Asomarse al abismo o navegar a los pies del Duero: dos formas de descubrir Las Arribes en Aldeadávila

Los cañones del río, en el tramo fronterizo con Portugal, ofrecen vistas espectaculares tanto en las alturas del Mirador del Fraile como a pie de orilla

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Mirador del Fraile y Playa del Rostro en Las Arribes del Duero (Fotos: I. A.)
El autor esIsabel Andrés Rodríguez
Isabel Andrés Rodríguez
Lectura estimada: 3 min.

Hay paisajes que merecen disfrutarse despacio, con los cinco sentido y desde todos los ángulos. Y el Parque Natural Arribes del Duero es uno de ellos. En su tramo fronterizo entre España y Portugal, el río deja vistas impresionantes desde cualquier punto, aunque en pleno corazón de Las Arribes salmantinas, en el entorno de Aldeadávila de la Ribera, el visitante puede encontar las dos caras de una misma espectacularidad: la que se descubre desde las alturas, asomándose al vacío en el Mirador del Fraile, y la que se disfruta a ras de agua, a los pies de las paredes de granito en la cercana Playa del Rostro. Dos paradas imprescindibles para admirar la fuerza del Duero y disfrutar de uno de los rincones naturales más impresionantes de Salamanca.

Desde arriba, el Duero muestra la inmensidad de sus cañones de hasta 400 metros de altura desde el cauce del río en una de las panorámicas más espectaculares del Duero a su paso por territorio charro. Y, sin duda, uno de los mejores puntos para contemplarlo es el Mirador del Fraile.

Suspendida sobre una pared de granito, esta pasarela de acero corten permite asomarse al vacío con un voladizo de alrededor de 15 metros y divisar tanto el espectacular encajonamiento del río como la imponente presa de Aldeadávila, una de las grandes obras de ingeniería hidráulica de España.

La visita regala una perspectiva única del valle del Duero en su camino hacia Portugal. Un escenario natural en el que también es posible observar el vuelo de aves como buitres leonados, alimoches y águilas.

El mirador cuenta con una estructura que parece proyectarse directamente sobre el abismo. Además, tiene, en su final un suelo de rejilla metálica que permite contemplar la profundidad bajo los pies, convirtiendo la experiencia en una mezcla de vértigo, emoción y admiración por la naturaleza. Junto al cercano mirador del Picón de Felipe, constituye una de las visitas imprescindibles para descubrir la espectacularidad de los Arribes.

Su nombre tiene también un origen ligado a la historia del lugar. Una antigua tradición cuenta que desde una peña conocida como la Silla del Fraile se podía contemplar el valle de La Verde y observar cómo los monjes franciscanos trabajaban en su huerta. De ahí habría surgido la denominación que conserva este privilegiado balcón natural.

Para llegar hasta él hay que tomar la carretera que conduce al merendero Llano de la Bodega, situado a unos seis kilómetros de Aldeadávila de la Ribera, donde es posible dejar el vehículo. Desde este punto, arranca un recorrido peatonal hasta el mirador 1,8 kilómetros de ida y vuelta.

El Mirador del Fraile es, en definitiva, una parada imprescindible para descubrir la grandeza de los Arribes del Duero, un lugar donde la naturaleza y la ingeniería se funden en un paisaje sobrecogedor que invita a detenerse y contemplar el río desde las alturas.

 

Del vértigo de las alturas a la calma del río

La experiencia puede continuar unos kilómetros más allá, cambiando por completo la perspectiva del paisaje. Si desde el Mirador del Fraile el visitante descubre la inmensidad del cañón desde las alturas, la Playa del Rostro permite acercarse al río y contemplar los cañones desde abajo.

Situada a orillas del Duero, esta zona recreativa ofrece un entorno privilegiado para disfrutar de la tranquilidad del agua y de la naturaleza. Desde aquí es posible apreciar la dimensión de los cortados rocosos y dejarse llevar por la calma de un río que, visto desde el mirador, parecía perderse en las profundidades del cañón.

Además, la Playa del Rostro es un lugar ideal para completar la jornada, descansar junto al agua o disfrutar de un paseo en barco por este tramo del Duero.

A este enclave se accede desde el núcleo de urbano de Corporario, a escasos 900 metros de Aldeadávila, por una serpenteante carretera que desciende hasta el mismo cauce del río. Una vez abajo, el espacio cuenta con merendero y un tramo de playa donde poder disfrutar de la calma del agua. Además, en este punto se ubica un embarcadero desde donde parte un paseo en barco (no disponible en estos momentos) hasta la cercana presa de Aldeadávila.

Dos puntos separados por apenas unos kilómetros que ofrecen al visitante un entorno donde sumergirse en un paise único desde dos puntos de vista muy diferentes y complementarios entre sí. Una combinación perfecta para conocer los Arribes del Duero desde arriba y desde abajo.

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