El "caballo de Troya" contra el cáncer de mama: tratamientos con anticuerpos conjugados que ya se utilizan en el Hospital

César Rodríguez, oncólogo en el Complejo Asistencial de Salamanca, explica cómo los anticuerpos conjugados llevan la quimioterapia hasta las células tumorales y mejoran la supervivencia del paciente

El "caballo de Troya" contra el cáncer de mama: tratamientos con anticuerpos conjugados que ya se utilizan en el Hospital
El autor esTamara Navarro
Tamara Navarro
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La lucha contra el cáncer de mama avanza por caminos que hace unos años parecían difíciles de imaginar. La investigación ha permitido desarrollar tratamientos cada vez más precisos, capaces de reconocer determinadas características de las células tumorales y dirigir hacia ellas los medicamentos. No significa que la enfermedad haya dejado de ser una amenaza ni que exista una solución válida para todas las pacientes, pero sí que el horizonte terapéutico está cambiando. Y ese avance ya ha llegado a Salamanca.

Una de las innovaciones que está transformando el abordaje de algunos tumores de mama son los anticuerpos conjugados, una familia de fármacos que combina la capacidad de un anticuerpo para reconocer una diana concreta con la acción de un medicamento de quimioterapia. César Rodríguez, oncólogo del Hospital de Salamanca, los define como una de las grandes revoluciones que se están produciendo en este campo.

La idea es tan compleja desde el punto de vista científico como sencilla de explicar a través de una imagen: la de un caballo de Troya. "La engañamos, es lo que llamamos el caballo de Troya", explica el especialista al describir cómo actúan estos medicamentos.

El anticuerpo reconoce determinadas características de la célula tumoral y se une a ella. Después, la célula incorpora el conjunto formado por el anticuerpo y la quimioterapia, que se libera una vez dentro. De esta manera, el fármaco lleva su carga terapéutica hasta el lugar donde se pretende que actúe, en vez de distribuirla de la misma forma que en otros tratamientos convencionales.

Seguimos tratando con quimio, pero lo hacemos de una manera mucho más elegante", resume Rodríguez.

La precisión de esta estrategia no significa que los medicamentos estén libres de efectos secundarios, pero permite mejorar la forma en que se administra la quimioterapia y, en determinados escenarios, reducir su toxicidad. El objetivo es doble: combatir el tumor con mayor eficacia y preservar, en la medida de lo posible, la calidad de vida de las pacientes.

Estos tratamientos ya forman parte de la práctica clínica. En el Hospital de Salamanca se utilizan, entre otros, el trastuzumab deruxtecán y el sacituzumab govitecán, indicados para determinados tipos y fases del cáncer de mama. La elección depende de las características del tumor, los tratamientos recibidos y la situación de cada paciente.

El primero se emplea en tumores HER2 positivos y también en algunos con baja expresión de HER2; el segundo se utiliza en escenarios como el cáncer de mama triple negativo o determinados tumores con receptores hormonales positivos que han dejado de responder a tratamientos hormonales.

La novedad no reside únicamente en disponer de nuevos medicamentos, sino también en poder utilizarlos en fases cada vez más tempranas de la enfermedad, cuando los tumores pueden ser menos resistentes a los tratamientos. Una estrategia que, según el oncólogo, está ampliando las posibilidades terapéuticas y contribuyendo a reducir las recaídas en determinados escenarios.

En la enfermedad metastásica, los resultados de estos fármacos han demostrado mejoras significativas de supervivencia frente a las terapias con las que se compararon en los estudios correspondientes. "Lo que vemos es que las pacientes responden más y, sobre todo, viven más tiempo con menos toxicidad", señala Rodríguez.

En este contexto, vivir más no es el único objetivo. También importa cómo se vive durante el tratamiento, cuánto tiempo se consigue mantener controlada la enfermedad y qué efectos tiene la terapia en la vida cotidiana. Por eso, el especialista insiste en que, cuando el cáncer se ha extendido a otros órganos, la meta es prolongar la supervivencia sin perder de vista la calidad de vida.

En las fases iniciales también empiezan a observarse resultados alentadores. Rodríguez destaca que los primeros datos en determinados tumores HER2 positivos apuntan a menos recaídas entre las pacientes tratadas con estas estrategias en etapas más precoces. Son avances que deben interpretarse según cada indicación, pero que ayudan a explicar por qué la incorporación de estas terapias está evolucionando con rapidez.

En Salamanca, su impacto ya se traduce en pacientes concretas. El oncólogo calcula que más de 60 mujeres han recibido trastuzumab deruxtecán y entre 30 y 40 han sido tratadas con sacituzumab govitecán, según las estimaciones que maneja en su práctica clínica.

Más allá de las cifras, Rodríguez pone el acento en aquellas pacientes que mantienen respuestas prolongadas, incluso después de que otros tratamientos hayan dejado de funcionar. Mujeres para las que las opciones se habían reducido y que han conseguido mantener la enfermedad bajo control durante largos periodos.

