La mano abierta del Cristo del Cementerio, el Señor de las Almas que acompaña a Salamanca en Todos los Santos

El 1 de noviembre, los fieles podrán acercarse a la imagen, rezar ante ella y participar en el besapiés, que se prolongará de 10:00 a 20:00 horas

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Roberto Miguel Muñoz Sánchez junto al Cristo de la Liberación (Fotos: T. Sánchez)
El autor esTamara Navarro
Tamara Navarro
Lectura estimada: 6 min.

Hay una imagen de la Semana Santa salmantina que muchos conocen sin saber quizá cómo se llama. No siempre se refieren a ella como el Cristo de la Liberación. Para buena parte de la ciudad es, sencillamente, el Cristo del Cementerio. También hay quien lo llama el Señor de las Almas, porque siente que es él quien ampara a los difuntos que descansan allí.

Su lugar no es casual. El Cristo permanece durante todo el año en la capilla del cementerio de Salamanca, un espacio en el que la Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz mantiene vivo su culto y donde, una vez al mes, se celebra una eucaristía en memoria de los fallecidos. No hace falta pertenecer a la cofradía para acudir: las misas están abiertas a cualquier persona que quiera rezar por los suyos.

"La gente está muy agradecida porque hubo mucho tiempo en el que no se realizaron eucaristías dentro del cementerio", explica Roberto Miguel Muñoz Sánchez, presidente de la hermandad. Para muchos fieles, añade, este lugar se ha convertido en un espacio de recogimiento. Incluso quienes no entran en la capilla pueden acercarse a una ventana abierta al exterior desde la que se ve la imagen.

Es precisamente esa relación con los difuntos la que cobra un significado especial cuando llega el Día de Todos los Santos. La hermandad concentra en estas fechas la celebración principal dedicada al Cristo de la Liberación, aunque su presencia en el cementerio y las misas mensuales hacen que el vínculo con las familias no se limite al 1 de noviembre.

 

Quienes han presenciado el traslado del Santísimo Cristo de la Liberación desde el Cementerio hasta Fonseca, difícilmente olvidan una de las escenas que describe Roberto: son alrededor de las once de la noche, cuando el Cristo aparece entre los cipreses del cementerio. Es uno de los momentos más representativos de su recorrido y una de las razones por las que la imagen ha quedado ligada a este lugar en la memoria de los salmantinos.

La hermandad tiene su sede en la iglesia de la Santísima Trinidad y procesiona en dos jornadas. El Jueves Santo por la tarde sale desde esta iglesia con el Cristo del Amor y de la Paz y María Nuestra Madre. Ya en la madrugada del Viernes Santo al Sábado Santo, procesiona con el Cristo de la Liberación, que sale desde la capilla de Fonseca.

"Somos un entierro charro despidiendo a Cristo"

El culto al Cristo de la Liberación en el cementerio se remonta a los orígenes de la imagen. Hoy, para Roberto, poder mantenerlo en un enclave como este, especialmente significativo durante estas fechas, es "todo un honor".

El nombre popular de Señor de las Almas también tiene mucho que ver con lo que representa la talla. Su mano abierta, en la que sostiene una rosa negra, es uno de sus elementos más reconocibles. Roberto explica que ese gesto simboliza la humanidad y recoge las oraciones o las almas que pueden sentirse perdidas. Una imagen de Cristo muerto, recién descendido de la cruz, que invita a detenerse y pensar en el final de la vida.

Un día para acercarse, rezar y recordar

El 1 de noviembre, la capilla tendrá actividad durante toda la jornada. Desde las diez de la mañana hasta las ocho de la tarde se organizarán turnos de vela para acompañar al Cristo, ayudar a los visitantes a colocar sus velas y facilitar que puedan acercarse al besapiés. Los hermanos de la cofradía compartirán esos turnos con miembros de la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad, con la intención de que la imagen no se quede sola en ningún momento.

La jornada incluirá varias eucaristías, entre ellas la de las doce del mediodía, que oficiará el obispo, José Luis Retana. También habrá misas a las diez de la mañana y a las cinco y media de la tarde. La programación comenzará el viernes 30 de octubre con una oración a las 20:30 horas y continuará el sábado 31 con una eucaristía a las 17:30 horas.

