La devoción de Salamanca por sus cabezudos: las 14 figuras que sacan a pasear a toda la ciudad

Los pasacalles de los cabezudos de Salamanca congregan a cientos de personas y sus impulsores "estamos muy agradecidos" por la respuesta

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La devoción de Salamanca por sus cabezudos: las 14 figuras que sacan a pasear a toda la ciudad
Pasacalles de cabezudos por el centro de Salamanca.
El autor esDaniel Bajo Peña
Daniel Bajo Peña
Lectura estimada: 4 min.

El bombero, el toro, el payaso, la Celestina... y así hasta 14 personajes que durante las tardes de ferias y fiestas deambulan por las calles animando a los viandantes, persiguiendo a los adolescentes y dando algún susto a los bebés, que no entienden por qué esas figuras estrambóticas tienen semejantes molleras.

Los cabezudos llevan décadas sacando a los salmantinos a pasear. Cae la tarde, suena la música de la charanga y aparecen las figuras por el parque de La Alamedilla. Una nube de gente les sigue como los ratones al flautista de Hamelín y la comitiva se pierde por las calles del centro, en una escena que se repite desde que los abuelos eran niños.

Las máscaras "son de la ciudad, forman parte del patrimonio de Salamanca, que también cuenta con gigantes y gigantillos" que "se están intentando restaurar, porque son súper antiguos. Hay fotos de los gigantes que posiblemente sean de los años 40 o 50" porque no en vano "es una tradición con mucha solera. Hay archivos en la catedral de hace siglos" que ya mencionan a estas peculiares figuras, explica el presidente de la Asociación de Gigantes y Cabezudos de Salamanca, José Luis Pérez, quien lleva más de 20 años participando en los desfiles y viendo los pasacalles detrás de una inmensa cabeza de cartón piedra. 

Ocho de los 'cabezones' más populares de Salamanca.

Varios cabezudos de Salamanca se compraron hace unos 60-70 años a una empresa zaragozana; otros se fabricaron en los años 80 para nuestra ciudad y aluden a personajes conocidos de la historia salmantina como Julián Sánchez El Charro (también conocido como El Bombero), el Pepón, la Montaraza, la Celestina, el Toro, la Lechera, el Padre Lucas (piadosa forma de aludir al protagonista del Lunes de Aguas) y Doña Paquita"que como lleva un traje naranja, los niños la llaman La Naranjita, y así se ha quedado". Incluso las figuras 'de serie' como el negro o el payaso tienen toques propios: "cuando se han restaurado aquí en Salamanca, les han dado una impronta propia", como las canas en el caso del negro. "No se ven muchos cabezudos de ese estilo con el pelo tan blanco".

"Un tirón muy fuerte"

La asociación "entra a formar parte de este juego a raíz de que nos gustan mucho los cabezudos" y quiere reverdecer la tradición. "Sólo salíamos tres días, por los Jesuitas, por la plaza de la Concordia... y ahora la asociación está intentando darle el protagonismo de años anteriores. Hace décadas salían muchísimos días y se está sacando para adelante con creces, porque la gente nos apoya bastante".

A mayores, también cuentan con respaldo institucional. "Nosotros tenemos reuniones con el Ayuntamiento y todo lo que lo que le hemos ido diciendo, nos lo han ido facilitando, porque ven que los cabezudos tienen un tirón muy fuerte para Salamanca. Es un pasacalles que arrastra a mucha gente y de diferentes edades. Tenemos mucha gente mayor que nos acompaña. Le gusta y le trae recuerdos de su infancia".

Explica, a modo de curiosidad, que las tardes de fiestas "llegamos sobre las 18:00 o así a La Alamedilla y no hay un alma. Y sales a las 18:30 y ves que está a reventar de gente, de personas mayores, de carritos de bebés... el otro día le decía al alcalde a modo de broma que tendría que acabar controlando los carritos, porque no sabes cómo tenemos las rodillas" de chocar con ellos. "Nuestra visibilidad es muy reducida", revela.

Carreras por la calle Toro

La hora de la verdad llega al pisar la calle Toro: peatonal, ancha, con obstáculos y llena de chavales con ganas de vacilarles. Y claro, ellos responden y les persiguen como alma que lleva el diablo. "Los que van nos conocen ya", revela José Luis Pérez. "Somos como una familia, porque hay niños que han empezado corriendo desde pequeños y ahora tienen una edad que ya son independientes y los hemos visto crecer. Tengo amistades que los he visto desde pequeños, con ellos como bebés y ahora corren con nosotros o salen como cabezudos".

Es "un espectáculo de calle poco habitual, porque vas detrás de ellos y la gente nos sigue. Eso es de agradecer, porque muchas veces están acostumbrado a ver espectáculos de calle, pero nosotros somos un conjunto que va rápido. El otro día, una mujer le decía al marido que se diera prisa porque se lo perdían. Estamos muy agradecidos a la gente que nos sigue".

Pero todo tiene un final y un día terminan las fiestas: "En cuanto se acaban las ferias damos un parte, porque hay veces que te caes, que te golpeas con una señal o un toldo... se lo pasamos al Ayuntamiento y directamente lo mandan a restaurar".

Cuando las figuras estén reparadas, tocará guardarlas y esperar hasta la siguiente oportunidad de colocarse un 'cabezón' y salir a asustar a los críos de la calle Toro, como hicieron tantas generaciones de salmantinos a lo largo de la historia.

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