Luque deja su sello y Borja Jiménez se juega el triunfo en una tarde de mucho mérito

José María Manzanares se marcha de vacío tras sus faenas al primero y al cuarto, sin lograr conectar con los tendidos

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Fotos: Arai Santana
El autor esTamara Navarro
Tamara Navarro
Lectura estimada: 6 min.
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La Glorieta volvió a vestirse de gala para recibir una de las corridas más esperadas de la Feria de la Virgen de la Vega. El hierro de Montalvo, que durante el desenjaule había despertado los aplausos de los aficionados por su presentación, regresó al ruedo salmantino para enfrentarse esta vez a la hora de la verdad. A las 18:00 horas, con el sol de septiembre todavía sobre los tendidos y ese ambiente especial que acompaña a las grandes citas, comenzó un festejo en el que José María Manzanares, Daniel Luque y Borja Jiménez fueron los encargados de medirse a los seis astados de la divisa.

La expectación estaba servida desde antes del paseíllo. El público había podido contemplar días atrás las hechuras, el trapío y las finas arboladuras de los de Montalvo, pero el verdadero examen llegaba ahora, cuando cada ejemplar debía descubrirse sobre el albero frente a los capotes y las muletas. La tarde quedó así en manos del toro y de quienes tenían que interpretarlo. Seis salidas, seis historias distintas y una afición dispuesta a juzgar cada embestida, cada lance y cada muletazo.

La primera estampa que dejó Montalvo en el ruedo fue la de Gitano, número 11, un colorado de 563 kilos, bajo de manos, de bonita estampa y muy ofensivo de pitones. Manzanares quiso fijarlo desde el capote con un ramillete de verónicas, tratando de acompasar su embestida y dejarlo colocado para lo que vendría después.

Tras un leve puyazo, el animal manseó y se defendió en banderillas, dejando ya algunas señales de la condición que iba a complicar la labor del alicantino. Con la muleta confirmó esas primeras impresiones. Escasito de fuerza, de corto recorrido y especialmente incómodo por los gañafones que soltaba al final de los muletazos, el de Montalvo no terminó de ofrecer una embestida franca.

Manzanares lo probó en distintos terrenos y por ambos pitones, empeñado en encontrar una rendija por la que construir algo entre tantas dificultades. Apareció algún muletazo limpio, pero siempre de manera aislada y sin continuidad suficiente para que la labor tomara vuelo. La afición comprendió pronto que había poco margen para el lucimiento y que las condiciones del animal no permitían mucho más.

El diestro de Alicante apuró las posibilidades que ofrecía aquel primer compromiso y puso fin a su actuación con un pinchazo y una estocada, siendo silenciado.

Primero de la tarde con Manzanares - Foto: Arai Santana

 

En segundo lugar saltó al ruedo Armero, número 85, de 571 kilos, negro, muy hondo, de bonitas hechuras y muy serio de pitones. Salió parado, sin terminar de ofrecer opciones en el capote, y pronto dejó entrever una condición que iba a exigir mucho más que un simple intento de faena convencional. Manseó en el caballo y tampoco puso las cosas fáciles en banderillas, donde protagonizó varios arreones y tendió a echar la cara arriba. Todo hacía pensar que no sería sencillo encontrarle el camino, pero Daniel Luque decidió no dar la batalla por perdida.

El de Gerena se inventó una faena donde parecía que había poco que hacer y terminó metiendo al animal en el canasto, haciéndolo romper en tandas ligadas de enorme calado. Armero transmitía mucho precisamente por esa forma de embestir, humillando y arrancándose a arreones, con un peligro sordo que el público percibió desde los primeros compases.

A Luque, sin embargo, no le importó. El sevillano atraviesa un momento en el que parece servirle todo y volvió a tirar de conocimiento, mando y capacidad para imponerse a las dificultades. Fue una auténtica cátedra de conocimiento y poder ante el toro menos potable, una de esas faenas en las que el mérito está precisamente en hacer parecer posible lo que, de inicio, parecía casi imposible. La cercanía fue creciendo hasta convertirse en un tremendo arrimón, antes de rematar la faena con unas luquecinas ajustadísimas, poniendo al público en pie.

Tras un aviso, Luque dejó una estocada algo trasera. La labor tuvo finalmente el premio de una oreja, recompensa a una faena de mucho mérito y, sobre todo, de enorme capacidad para transformar las dificultades en argumentos de triunfo.

Luque cortó una oreja al primero de su lote - Foto: Arai Santana

 

Lechón, herrado con el número 9 y con 587 kilos de peso, hizo tercero. Negro, alto de agujas, muy serio y cornidelantero, además de rabicorto, salió con muchos pies y mostró más movilidad que sus hermanos en los primeros tercios. También complicó mucho el tercio de rehiletes, poniendo en apuros a los integrantes de la cuadrilla.

