¿Qué piezas de Salamanca conserva el Museo del Traje?: Un recorrido entre hilos y tradición

Piezas en su mayoría de finales del siglo XVIII y XIX procedentes de la provincia salmantina y que constatan que la moda es un libro abierto de cada época

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¿Qué piezas de Salamanca conserva el Museo del Traje?: Un recorrido entre hilos y tradición
Fachada del Museo del Traje, junto a dos piezas procedentes de Salamanca que se custodian en sus colecciones. (Fotos: MuseoTraje/Ministerio Cutlura)
El autor esIsabel  Rodríguez
Isabel Rodríguez
Lectura estimada: 8 min.

Faldas confeccionadas en paño y terciopelo, tocas, faltriqueras, mantillas, jubón, fajero o caídas de talle son algunas de las piezas de indumentaria popular de Salamanca que se custodian en el Museo del Traje. Piezas elaboradas a finales del siglo XVIII y principios del XIX y que, puntada a puntada, relatan una historia.

Porque la moda es un libro abierto de cada época, desde el diseño a las telas. La evolución de la moda es un reflejo de los cambios sociales, culturales y económicos. "El traje es la representación primaria de la forma de vivir y pensar propia de cada cultura", en palabras del Museo del Traje, dependiente del Ministerio de Cultura y con sede en Madrid, cuya función es "conservar, proteger y promover las colecciones de indumentaria y moda que custodia, así como todo el conocimiento, directo o transversal, que se desprende de ellas".

En este singular paseo por el Museo del Traje hemos encontrado un interesante fondo de armario salmantino, prendas y complementos que proceden de Salamanca y provincia y que comparten espacio en un museo entre cuyas valiosas colecciones se encuentra también el traje de charra con el que posó la reina Victoria Eugenia.

Empezamos por una falda abierta de un traje femenino, del año 1880 y procedente de Candelario, y conocida como 'manteo', "confeccionada en paño marrón oscuro y se adorna con cuatro franjas de terciopelo negro separadas entre sí por galones. El ruedo y las vistas (las zonas que se ven al moverse) son de seda con motivos florales". En la indumentaria popular era costumbre utilizar más de una falda, y así las faldas abiertas como ésta se colocan encima de otras cerradas.

Una prenda que también formaba parte en ocasiones de los trajes de niña, como la falda abierta manteo de paño rojo, también procedente de Candelario y del año 1880, que se conserva en el Museo del Traje.

Otra de las prendas que formaban parte de la indumentaria popular, y especialmente para los trajes de celebraciones como el traje de vistas de La Alberca que se utilizaba para las grandes ocasiones, era la toca, como la realizada "en tafetán con un algodón muy fino, en el que se han utilizado técnicas de deshilado y de bordado para su decoración. Se ha aplicado en todo su perímetro una tira de encaje, y además se han aplicado cintas de colores y borlas alrededor y en las esquinas". El traje de vistas está "cargado de elementos simbólicos y protectores, no sólo en la joyería, sino también en la ropa y su disposición". Esta toca, procedente de La Alberca, está datada entre 1901 y 1950.

También procedente de La Alberca, y que llegó a formar parte del Pabellón Español de la Exposición Internacional de París en 1937, en el Museo del Traje se custodia una chaqueta de paño azul marino, adornada con cinta de terciopelo negro labrado.

Otro complemento decorativo del traje popular festivo es el bolsito o faltriquera, como la pieza procedente de Salamanca y datada en el año 1934 realizada en terciopelo granate y adornada con cuentas y lentejuelas. Las faltriqueras, que "inicialmente quedaban ocultas para resguardar el dinero", acabaron convirtiéndose en un complemento decorativo, pasando a llevarse por fuera y a estar ricamente ornamentadas.

Formando parte de un traje de niña de Candelario, donado en los años 30 al Museo por Concepción Loring Heredia, Marquesa de la Rambla, encontramos una pequeña mantilla de terciopelo verde, decorada con tul bordado y botones metálico. A estas pantillas se les denominaba serenero y se llevaba sobre los hombros. Data de 1890.

Otra pieza esencial de la indumentaria popular eran las conocidas como caídas de talle o 'fachas', generalmente de terciopelo y bordadas, como la que forma parte del traje de charra salmantina regalado a la reina Victoria Eugenia por la ciudad de Salamanca. La Reina posó llevando el traje para un retrato que se conserva en el Ayuntamiento de dicha ciudad. Su esposo el rey Alfonso XIII también fue obsequiado con un traje charro que, como el de su esposa, se conserva en el Museo del Traje.

"El traje charro salmantino es uno de los más ornamentados de toda la Península, hasta el punto que el adjetivo 'charro' ha llegado a ser sinónimo en español de abigarramiento y profusión decorativa", recoge el Museo del Traje.

Otro ejemplo de esta prenda es la que perteneció al traje de charra de la infanta Isabel, de terciopelo morado con motivos vegetales en mostacilla de colores y espejuelos.

Entre las colecciones encontramos otras prendas con sello salmantino, como una camisa de lino, larga y fruncida, con escote a caja y tirlla y botones de metal dorado. Una prenda originaria de Salamanca, datada en el año 1923. "La estructura de esta pieza corresponde a la generalidad de este tipo de prendas en gran parte de la España tradicional. Se trata de camisas muy largas, que no se abren del todo en el delantero, y lo mismo sirven de ropa interior que de camisón para dormir o de camisa propiamente dicha. El algodón fue más usado en las zonas más calidas, mientras el lino, más recio, se prefería en el interior", relata el Museo del Traje.

