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Un estudio salmantino identifica un fallo entre el cerebro y el hígado que puede frenar el crecimiento infantil
La investigación revela que una conexión nerviosa defectuosa impide al hígado producir una molécula esencial para el crecimiento
Un equipo de investigadores liderado por la científica Ángeles Almeida, del Instituto de Biología Funcional y Genómica (IBFG-CSIC/Universidad de Salamanca), el Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (IBSAL) y la Universidad de Salamanca, ha descubierto que el retraso en el crecimiento corporal puede deberse a una conexión defectuosa entre el cerebro y el hígado durante los primeros días de vida.
El trabajo, publicado en la revista científica Communications Biology, demuestra que el hígado necesita recibir señales nerviosas adecuadas para producir el factor de crecimiento IGF-1, una molécula imprescindible para el desarrollo postnatal. Cuando esa comunicación falla, el organismo puede dejar de crecer correctamente aunque la hormona del crecimiento (GH) y sus receptores funcionen con normalidad.
La investigación abre una nueva vía para comprender el origen del retraso del crecimiento en niños con trastornos del neurodesarrollo, al plantear que el problema puede no encontrarse en la hormona del crecimiento, sino en un defecto temprano del sistema nervioso.
"Hasta ahora se pensaba que el principal problema era un déficit de la hormona del crecimiento. Pero hemos visto que no basta con que esta hormona funcione correctamente: el hígado también necesita estar bien conectado al sistema nervioso", explica la investigadora principal, Ángeles Almeida.

El estudio tiene su origen en el análisis de un niño con una mutación patológica en el gen Cdh1, que presentaba discapacidad psicomotora, epilepsia refractaria, microcefalia y un acusado retraso del crecimiento pese a tener niveles normales de hormona del crecimiento. Este caso llevó al equipo a profundizar en los mecanismos biológicos implicados.
Para ello, los investigadores utilizaron modelos animales modificados genéticamente y comprobaron que presentaban una alteración en la inervación del hígado, lo que impedía activar correctamente la vía molecular encargada de fabricar IGF-1. Como consecuencia, disminuían los niveles de esta molécula y aparecía un importante retraso del crecimiento.
Uno de los hallazgos más relevantes fue comprobar que la administración de IGF-1 durante los primeros días de vida consiguió revertir gran parte del retraso del crecimiento observado en los animales, aunque no corrigiera el defecto en la conexión nerviosa.

"Fuimos capaces de prevenir buena parte de las alteraciones del crecimiento simplemente aportando IGF-1. Esto abre la puerta a posibles aplicaciones clínicas futuras en determinados pacientes con trastornos del neurodesarrollo", destaca Almeida.
Además de aportar una nueva explicación sobre cómo se regula el crecimiento infantil, el trabajo pone de manifiesto la importancia del sistema nervioso periférico en el desarrollo del organismo. Según los investigadores, alteraciones similares podrían afectar también a otros órganos como el páncreas, el pulmón o el corazón.
La investigación, desarrollada con la colaboración de centros nacionales e internacionales especializados en neurociencia, anatomía patológica y microscopía avanzada, forma parte de una línea de trabajo más amplia sobre neurodesarrollo y enfermedades neurodegenerativas.
El equipo ya trabaja en el estudio de nuevas mutaciones del gen Cdh1 para analizar si este mismo mecanismo podría estar implicado en algunos casos de autismo y otros trastornos del neurodesarrollo cuyo origen aún se desconoce.
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