra, a cambio de unas pesetas. Era un fenómeno. Se guardaban en cualquier sitio, en un bolsillo y entonces las leía la gente en todas partes, en el autobús, en las salas de espera... era un fenómeno alucinante. Estaban en todos los kioscos. Eran la biblioteca del pobre.

Las novelas populares eran una escuela de lectores, aunque sus autores eran gente muy en los márgenes. Me parece un fenómeno cultural que hay que reivindicar

P- ¿'La memoria velada' reivindica aquellas obras populares, de kiosco?

R - Eran una escuela de lectores. Luego muchos de aquellos lectores acabaron leyendo otro tipo de cosas, pero vamos, a mí como fenómeno cultural y social me parece importantísimo y hay que primero conocerlo y luego creo que reivindicarlo, porque efectivamente esta gente estaba muy en los márgenes, muy despreciada. No pasaba así en EEUU. En EEUU todo lo que tiene que ver con la cultura popular, en el amplio sentido de la palabra, está siempre muy valorado, muy reivindicado, y de allí, de la literatura pulp americana, salieron los grandes novelistas del género negro. Aquí sin embargo, pues esto o no ha interesado o se ha despreciado y ha quedado ahí.

Yo lo que quería a través de esta novela es dar a conocer ese mundillo y cómo funcionaba en España sobre todo. Había más editoriales, pero vamos, la más conocida era Bruguera, la editorial, pues explotaba a sus colaboradores y les hacía firmar unos contratos leoninos. ¿Recuerdas lo que le pasó a Ibáñez?

P - Sí, que prácticamente 'fabricaba' páginas, que quisieron quitarle sus personajes...

R - Se los quitaron unos años porque en el contrato figuraba que esos personajes se los cedía la editorial para que trabajara sobre ellos. Entonces, en el momento que se iban, los perdían y se los encargaban a otros. Bruguera fue una editorial importantísima para este país, pero tenía esa otra doble cara en el contexto de una España en la que todo esto del trabajo no estaba bien regulado y se permitían muchas cosas. Ahí he querido meterme un poco. He querido que sea una novela un poco social, en el trasfondo de cómo es el género negro, el auténtico. Y luego la Barcelona del Barrio Chino, el distrito quinto... pues tenía una larga tradición anarquista y he querido incluirlo también un poquito.

Esos barrios eran muy transgresores con respecto a la época y el foco ese de anarquismo no ha desaparecido del todo. Siempre hay ahí un fondo anarquista que he querido mostrar

P - Los aires de cambio que llegaban desde Europa, los viajes a Perpiñán... ¿también están reflejados en tu novela?

R - La novela está ambientada a principios de los 60, en el año 63, y todo eso va cambiando mucho conforme nos acercamos a los 70, pero efectivamente, claro, Barcelona en concreto y esos barrios, eran muy transgresores con respecto a la época y el foco ese de anarquismo no ha desaparecido del todo. Siempre hay ahí un fondo anarquista que yo he querido mostrar, porque además hay conexiones en la investigación que se hace, hay conexiones con la Guerra Civil en Barcelona... Es una novela en la que hay muchos elementos que han ido entretejiéndose los unos con los otros y luego, claro, hay una novela que está llena de guiños a la actividad de este personaje, Silver Kane.

P - 'La memoria velada' comienza con Francisco González Ledesma/Silver Kane trabajando en plena madrugada...

R - La novela empieza cuando él está escribiendo a las tantas de la noche, ahí dale que te pego a la máquina de escribir y alguien se presenta en su casa para hablar con Silver Kane, su seudónimo, y hacerle un encargo un poco sorprendente. Y todo esto que tiene que ver con su labor como escritor sale mucho. He mezclado un poco. En la trama negra he metido también cosas que tienen que ver con su actividad de escritor.

Intenté hacer una novela que fuera negra, puramente negra, que tuviera elementos de novela social y también mucho juego literario

P- Jambrina escribe una novela negra sobre Ledesma, un novelista real al que conviertes en detective que se vale de sus mañas como escritor. ¿'La memoria velada' es un juego de juego de luces y sombras? ¿Ledesma es un escritor, un detective...? 

