Una investigación del Museo Van Gogh analiza las 133 pinturas firmadas por el artista y revela qué había detrás de su nombre
El secreto de las firmas de Van Gogh: por qué solo escribió 'Vincent' en 133 cuadros
Una investigación del Museo Van Gogh analiza las 133 pinturas firmadas por el artista y revela qué había detrás de su nombre
Vincent van Gogh dejó miles de pinceladas que terminaron convirtiéndose en algunas de las imágenes más reconocibles de la historia del arte, pero su nombre aparece en una pequeña parte de ellas. De las 840 pinturas conocidas de su producción, solo 133 llevan su firma o alguna inscripción.
Lejos de tratarse de un detalle anecdótico, la presencia de ese pequeño "Vincent" parece contar mucho sobre la relación que el pintor neerlandés mantenía con sus propios cuadros. Una investigación del Museo Van Gogh ha estudiado precisamente esas firmas para descubrir cuándo decidió identificarse como autor y por qué en otras ocasiones prefirió no hacerlo.
El estudio, titulado Simplemente 'Vincent': una panorámica de las pinturas firmadas de Van Gogh, ha sido realizado por Julia Engelmayer, antigua conservadora en prácticas de la institución, a partir de su trabajo de máster. Para llegar a sus conclusiones, la investigadora creó una base de datos con las firmas conocidas y analizó aspectos como el color, el tamaño, la posición y la visibilidad, además de contrastarlos con las cartas que Van Gogh escribió durante su carrera.
Hay un detalle especialmente llamativo: Van Gogh casi nunca utilizó su apellido para identificarse en sus cuadros. En 105 pinturas aparece "Vincent" y en otras dos recurrió a la abreviatura "Vt". La decisión tenía una razón práctica. Durante sus años fuera de Países Bajos comprobó que su apellido resultaba complicado de pronunciar para muchas personas.
En una carta enviada a su hermano Theo desde Arlés en marzo de 1888, incluso le pidió que en las exposiciones utilizara "Vincent y no Van Gogh". Quería evitar que el público tuviera problemas para pronunciar su apellido. También hizo caso omiso de algunas convenciones de la época con el color. En al menos 75 obras empleó el rojo para firmar, convirtiendo en ocasiones su nombre en parte de la propia composición. Un ejemplo se encuentra en Marina cerca de Les Saintes-Maries-de-la-Mer, pintada en 1888. Allí colocó una firma roja especialmente llamativa porque consideraba que necesitaba incorporar una pincelada de ese color al conjunto.
No firmaba todo lo que pintaba
La ausencia de una firma tampoco significa necesariamente que Van Gogh considerara una obra poco importante. El artista era extremadamente exigente consigo mismo y entendía muchas de sus pinturas como ensayos o pasos necesarios dentro de su evolución.
De hecho, no firmó ninguna pintura antes de 1884, a pesar de haber comenzado a trabajar con óleo en 1881.
La situación cambió progresivamente en París, cuando aumentaron sus aspiraciones artísticas y comerciales, y las firmas también fueron más frecuentes durante los primeros meses que pasó en Arlés.
Entre las obras que sí identificó se encuentran algunas de las que más orgulloso se sentía. Es el caso de Los comedores de patatas, de 1885, considerada por el propio Van Gogh como su primera gran obra maestra. Trabajó durante semanas en ella y escribió "Vincent" en el respaldo de una silla, aunque actualmente la firma resulta prácticamente imperceptible. Las razones para firmar podían ser muy personales. Van Gogh también identificaba cuadros que regalaba a familiares o amigos, así como obras destinadas a intercambios con otros artistas.
Uno de los casos más curiosos es Tres pares de zapatos, de 1886, que intercambió con el pintor australiano John Russell. El cuadro conserva dos firmas, una pequeña realizada sobre la propia pintura y otra de mayor tamaño cuya caligrafía se asemeja a la de Russell. La investigación apunta a que el artista australiano pudo añadirla porque no distinguió la firma original de Van Gogh o porque consideró que era demasiado discreta.
Cuando dejó de confiar en sus cuadros
La evolución de las firmas también parece coincidir con algunos de los momentos personales más difíciles del pintor. A partir de 1889, después de su ingreso en el sanatorio de Saint-Rémy, la frecuencia con la que firmaba descendió de forma notable. Su estado de salud y su confianza en su propio trabajo se habían deteriorado y las últimas obras de su carrera apenas llevan su nombre.
Durante su etapa final en Auvers-sur-Oise solo firmó un cuadro: el retrato de Adeline Ravoux, que regaló a la joven retratada.
La propia contradicción aparece reflejada en una carta que Van Gogh escribió a Theo en agosto de 1888, cuando admitía que había comenzado a firmar sus lienzos, pero poco después había dejado de hacerlo porque le parecía algo "demasiado tonto". El estudio del Museo Van Gogh concluye que no existía una única razón para añadir o eliminar su nombre. El orgullo por una obra, las expectativas comerciales, la amistad, un regalo o incluso una decisión puramente estética podían determinar la presencia de aquellas letras.
Hoy, sin embargo, esas siete letras tienen un valor extraordinario. El pequeño "Vincent" que el pintor colocó de forma discreta en algunos de sus lienzos permite asomarse a una cuestión mucho más íntima: cómo veía Van Gogh su propia obra antes de que su apellido se convirtiera en uno de los más famosos de la historia del arte.
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