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Aniversario de la Guerra Civil: crónica de las primeras 72 horas del conflicto en Salamanca
Este fin de semana se cumplen 90 años del inicio de la Guerra Civil Española. Reconstruimos aquel fin de semana de 1936 que cambió nuestra historia reciente
Es sábado 18 de julio de 1936. Los rumores hablan de que los militares de África se han sublevado contra el régimen republicano. El fantasma de la Guerra Civil sobrevuela de nuevo por España y pocas horas después se manifestará con toda su crudeza.
¿Cómo se vivieron aquellas horas en Salamanca? No estamos en Madrid, donde el Gobierno tiene acceso a información prácticamente al instante. Tampoco somos una gran ciudad con miles de soldados acantonados esperando órdenes. ¿Qué paso durante aquel fin de semana en nuestra ciudad, hace hoy 90 años?
El investigador e historiador de la USAL, Antonio Castilla ha analizado -y aún sigue estudiando- aquel periodo de nuestro pasado reciente. En una charla con este medio, detalla cómo era la Salamanca de 1936, analiza qué sucedió en los primeros compases del conflicto y recomienda las investigaciones de Severiano Delgado, Mariano Esteban y Santiago M. López como "referencias" para cualquier interesado.
El "mito" de la ciudad conservadora
La Salamanca de mediados de 1936 arrastra "cierto mito" de ciudad "eminentemente tradicionalista o reaccionaria", porque en realidad el PSOE y la UGT "sí que tenían un respaldo" y había diputados socialistas como José Andrés y Manso. La leyenda de entorno ultraconservador está "muy condicionado" por "el relato de aquel tiempo" y porque la mayoría de la prensa escrita "estuviera en manos de quien estaba, de la oligarquía terrateniente, y diera una visión de la realidad" un tanto distorsionada.
La portada del 17 de julio en la prensa conservadora salmantina -también había medios liberales- "se hacía eco de ciertas noticias que eran alarmistas". Aquel día -viernes, igual que en 2026- "daban cabida a un in memoriam a Calvo Sotelo" (político conservador asesinado el 13 de julio) y "publicitaban el libro de que iba a ser uno de los propagandistas más potentes que tuvo Falange, que es Ernesto Giménez Caballero. Y en sus páginas, todo el tiempo celebraban la actitud de Gil Robles ante la situación que existía en las cortes republicanas". Gil Robles, salmantino de nacimiento, era el líder del bloque de derechas, la CEDA.
"Se daba cabida a personalidades que, por ejemplo, comentaban que si este gobierno del Frente Popular es un gobierno republicano y un gobierno demócrata, igual es que hay que estar en contra de la República y de la democracia".
También "daban cabida a personalidades que, por ejemplo, comentaban que si este gobierno del Frente Popular es un gobierno republicano y un gobierno demócrata, igual es que hay que estar en contra de la República y de la democracia. Afirmaciones así. Eran muy incisivos en el asunto del estado de alarma en el que estaba el país y difundían noticias, en esta lógica del alarmismo, sobre la huelga en el sector de la construcción que estaba sucediendo en Madrid y sobre esa agitación política y social que existía en ese momento en España".
"Tensión" el 18 de julio
El golpe comenzó la tarde del 17 de julio en Melilla. El sábado 18 los periódicos locales amanecieron con noticias "un poco difusas" sobre las Cortes y los discursos de Gil Robles. Sin embargo, Salamanca no escaparía de la onda expansiva que llegaba desde África.

El Ayuntamiento celebró el 18 de julio tres reuniones del pleno: una ordinaria con asuntos "normales" como acometidas de aguas y dos extraordinarias en las que se empezaron a mostrar las cartas. "Es verdad que había cierta tensión. La gestora del ayuntamiento de Salamanca, con Casto Prieto a la cabeza, juró adhesión al Gobierno de la República ante ese levantamiento de las tropas sublevadas que ellos ya conocían. Otra de las cosas que se tratan es sobre la cuestión de si era legal o no que estuvieran participando en la vida política de la ciudad los concejales que habían sido en su momento sancionados por el tema de la revolución de octubre" de 1934. En resumen, "el clima en el Ayuntamiento era tenso".
Aquella misma tarde-noche el gobernador civil, Antonio Cepas; el alcalde, Casto Prieto; y el diputado José Andrés y Manso se reunieron con el general encargado de las tropas de Salamanca, Manuel García Álvarez.
¿Fiel a la República?
El general de Salamanca "era Manuel García Álvarez. La plaza de Salamanca pertenecía a la VII división orgánica, con sede en Valladolid, y realmente lo que querían los políticos era saber cuál iba a ser el papel de García Álvarez en una hipotética y posible sublevación". ¿Cuál fue su respuesta? "Al parecer García Álvarez dijo que él, por supuesto, se mantendría fiel a la República y al Gobierno del Frente Popular y por esa promesa los políticos desestimaron convocar una huelga general en Salamanca en la noche del 18".

