La Luna tiene un tesoro oculto y está en su polo sur: el hielo que puede cambiar el espacio

Concentra las esperanzas de la NASA para establecer una base permanente gracias al agua helada, un recurso clave para futuras misiones a Marte

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La Luna tiene un tesoro oculto y está en su polo sur: el hielo que puede cambiar el espacio
La Luna, durante un eclipse. (Foto: Ical)
El autor esTeresa Sánchez
Teresa Sánchez
Lectura estimada: 3 min.

La próxima gran batalla espacial podría librarse en un lugar donde el Sol apenas llega: el polo sur de la Luna. Allí, entre enormes cráteres que permanecen sumidos en la oscuridad, podría encontrarse uno de los recursos más valiosos para la futura exploración espacial: agua congelada.

No se trata únicamente de disponer de agua para beber. El hielo lunar podría convertirse en oxígeno para respirar y, mediante distintos procesos, en combustible para propulsar naves. Encontrar y aprovechar ese recurso permitiría reducir la cantidad de suministros que los astronautas tendrían que transportar desde la Tierra y abriría la puerta a misiones mucho más ambiciosas.

Por eso la NASA ha puesto el foco en esta región del satélite. La agencia estadounidense contempla construir allí una futura base que, según sus planes, dispondría incluso de un reactor nuclear capaz de proporcionar electricidad de forma continua.

A 203 grados bajo cero

El polo sur reúne una combinación poco habitual de condiciones. Algunas zonas reciben luz solar durante periodos prolongados, algo especialmente interesante para producir energía mediante paneles solares. Otras, en cambio, permanecen en oscuridad casi permanente.

Es precisamente en estas últimas donde se encuentra el mayor interés científico. Los cráteres que nunca reciben directamente los rayos del Sol pueden alcanzar temperaturas cercanas a los 203 grados centígrados bajo cero, convirtiéndose en auténticos congeladores naturales.

En esas condiciones pueden conservarse durante miles de millones de años el agua y otros materiales conocidos como volátiles, sustancias que se evaporarían con facilidad si estuvieran expuestas a temperaturas más elevadas.

El científico jefe de exploración de la NASA, Jacob Bleacher, considera que esta característica convierte al polo sur en una zona especialmente atractiva para la exploración. Pero todavía queda una pregunta fundamental por responder: ¿cuánto hielo hay realmente bajo la superficie lunar y en qué condiciones se encuentra?

El valor del hielo

La importancia de localizar ese hielo va mucho más allá de garantizar el abastecimiento de una futura colonia lunar. Si el agua puede extraerse y procesarse, sus componentes podrían utilizarse para fabricar recursos esenciales para los astronautas.

El oxígeno serviría para mantenerlos con vida y también podría tener aplicaciones como propulsante. El hidrógeno, por su parte, puede emplearse junto al oxígeno como combustible para cohetes.

Eso cambiaría por completo la lógica de los viajes espaciales. En lugar de transportar desde la Tierra todo lo necesario para cada misión, los astronautas podrían utilizar parte de los recursos que encuentran en el destino.

La Luna se convertiría así no solo en un lugar que visitar, sino en una especie de estación intermedia para expediciones cada vez más lejanas.

Artemis busca las respuestas 

La NASA todavía desconoce muchos detalles sobre los depósitos de agua lunar. No está claro cuánto hielo existe, a qué profundidad se encuentra ni qué otros materiales podrían estar mezclados con él.

Las próximas misiones del programa Artemis serán fundamentales para avanzar en ese conocimiento. Los planes de la agencia estadounidense contemplan dos misiones tripuladas a la Luna en 2028, con las que pretende seguir preparando el terreno para una presencia humana más prolongada.

Pero vivir en la Luna no será sencillo. La iluminación extrema, las temperaturas, el polvo lunar y los largos periodos de oscuridad plantean dificultades tanto para las personas como para los equipos tecnológicos.

Además, una noche lunar puede prolongarse durante aproximadamente dos semanas terrestres, dependiendo de la ubicación. Eso obliga a diseñar sistemas capaces de soportar condiciones muy diferentes y garantizar energía y protección durante periodos prolongados.

La Luna, ensayo general para Marte

La verdadera importancia de este proyecto puede estar, paradójicamente, más allá de la propia Luna. Para la NASA, el satélite terrestre es el escenario perfecto para probar tecnologías y procedimientos que algún día tendrán que funcionar a millones de kilómetros de distancia.

Aprender a vivir utilizando los recursos de otro mundo será una de las claves para llegar a Marte, donde enviar continuamente suministros desde la Tierra sería mucho más complicado y costoso.

El polo sur lunar representa, por tanto, mucho más que una región especialmente fría y oscura. Puede convertirse en el primer lugar donde la humanidad aprenda a extraer agua, generar recursos y mantener una presencia estable fuera de la Tierra.

Fuente: EFE

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