"Hablar de genética exige rigor. Hablamos de biología, no de mensajes de autoayuda disfrazados de ciencia"

El Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca advierte del riesgo de disfrazar como ciencia mensajes pseudocientíficos sobre biología, salud y emociones

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"Hablar de genética exige rigor. Hablamos de biología, no de mensajes de autoayuda disfrazados de ciencia"
Xosé Bustelo (Foto: Ical)
El autor esDaniel Bajo Peña
Daniel Bajo Peña
Lectura estimada: 3 min.

El Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca lanza una advertencia: en un mundo en el que el lenguaje de la biomedicina circula por el espacio público hay que reforzar la cultura científica con información rigurosa sobre cáncer, genética y epigenética para evitar caer en mensajes pseudocientíficos que utilizan términos académicos sin evidencia. O dicho de otra manera, emplear vocabulario académico sin ton ni son no convierte un mensaje en ciencia ni transforma pseudociencias en hechos probados.

Este mensaje, lanzado con motivo del Día Mundial del ADN que se celebra este sábado, aspira a concienciar sobre la importancia de la divulgación científica y a desmentir algunas ideas erróneas sobre cánceres e investigación médica.

El cáncer, por ejemplo, "es una enfermedad genética en el sentido biomédico del término: está causado por alteraciones en genes que controlan el crecimiento y la multiplicación celular. Algunas de estas alteraciones aparecen a lo largo de la vida y otras pueden heredarse".

Investigadores de EEUU calculan que entre el 5% y el 10% de todos ellos se asocian a cambios genéticos heredados, de ahí que la genética sea "una herramienta esencial para comprender mejor el origen de la enfermedad, mejorar la prevención y avanzar hacia estrategias diagnósticas y terapéuticas más precisas". Y vinculada con esta disciplina surge la epigenética, un campo de investigación biomédica que "estudia los mecanismos que hacen que unos genes estén más o menos activos, sin que cambie la secuencia del ADN". 

Esta aclaración, añaden en el CIE, es necesaria porque en algunos ámbitos se emplea el término epigenética como "una etiqueta" para "respaldar afirmaciones sin base científica sobre emociones, voluntad o supuestas capacidades de 'reprogramación' personal". "Confundir vocabulario científico con evidencia científica perjudica a la ciudadanía y también a la imagen pública de la ciencia. Hablar de genética y de epigenética exige rigor: estamos hablando de mecanismos biológicos complejos, no de metáforas ni de mensajes de autoayuda disfrazados de ciencia", denuncia el director del Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca, Xosé Bustelo.

Mitos en torno al ADN

En este contexto, el Centro recuerda también la importancia de desmontar algunas ideas erróneas muy extendidas sobre el ADN y los estudios genéticos.

Entre ellas citan la creencia de que los genes determinan completamente nuestro destino; que solo existe riesgo cuando hay antecedentes familiares; que las pruebas genéticas son invasivas; que un resultado negativo descarta cualquier posibilidad de enfermedad; o que una patología diagnosticada en la edad adulta implica que el ADN ha cambiado con el tiempo.

Frente a estos planteamientos, la evidencia científica muestra que la genética habla de predisposición y riesgo, no de un destino cerrado. También confirma que la ausencia de antecedentes familiares no excluye por sí sola la posibilidad de una alteración genética; que la mayoría de las pruebas se realizan mediante procedimientos sencillos, como una muestra de sangre o un frotis bucal; y que la interpretación de sus resultados debe hacerse siempre en contexto clínico y con asesoramiento profesional.

Del mismo modo, el hecho de que una enfermedad aparezca en etapas posteriores de la vida no significa que el ADN haya cambiado entonces, sino que algunas alteraciones pueden estar presentes desde el nacimiento y manifestarse más adelante por la influencia de otros factores biológicos o ambientales.

Para el CIC, trasladar estos matices a la sociedad resulta esencial para evitar simplificaciones, falsas expectativas y mensajes engañosos que, bajo una apariencia científica, contribuyen a la desinformación en temas de salud. "Divulgar con rigor sobre genética también es una forma de cuidar la salud pública, combatir la desinformación y proteger el valor social de la ciencia", concluyen.

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