Acuerdo bloqueado, reconstrucción sigue paralizada, mientras ataques, el hambre y el colapso sanitario mantienen a la población de la Franja en situación crítica
El alto el fuego en Gaza, ocho meses después: una tregua rota en la práctica y una crisis humanitaria sin freno
Acuerdo bloqueado, reconstrucción sigue paralizada, mientras ataques, el hambre y el colapso sanitario mantienen a la población de la Franja en situación crítica
A punto de cumplirse ocho meses del alto el fuego en la Franja de Gaza, la realidad sobre el terreno contradice el espíritu del acuerdo. Los ataques israelíes continúan golpeando el enclave palestino y la llamada "solución política" promovida por la Junta de Paz impulsada por el presidente estadounidense Donald Trump permanece estancada desde el inicio de la guerra con Irán.
Los datos son contundentes: casi 1.000 muertos y 3.000 heridos desde la tregua del 11 de octubre, y cerca de 73.000 fallecidos y más de 173.000 heridos desde el 7 de octubre de 2023. En ese contexto, organizaciones internacionales alertan de una catástrofe prolongada.
Desde Human Rights Watch se ha señalado que el acuerdo "debería haber traído alivio", pero en la práctica los habitantes de Gaza siguen sin acceso suficiente a alimentos, atención médica y condiciones mínimas de seguridad.
En la misma línea, Amnesty International advierte que la reconstrucción del territorio -donde alrededor del 77 % de las viviendas han sido destruidas o dañadas- sigue siendo "un sueño lejano" en medio de la violencia persistente.
Los bombardeos, el uso de drones, disparos y ataques navales se han repetido de forma constante durante estos ocho meses, generando un clima de terror en una población de más de dos millones de personas en la Franja de Gaza.
"Cada día hay una masacre… cada madre pierde a su hijo", relataba una de las personas desplazadas citadas en el informe, reflejando el desgaste emocional y humano de una población exhausta.
La 'línea amarilla' y la versión israelí
El ejército israelí sostiene que sus operaciones buscan neutralizar amenazas de Hamás, especialmente en torno a la denominada "línea amarilla", donde considera que existen riesgos de infiltración o ataques. Sin embargo, se han documentado muertes de civiles, incluidas mujeres y niños, cerca de esa zona, así como bombardeos en áreas alejadas como campos de desplazados en Mawasi o el centro de la ciudad de Gaza. Desde Hamás, sus portavoces insisten en que hablar de alto el fuego carece de sentido mientras continúen las operaciones militares israelíes.
El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu afirmó en mayo que sus fuerzas controlan aproximadamente el 60 % de la Franja de Gaza, superando los límites inicialmente previstos en el acuerdo.
Aunque el intercambio de rehenes israelíes por presos palestinos sí se completó, otros puntos clave del alto el fuego __EMDASH__como el cese total de hostilidades y la entrada de ayuda humanitaria sin restricciones__EMDASH__ no se han cumplido plenamente.
Una segunda fase bloqueada
La segunda fase del acuerdo, que incluía la desmilitarización de Hamás, la creación de una fuerza internacional de estabilización y un gobierno tecnocrático palestino, sigue paralizada.
Pese a los contactos diplomáticos entre mediadores en Egipto y Catar, así como con representantes estadounidenses, el punto crítico sigue siendo el desarme total de Hamás, algo que el grupo rechaza.
Otro obstáculo importante es el funcionamiento de la Junta de Paz, ideada como estructura internacional alternativa a la ONU. Su financiación está muy por debajo de lo prometido, con un déficit significativo respecto a los 70.000 millones de dólares previstos para la reconstrucción de Gaza. Su alto representante, Nickolay Mladenov, ha advertido de un "agujero crítico" entre los compromisos de los donantes y el dinero efectivamente desembolsado. Países del Golfo como Arabia Saudí, Kuwait y otros socios han frenado parte de sus aportaciones ante la falta de garantías de seguridad y de una estructura de gobernanza clara en el enclave.
Un futuro bloqueado
Mientras tanto, la población civil sigue atrapada entre la continuidad de la violencia, la destrucción de infraestructuras y la falta de avances políticos. Como resume una residente de Gaza citada en el informe: "¿De qué alto el fuego hablamos si la ocupación continúa, si siguen los bombardeos y la destrucción?"
La pregunta queda abierta, en un contexto donde la tregua existe más en el papel que en la realidad cotidiana de la Franja.
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