El especialista evita, sin embargo, confundir estos resultados con una curación. En algunos casos de cáncer de mama metastásico, explica, hay pacientes que pasan años sin que existan evidencias de progresión de la enfermedad. "No nos atrevemos a decir que estén curadas", reconoce, aunque considera que mantener esa respuesta durante tanto tiempo representa un cambio importante respecto a lo que se podía conseguir años atrás.

La evolución de los tratamientos está modificando también las perspectivas de las pacientes diagnosticadas en fases tempranas. Rodríguez señala que las tasas de supervivencia continúan aumentando y que las recaídas disminuyen. Según los datos que maneja, más del 85% de las pacientes permanecen libres de recaída a los cinco años, una proporción que, asegura, sigue creciendo con el paso del tiempo.

Son cifras que ofrecen motivos para la esperanza, pero no deben ocultar que el cáncer de mama engloba enfermedades diferentes, con pronósticos y respuestas muy distintos. El tipo de tumor, el momento del diagnóstico y las características de cada paciente condicionan el tratamiento y sus resultados.

Tampoco todos los avances se incorporan de inmediato. Los nuevos medicamentos y las estrategias que los combinan con otras terapias tienen un coste elevado y requieren un esfuerzo para garantizar que el sistema sanitario pueda sostener su uso. Su incorporación, explica el oncólogo, está siendo paulatina y progresiva.

La investigación, por tanto, no se limita a encontrar fármacos más eficaces. También debe permitir que los tratamientos lleguen a las personas que pueden beneficiarse de ellos, en el momento adecuado y con garantías de continuidad.

La prevención también importa después del diagnóstico

Frente a los avances de la medicina, Rodríguez recuerda que existe otra herramienta fundamental para combatir el cáncer de mama: actuar sobre los factores de riesgo que pueden modificarse.

Una alimentación equilibrada, la actividad física, evitar el tabaco, limitar el consumo de alcohol y prevenir la obesidad forman parte de las recomendaciones que el especialista considera esenciales. A partir de la evidencia disponible, estima que la combinación de hábitos de vida saludables podría contribuir a evitar entre un 30% y un 40% de los casos de cáncer de mama a escala poblacional. Se trata de una estimación general, no de una garantía individual, ya que la aparición de la enfermedad depende de múltiples factores, incluidos aquellos que no pueden modificarse.

La importancia de estos hábitos tampoco termina cuando una mujer recibe el diagnóstico. El oncólogo destaca que mantener una actividad física adecuada, cuidar la alimentación y evitar la obesidad se asocia también con una reducción del riesgo de recaída, independientemente del tratamiento oncológico recibido.

Por eso, el ejercicio físico ha comenzado a ocupar un lugar más relevante en la atención a las pacientes. En Salamanca, el hospital participa en un programa desarrollado junto a la Universidad Pontificia de Salamanca y financiado por Pfizer, con una duración prevista de tres años. La iniciativa cuenta con profesionales de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte y de Fisioterapia, que acompañan a las pacientes en la práctica de ejercicio adaptado.

La actividad física no sustituye a la cirugía, la quimioterapia ni a las demás terapias indicadas por el equipo médico. Es un complemento que puede ayudar a mejorar la salud y que, según explica Rodríguez, forma parte de una visión cada vez más integral del tratamiento.

Cerca de 400 nuevos casos al año en Salamanca

La dimensión del desafío sigue siendo considerable. Para 2026, Rodríguez estima alrededor de 1.900 nuevos casos de cáncer de mama en Castilla y León y cerca de 400 en la provincia de Salamanca cada año. El propio oncólogo precisa que son estimaciones que maneja, no cifras procedentes de un registro oficial, por lo que deben interpretarse con esa cautela.

Detrás de cada diagnóstico hay una situación diferente y un recorrido que no puede resumirse únicamente en estadísticas. Para algunas mujeres, el tratamiento persigue eliminar la enfermedad y evitar que reaparezca. Para otras, especialmente cuando el cáncer es metastásico, el objetivo puede ser mantenerlo controlado durante el mayor tiempo posible y preservar su calidad de vida.

En ambos escenarios, la medicina continúa buscando nuevas respuestas. Los anticuerpos conjugados son una de ellas: una forma más dirigida de administrar quimioterapia que ya está ofreciendo resultados relevantes en determinados tumores y que sigue ampliando sus posibilidades.

Rodríguez no habla de una victoria definitiva frente al cáncer de mama. Habla de avances, de respuestas más prolongadas, de menos recaídas en determinados contextos y de pacientes que viven más tiempo con la enfermedad controlada. La prudencia sigue siendo necesaria, pero también lo es reconocer lo que está cambiando.

Porque, en oncología, la esperanza no consiste en prometer que todo saldrá bien. Consiste en disponer de más opciones, en que un tratamiento pueda funcionar cuando otro ha dejado de hacerlo y en seguir ganando tiempo y calidad de vida. En Salamanca, parte de ese cambio ya se está produciendo.

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