A lo largo del día, los fieles podrán llevar flores, encender velas y rezar ante el Cristo. La respuesta, cuenta Roberto, se nota en el movimiento constante de personas que se acercan a la capilla. Algunos llegan para hacer una ofrenda; otros, para dedicar un momento a los familiares que ya no están.

El presidente de la hermandad invita a quienes todavía no conocen esta tradición a que se acerquen. Le preocupa que, poco a poco, la sociedad se deje influir por otras costumbres que no tienen el mismo arraigo en Salamanca. Por eso defiende la importancia de conservar una celebración como Todos los Santos y de ofrecer un lugar donde vivirla desde la oración y el recogimiento.

Su invitación no se limita a conocer una imagen o una tradición cofrade. Roberto anima a vivir la experiencia junto al Cristo de la Liberación, convencido de que quienes se acerquen encontrarán alivio y paz. La imagen, el espacio en el que se encuentra y el recuerdo de los difuntos forman, en sus palabras, una combinación "única y especial".

"Van a sentir un alivio y una paz estando junto a él"

Preparar la capilla para que el Cristo no esté solo

Detrás de la jornada hay también días de trabajo para los hermanos. La imagen se coloca en una disposición distinta de la habitual para su exposición durante Todos los Santos; se preparan las flores, las velas y los turnos de vela, y se deja la capilla lista para recibir a quienes quieran acudir.

Este año, además, la hermandad agradece la intervención de la Diócesis de Salamanca, que ha pintado la capilla y ha realizado una restauración de la imagen interior. Era una actuación que, según explica Roberto, hacía falta desde hacía tiempo.

La preparación continuará el 2 de noviembre, cuando el Cristo de la Liberación compartirá espacio con la Virgen de la Soledad. La imagen de la hermandad homónima permanece en la capilla del cementerio desde que dejó de procesionar. Ambas cofradías celebrarán a las doce del mediodía una misa conjunta por todos los fieles difuntos.

La iniciativa no es nueva. El año pasado las dos hermandades celebraron juntas una jornada que tuvo una buena participación y una buena acogida entre los hermanos. Ahora quieren mantener esa colaboración y, de cara a los próximos años, estudiar la posibilidad de organizar actividades que vayan más allá de la capilla y se extiendan al propio cementerio, para compartir el Día de los Fieles Difuntos con quienes acudan allí.

Después de la misa del día 2, los hermanos de la cofradía celebrarán también una comida para poner el broche final a estas jornadas en torno a su titular. En la capilla, entretanto, la imagen seguirá ocupando el lugar que tiene durante todo el año: el de un Cristo al que se acude para recordar a quienes ya no están.

"La mano abierta y una rosa negra […] recoge esas oraciones o esas almas que están un poco perdidas"

Un entierro charro para despedir a Cristo

Aunque el Cristo de la Liberación pueda ser menos conocido que otras imágenes de la Semana Santa salmantina, Roberto asegura que es una de las que más valora el público cuando sale a la calle. No se trata únicamente de la talla, obra de Vicente Cid, que sigue vivo, sino de todo lo que acompaña a la procesión.

"Somos un entierro charro despidiendo a Cristo", resume el presidente. Las mujeres visten el traje de luto charro que él denomina "ventioseno", mientras que los hombres llevan la indumentaria antigua que usaban los charros de la Sierra para acudir a los funerales.

A ese conjunto se suman las obras pictóricas de Jerónimo Prieto que la hermandad saca a la calle pintadas a mano. Entre ellas están las llamadas Tavolletas , que representan la Pasión de Cristo, y el Cristo de la tabla pintado al óleo. Son piezas que forman parte de la identidad de esta procesión y que permanecen expuestas durante todo el año en el Museo Diocesano.

La historia del Cristo de la Liberación no se reduce, por tanto, a una salida procesional ni a una jornada concreta del calendario. Está también en la capilla que lo acoge, en las misas mensuales, en las personas que se acercan a rezar por sus familias y en quienes se turnan para acompañarlo durante el Día de Todos los Santos.

Este 1 de noviembre, entre velas, flores y oraciones, el Cristo volverá a recibir a quienes quieran detenerse un momento ante él. Para algunos será una tradición de toda la vida; para otros, quizá la primera vez que descubran por qué tantos salmantinos lo conocen como el Cristo del Cementerio, el Señor de las Almas.

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