Parada militar en la Plaza durante la Guerra Civil. (Foto: Biblioteca Nacional de España)
Pocas horas después el panorama en Salamanca alcanza un punto de no retorno: "los acontecimientos se desencadenan sobre todo en la madrugada del 19 de julio", cuando García Álvarez "recibe una llamada del general Saliquet, de Valladolid".
La situación "empieza a ser confusa". Los militares han tomado el poder en Valladolid y "le dicen que han detenido a Nicolás Molero", el general republicano de la VII división orgánica. Saliquet y otros sublevados "se hacen cargo" de todo y "piden a García Álvarez que subleve a la tropa en Salamanca".
El diputado Manso, enterado de lo que pasaba, "intenta organizar una tenue resistencia en la Casa del Pueblo, en la Diputación Provincial..." y reparte algunas armas entre militantes de UGT, Partido Socialista y de las Juventudes Marxistas Unificadas, pero "son unas medidas que ya no van a servir para nada".
Tiroteo el 19 de julio
Los movimientos entre bambalinas dieron paso a los tiroteos, escaramuzas y represión. La Guerra Civil llegó con toda su crudeza el domingo 19 de julio.
Aquella mañana de julio la Plaza estaba "muy concurrida": verano, actos lúdicos... "y ahí, de repente, aparece un escuadrón de caballería comandado por un capitán, José Barros Manzanares, que es el que decreta el estado de guerra" en la ciudad. La película de Alejandro Amenábar 'Mientras dure la guerra' recrea el momento, aunque comete algunas imprecisiones históricas.

Los sublevados declaran a Salamanca en estado de guerra. La tensión llega a su cénit. Falta saber dónde saltará la primera chispa.
Tras la promulgación "supuestamente desde un piquete, no sé si de las Juventudes Marxistas Unificadas o de los anarquistas, porque no lo podemos corroborar", se lanza un grito de 'viva la revolución social', al tiempo que un disparo desde los soportales "hirió a un cabo". La respuesta de los militares fue abrir fuego "produciendo varias víctimas. Fueron 12 personas como consecuencia directa de los disparos, entre ellas una adolescente, más varios heridos".
Control de las instituciones
Seguimos en el 19 de julio. Se ha producido un tiroteo en la Plaza Mayor y han surgido intentos de organizar una resistencia en algunos barrios de Salamanca como Pizarrales y Tejares, que entonces era un pueblo independiente.

Mientras tanto, los sublevados ocupan "todas las instituciones. En una primera instancia, el Gobierno Civil que estaba en la calle Prior, el edificio de Correos, el edificio de la Telefónica, la estación de ferrocarriles, la radio, todos los medios de comunicación..." De un día para otro, los organismos que rigen la vida cotidiana de Salamanca dejan de obedecer a los representantes electos.
El comandante Francisco del Valle se hizo cargo de la alcaldía. Aquel mismo día se liberó a presos falangistas de Salamanca, como el jefe del partido, el periodista Francisco Bravo: "no se movía nada en Falange que no pasara por él", explica el historiador Antonio Castilla. Era "una persona que no creía en la democracia, que no creía en las instituciones y que va a formar parte de la Jefatura Provincial del Movimiento durante la mayor parte de la dictadura".
Detenciones
Las detenciones y 'sacas' comenzaron el mismo 19 de julio "sobre todo contra políticos socialistas, políticos y militantes socialistas, militantes sindicalistas de la UGT, también dirigentes comunistas, del POM, republicanos, anarquistas... Y bueno, la violencia es verdad que se ejerció sobre todo con personalidades que tuvieran algo que ver con el Frente Popular". Éstos "fueron encarcelados enseguida" y la mayoría ejecutados ese mismo mes, "sobre todo a partir del 29 se comete una verdadera carnicería en lo que es Salamanca ciudad y provincia".
"A partir del 29 de julio se comete una verdadera carnicería en lo que es Salamanca ciudad y provincia"
Más de 1.000 salmantinos, víctimas anónimas de la Guerra, dieron con sus huesos frente a un pelotón de ejecución sin más culpa que ser sindicalistas, simpatizantes de izquierdas o demasiado librepensadores. Entre los nombres ilustres figuran el alcalde Casto Prieto Carrasco, el diputado José Andrés y Manso y el pastor Atilano Coco. Cada uno tiene una intrahistoria que vale la pena conocer.
El médico, el diputado y el masón
Castro Prieto Carrasco era un catedrático de medicina, republicano, liberal y burgués ("no era precisamente Lenin") y José Andrés y Manso era diputado socialista "pero igualmente no hablamos de una persona peligrosa". Ambos fueron sacados de la cárcel a finales de julio, trasladados al monte de La Orbada ("el fusiladero de Salamanca") y asesinados.
Según el historiador Antonio Castilla, su ejecución "fue la revancha de Francisco Bravo, que era de militancia fascista, por el asesinato de su camarada y correligionario Onésimo Redondo, que había ido a hacer la guerra al frente y por el camino lo asesinaron. La revancha de Bravo fue contra el alcalde y contra el diputado socialista y un aviso a navegantes, porque luego hicieron una limpieza total y brutal contra los socialistas, los comunistas, los sindicalistas y los republicanos salmantinos".