R - Así es, pero es más, fíjate que hay también muchos guiños y alusiones a la obra literaria de Ledesma, tanto la de kiosco, pues la mayoría de las novelas que se vendían eran del oeste, como policiacas y de espías que él escribía ya en los 50 y 60. Hay todo un juego con esas novelas que escribía y con las que va a escribir después, después de la muerte de Franco, cuando ya publica con su nombre.

Todo es un juego literario, efectivamente, donde hay muchos guiños, donde hay muchas capas. Intenté hacer una novela que fuera negra, puramente negra, y también que tuviera muchos elementos de novela social y también una novela con mucho juego literario, como se suele llamar metaliterario. Hay muchos guiños, lo literario está entremezclado con la propia trama detectivesca.

Es un juego continuo porque me lo inspiró el propio personaje. Cuando vi aquella exposición llena de libros, de fotografías, estaba su máquina de escribir, etc., pues me impactó y me dije 'aquí hay una novela'. Además, la exposición estaba muy cerquita de donde estaba Bruguera. 

P - ¿Llegaste a conocer a Ledesma?

R- Hay una diferencia importante de esta novela con las anteriores, porque estamos hablando de una persona que murió hace 11 años. Entonces tienes que ser mucho más cuidadoso con el personaje y más fiel a la verdad, aunque luego tú te tomes todo tipo de libertades. Pero la base del personaje, los detalles, todo tiene que ser verdad.

Hablé con la hija y con la viuda e Ledesma. Les encantó la idea. Les pareció un homenaje muy bonito, muy original, y lo entendieron desde el primer momento.

P - ¿Hablaste con la familia?

R - Les pedí, vamos a decir, su visto bueno. Hablé con la hija y con la viuda, una persona muy lúcida, encantadora. Les encantó la idea. Les pareció un homenaje muy bonito, muy original, y lo entendieron desde el primer momento. Y también era importante hablar con ellas, poderles preguntar todo tipo de cosas sobre el Ledesma de aquellos años.

He querido hacer un personaje muy complejo, porque él no sólo tenía esa doble vida, sino que en la propia empresa de Bruguera, el hecho de ser asesor jurídico y al mismo tiempo uno de los creadores de la casa lo llevó a vivir muchos conflictos. Porque él era el que tenía que preparar los contratos, pero también era un trabajador, pero al mismo tiempo era el asesor. Es una situación muy interesante desde el punto de vista humano y a mí me parecía también, literariamente, una situación muy interesante. Y que hace que el personaje sea más complejo. Además, era del barrio de Poble Sec, donde nació Serrat, por ejemplo. Es un barrio muy peculiar, porque es muy céntrico, pero es muy popular y muy humilde. Eso era muy importante, mostrar todo ese mundo del que venía él, el mundo de las calles de Barcelona, de esos ambientes obreros y populares.

Ese género negro y de kiosco parece que nos da un poco de vergüenza. Ese desprecio me parece injusto. Muchos de los que escribían este tipo de novela eran de izquierdas, especialmente anarquistas. 

P - Un fresco de la Barcelona de la época...

R - Lo social va muy ligado con lo negro. La novela negra, fundamentalmente, es una novela realista que se sitúa en lugares muy concretos. La novela negra también tiene su trasfondo político y es lo que he querido hacer.

Ese género negro y de kiosco parece que nos da un poco de vergüenza. Este tema lo toco mucho en la novela. Ese desprecio que siente mucha gente por este género me parece injusto. Porque sabes que muchos de los que escribían este tipo de novela eran de izquierdas, especialmente anarquistas. Gente represaliada que se había quedado en España y que tenía que ganarse la vida. Y encontró ahí una manera de ganarse la vida. No es que fuera una literatura alienante para adoctrinar al pueblo español, todo lo contrario. En esas novelas se tocaban temas que no se tocaban en la literatura culta. A través de las novelas del oeste, todo el tema de las injusticias, de esos personajes independientes y libres, como el pistolero, etc.

P - Cultura popular en toda la extensión de la palabra

R - Muchas veces dicen que el franquismo no fue un erial. Claro, entre otras cosas porque la cultura era una forma de resistencia contra el franquismo. Y este tipo de novelas eran también una forma de resistencia con respecto a lo que imponía el franquismo. Es así. Y ya quisiéramos tener los índices de lectura que había en aquella época, aunque lo que se leyera fuera este tipo de novelas. O sea, leer se leía.

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