El onubense redondea una tarde de valor y temple con una faena importante al sexto, mientras De Justo destaca con el mejor lote y Urdiales deja su sello clásico
David de Miranda, valor seco y muleta poderosa para conquistar La Glorieta
El onubense redondea una tarde de valor y temple con una faena importante al sexto, mientras De Justo destaca con el mejor lote y Urdiales deja su sello clásico
La Glorieta volvió a abrir sus puertas para una tarde de feria marcada por el intenso calor y por varios alicientes sobre la arena. Domingo Hernández puso el toro y Diego Urdiales, Emilio de Justo y David de Miranda pusieron nombre a una terna marcada por el regreso, la exigencia y el debut. El sol apretó con fuerza sobre los tendidos mientras el ambiente iba creciendo en una plaza que afrontaba una nueva cita de la Feria de la Virgen de la Vega. Urdiales regresaba a una plaza de personalidad propia; De Justo y De Miranda afrontaban su segunda corrida consecutiva después de la jornada de Valladolid y, para el torero de Trigueros, además, llegaba el día de su presentación en La Glorieta, coincidiendo con su cumpleaños. Pero cuando el paseíllo terminó, todas esas circunstancias quedaron por un momento al margen. Seis toros de Domingo Hernández aguardaban en los chiqueros y la tarde quedaba reducida a lo esencial: toro, torero y una plaza dispuesta a juzgar cada embestida.
Y fue el primero de Domingo Hernández quien abrió una tarde que ya tenía todos los ingredientes para ser contada. El primero de la tarde, 'Abrelatas', herrado con el número 9 y de 569 kg de peso, negro, salió descoordinado y el diestro corrió turno para que saliese 'Pasajero', herrado con el número 114, de 576 kg de peso, colorado, cuesta arriba, anivillado y ojo de perdiz. Salió y se emplazó en los medios, echó las manos por delante, sin dar opción ninguna en el capote. Se empleó en el peto y arreó en banderillas.
Brindó Urdiales para intentar hacer esa tauromaquia que le caracteriza, de enorme elegancia y clasicismo, arrancando algunos pases con la figura compuesta, pasándoselo muy cerca y cargando la suerte. La faena no cogió mucho vuelo por la falta de ligazón y el desacople al meterse por dentro e ir a menos el de Domingo Hernández, resaltando su humillación al natural, donde llegaron los oles más rotundos.
Dejó media estocada que le valió para doblar. Ovación.

Urdiales dejó algunos pases con la figura compuesta - Foto: Arai Santana
El segundo, para Emilio de Justo, fue 'Cristalino', herrado con el número 42 y de 559 kg de peso, negro mulato listón, de presentación justa y tocadito de pitones. Salió suelto en el primer tercio y, tras un puyazo, apretó en banderillas, poniendo en apuros a toda la plaza. Es en la muleta donde estos toros sacan su potencial, galopando con el hocico por el suelo, pronto y largo por ambos pitones, lo que se denomina bravo.
El maestro extremeño, que tiene algo con esta plaza y con los que le caen en suerte, sacó sus armas para poner a La Glorieta de acuerdo y firmar, hasta el momento, la mejor faena en lo que va de feria.
Tiró de la ayuda para cuajar una tanda con la diestra y acabar de poner caliente el horno. Le recetó un volapié hasta los gavilanes, dejando la estocada un poco baja, pero de efecto fulminante. Oreja, con fuerte petición de la segunda.

De Justo con trofeo en su primero - Foto: Arai Santana
En tercer lugar saltó al ruedo 'Gracioso', herrado con el número 46 y 532 kg de peso, colorado listón, ojo de perdiz, muy parejo de hechuras. Salió suelto y se frenó en el capote, echando las manos. Fue el toro del debut de David de Miranda, muy suelto y marcando la querencia ya el día del desenjaule, lo que complicó los primeros tercios.
Brindó al público un toro complicado y huidizo durante toda la lidia, que soltaba la cara con brusquedad y al que había que llevar muy enganchado y tapado para evitar que se fuese.
Se acopló con él en la puerta de arrastre para arrancarle tandas muy meritorias, aguantando los gañafones. Pero cuando un torero está en un momento dulce, se hace presente nada más pisar el albero. Le recetó un volapié en todo lo alto. Ovación.

Tandas meritorias pese a los gañafones de David de Miranda - Foto: Arai Santana
En cuarto lugar hizo presencia 'Mandolino', herrado con el número 100 y 550 kilos de peso, primer sobrero de la tarde, colorado ojo de perdiz listón, más serio que sus hermanos. Siguió el mismo comportamiento que sus hermanos en los primeros tercios.
Con la franela se puso incierto, soltando la cara, protestando y con peligro. Lo intentó Urdiales por ambos pitones, pero no pudo sentirse en ningún momento. El toro lo ponía difícil, buscando los tobillos, y al no haber opciones optó por quitarlo del medio y no aburrir al respetable. Estoconazo que rodó sin puntilla. Silencio.

El cuarto no dio juego al maestro - Foto: Arai Santana
Hizo quinto 'Fisgón', herrado con el número 35 y 602 kg de peso, colorado ojo de perdiz, badanudo y acapachado de cuerna. También salió suelto, aunque pudo recetarle un puñado de verónicas con el tercio cambiado. Se empleó en el caballo y galopó en banderillas, cuajando 'El Algabeño' un gran tercio, teniendo que desmonterarse.
Brindó Emilio de Justo al público para echarse la muleta a la zurda y, sin probaturas, ponerse a torear al natural. El extremeño se topó con el mejor lote de la tarde, teniendo los dos toros más potables del encierro.
Rápido se acopló a las alturas que pedía el animal, en tandas cortas, de finos remates y dándole los tiempos que requería el toro. Ralentizó las embestidas, creando una faena vistosa e inteligente, de mucho calado, que marró con los aceros. Saludó una ovación.

Faena vistosa e inteligente que no remató en el acero - Foto: Arai Santana
Cerró la tarde 'Campanillero', herrado con el número 58 y 561 kg de peso, castaño claro bocidorado, fino de hechuras y bien armado, con marcada querencia a toriles. No permitió lucimiento con el capote y tuvo que ser picado en la puerta de arrastre.
A pesar de esa tremenda forma de querer irse, el onubense tiró de ese valor seco que da escalofríos y de esa poderosa muleta que manda sobre el más desobediente, realizando una faena cargada de ligazón, mano baja y muletazos limpios, de bello trazo, llevándolo muy largo. El toro se olvidó de su querencia y, en la distancia corta, metido entre los pitones, exprimió las dos virtudes del animal: la movilidad y la humillación. Importante faena en su presentación en La Glorieta.
Estoconazo y puerta grande para David de Miranda.

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