Atilano Coco era pastor anglicano, educador y masón. "Sufrió la represión silenciada" y fue un ejemplo del maniqueísmo de la Guerra. De un día para otro, todo el mundo es de izquierdas o derechas, sin matices. Coco, miembro de logia, era un personaje odioso para Franco, que tenía "aversión" a la masonería. "Les odiaban. Tergiversaron lo que era la masonería al punto de que tenemos ahí la recreación de la logia masónica, que es un despropósito, como si fuera una logia satánica y no tiene nada que ver con lo que era en realidad. Atilano Coco era un pastor anglicano, con una formación académica bastante sólida, un padre de familia... y fue detenido realmente por masón". Durante la Guerra "si demostraban que tenías una relación con aquella cosa tan oscura y tan sumamente anticatólica como era la masonería, podías correr la misma suerte".
La disidencia silenciada
La prensa, ya en manos de los golpistas, comenzó a vender una imagen distorsionada de Salamanca, convertida de un día para otro en una balsa de aceite. A partir del 21 de julio todo era falsa calma y paz social porque en realidad la prensa libre estaba silenciada. "Antes daban una imagen de alarmismo social y a partir de ahí es un movimiento militar, patriótico, nacionalista y además todo está en calma. Y hay normalidad. ¿Qué normalidad iba a haber, si ves las fotos y está Salamanca tomada?, se pregunta Castilla.
El movimiento nacional
El famoso 'movimiento nacional' aparece en la prensa de Salamanca el 22 de julio, bajo la denominación 'Movimiento de Salvación de España'. También se empieza a hablar de 'mártires' como Calvo Sotelo, "el primer mito como mártir de la sublevación. Lo que vienen a decir es que están muriendo salmantinos y personalidades de bien en defensa de la patria".

Carteles en Salamanca, en 1937. (Foto: Biblioteca Nacional de España)
Otro miembro del 'panteón' fue Ignacio Sánchez Cobaleda. El historiador Antonio Castilla explica que el 21 de julio "se trasladó a la ciudad de Béjar para entregar una orden en la comandancia de la Guardia Civil para que decretaran allí el estado de guerra". Fue recibido "a tiros" por los vecinos y le asesinaron, tanto a él como a un acompañante falangista, muriendo también un bejarano. La esquela del 23 de julio le reivindicaba como muerto por su deber hacia la patria.
Béjar cayó poco después. Un grupo de 32 falangistas comandados por Abel Mayorga y una compañía del regimiento de La Victoria se personaron en la ciudad y cometieron "una escabechina". "Prácticamente desde ese momento" se acabó la resistencia armada en la provincia.
Restaban aún casi tres años más de guerra y más de 1.200 asesinados en la provincia, a los que seguirían años de hambre y aislamiento, una dictadura y una herida abierta durante décadas.
El proyecto, que dispone de dos centros especializados en Málaga y Salamanca, consolida su alcance digital con 220.0000 seguidores
El motivo son los trabajos de mejora del asfalto en distintas avenidas de la capital
Este programa se desarrollará en los parques de San Francisco y Jesuitas de la capital salmantina