Borja Jiménez brindó al público y planteó una faena intensa, de mucha disposición y valor. El de Montalvo no dio demasiadas facilidades, embistiendo de manera alocada en los primeros compases, aunque poco a poco fue yendo a menos y permitió que el sevillano fuera centrando una labor que terminó cogiendo poso a medida que las distancias se acortaban.

Al natural llegaron los mejores muletazos de una faena en la que Borja puso todo de su parte, aunque sin terminar de calar en los tendidos. Una estocada trasera puso el punto final y la labor fue reconocida con una ovación.

Borja Jiménez, ovación tras su primero que no acabó de calar - Foto: Arai Santana

 

El cuarto de la tarde fue Cumplidor, herrado con el número 57 y con 558 kilos, negro, largo, con mucho cuello y tocadito hacia arriba. Salió suelto en el primer tercio, aunque apretó en varas, y volvió a poner de manifiesto las dificultades que estaban encontrando las cuadrillas en banderillas. Hizo hilo a los peones y los puso en apuros, en un tercio de rehiletes que resultó complicado a lo largo de toda la corrida.

El de Montalvo, sin embargo, tenía algunas virtudes. Humillaba, iba largo y acudía con prontitud, condiciones que podían haber permitido otro tipo de faena. Manzanares, sin embargo, no terminó de encontrarse a gusto ni de acoplarse con su oponente. Faltó conexión con los tendidos y, a medida que avanzaba la labor, comenzaron a escucharse algunos pitos. El torero alicantino puso fin a su actuación con un estoconazo, que cerró la faena.

Manzanares no acabó de acoplarse a Cumplidor - Foto: Arai Santana

 

Hizo quinto un castaño de bella estampa, hondo, enmorrillado y con una imponente arboladura, de nombre Rebujino, herrado con el número 46 y con 598 kilos de peso. Lo cuajó en la boca de riego a la verónica Daniel Luque. Lo puso largo al caballo, al que acudió con alegría, empujando fijo y con la cara abajo, dejando buenas sensaciones en el tercio de varas.

Brindó al público para hacer una labor cargada de conocimiento: de los terrenos, de las distancias y de saber qué pedía el toro en cada momento, que no era fácil. Luque tuvo que aguantar parones, miradas y momentos de incertidumbre, siempre con respeto y mucha torería. Reinó la limpieza y la elegancia en cada cite, con remates sabios, dejando al toro a favor de su querencia para facilitar la siguiente tanda.

El toro fue a menos, apagándose poco a poco, pero Luque siguió exprimiendo sus últimas embestidas y remató la faena con ajustadísimas bernardinas. Falló con el acero, emborronando una labor importante y de mucho contenido. Ovación.

Respeto y mucha torería de Luque en el segundo de su lote - Foto: Arai Santana

 

Cerró plaza Cortés, herrado con el número 79 y con 602 kilos de peso. Negro, largo, atacado de kilos, badanudo, bajo de manos y muy serio de cara. Lo recibió Borja Jiménez a portagayola, donde el toro lo arrolló y pisoteó, pero el torero se repuso para, acto seguido, levantar la plaza a la verónica, con mucho valor y entrega.

Buen puyazo de Tito Sandoval, que midió bien al toro.

Brindó al público y, en la misma boca de riego, se lo pasó por la espalda, sometiendo a un toro incierto, que soltaba la cara con brusquedad, pero que tenía mucha transmisión. Toro muy complicado, que no permitía dudas y que exigía firmeza, mando y la mano baja.

Borja Jiménez puso toda la carne en el asador, jugándoselo todo para hacer, con toda seguridad, su mejor faena en la Glorieta. Una actuación de enorme mérito ante un toro que no regaló una sola embestida y al que tuvo que dominar desde la firmeza y el valor. Pinchazo y estocada. Oreja.

Enorme mérito de Borja Jiménez ante un toro que no regaló - Foto: Arai Santana

Más Info.

FICHA TÉCNICA

Primer festejo de la Feria de la Virgen de la Vega 2026.

Entrada: Dos tercios de plaza.
Ganadería: Toros de Montalvo.

José María Manzanares: silencio y silencio.
Daniel Luque: oreja tras aviso y ovación.
Borja Jiménez: ovación y oreja.

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Más Info.

FICHA TÉCNICA

Primer festejo de la Feria de la Virgen de la Vega 2026.

Entrada: Dos tercios de plaza.
Ganadería: Toros de Montalvo.

José María Manzanares: silencio y silencio.
Daniel Luque: oreja tras aviso y ovación.
Borja Jiménez: ovación y oreja.

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