Y no podía faltar un jubón, de terciopelo negro y bordado con "ramitos salpicados de hilo de seda de colores", y que forma parte de un traje de niña de Candelario de finales del siglo XIX.

Hecho en Salamanca, a finales del siglo XIX y principios del XX, también es el jubón de paño negro, escote redondo y aleta trasera. "Los puños y aletas están bordados con motivos vegetales y geométricos; en cada puño hay dos botones de metal dorado que imitan monedas". Los jubones populares "suelen mantener en su patronaje rasgos antiguos, habitualmente del siglo XIX, aunque a veces anteriores. Aunque a menudo repitan modelos a la moda del corsé, no suelen estar casi nunca emballenados, ya que esto dificultaría enormemente las labores cotidianas". Otro detalle curioso son los botones realizados con monedas, algo habitual a finales del siglo XIX y principios del XX, normalmente de plata. "En otras ocasiones, como en este caso, se realizan para la indumentaria popular simulacros de monedas, que generalmente reproducen tipos de anverso".

Y un mandil charro de 1934, procedente de Robleda. Un mandil "de sarga de lana marrón, profusamente bordado con motivos vegetales" y lentejuelas doradas.

Para completar la indumentaria, el calzado. Como las botas altas y con punterea redondeada de cuero negro. "Consta de tres piezas, delantero, trasero y remate de la boca; abiertas en el costado exterior que cierra en el tobillo con seis ojales y seis botones de pasta de madera color negro semicirculares y con pie metálico. La bota tiene pespuntes en la abertura, ojales, pasacintas y línea alta del talón. El tacón es claveteado. Marcas de zapatero tiene dos en cada suela, en el puente y la puntera grabada con un hierro. (El motivo es geométrico, parece un doble árbol de la vida)", relata la ficha que acompaña a las botas de 1923 de Salamanca.

O los zapatos de mujer negros, abotinados, de medio tacón, "con un lazo de terciopelo que cubren dos solapas, que a su vez recubren el empeine. Cada solapa tiene una agujero del que sale el lazo de algodón para hacer la lazada de seda". Zapatos de 1880.

Procedentes de Encinas de Abajo aparecen unos zapatos negros de hombre, "abotinados, con puntera apuntada, talonera reforzada y pespunteada con hilo de color amarillo" con decoración geométrica.

¿Qué era un fajero? Una banda rectangular, generalmente de paño y decorada con bordados y lentejuelas. En el Museo del Traje, procedente de Salamanca, se conservan varias piezas, como un fajero de Candelario de "color rojo con azules, amarillos, verde, blanco y dorado", o un fajero de niño de paño rojo "con bordes de fleco rizado de hilillo de oro".

Un gorro de tres piezas y dos tejidos, tafetán labrado color rojo en los laterales y damasco color verde en el centro, así como profusamente decorado, con cintas ataderas de tafetán y de seda.

Y otra pieza a destacar es el chaleco negro de terciopelo y con botones forrados, de 1880, y es una pieza entregada al Museo del Pueblo Español (hoy Museo del Traje) en calidad de depósito por la Comisaría General del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, el 24 de noviembre de 1942, según consta en el recibo del preceptivo

Joyería

Los conocidos como pendientes de madeja, unos pendientes de cuatro cuerpos, todo ello en filigrana. En el Museo del Traje se conservan unos pendientes donados por la mujer de Luis Maldonado, exrector de la Universidad de Salamanca. Los pendientes están datados en el año 1920. "Primer cuerpo, botón de roseta de ocho pétalos con florecillas de hilo enrollado e interpétalos, en el reverso, cierre de gancho y fleje. Segundo cuerpo, lazo. Tercer cuerpo, casquete superior de ocho pétalos con ocho colgantitos del que pende una pieza romboidal alargada de tres calles, doblada sobre sí misma, que ofrece un aspecto triangular igual por anverso y reverso. Cuarto cuerpo, casquete de ocho pétalos y colgante central en libre suspensión".

También encontramos en las colecciones del Museo del Traje un colgante en forma de corazón adquirido en La Alberca y datado en 1880. "Obra tardía, posiblemente de un platero local del entorno albercano, que repite antiguos modelos de raigambre medieval, más complejos en cuanto a técnica y decoración".

Y un collar de dos vueltas "con cuentas esféricas de filigrana" y un colgante oval que en su interior tiene pintada la imagen de la Virgen del Sagrario e Inmaculada Concepción, "tocada con corona imperial y rostrillo, y ataviada con el denominado "manto de las setenta y ocho mil perlas" en cuyo centro destaca el pectoral donado por el cardenal Cisneros". Fue adquirido en La Alberca en 1942.

Entre los fondos, un abanico compuesto por veinticuatro varillas de filigrana, unidas entre sí mediante una cinta de seda amarilla. Un abanico de 1850 repleto de detalles. "Los laterales muestran una escena fluvial, con construcciones, nubes y barcos, mientras que el central presenta un paisaje ajardinado. Sobre éste último se ha añadido una placa en la que figura la dedicatoria a la reina Victoria Eugenia". Precisamente es su vínculo con la reina, conocida como reina ENA, el que hace especial a este abanico. A principios de 1923, el entonces alcalde de Salamanca, Federico Anaya, invitó a las damas de la ciudad a donar las alhajas propias del traje charro, para completar así la indumentaria tradicional que se iba a regalar a la reina. Una de estas damas aportó este abanico, una pieza que ya por entonces tenía una considerable antigüedad, dado que se cree que sería de 1850 y procedente de las Casas del Conde.

Y para terminar, una curiosidad. El traje charro también está presente en un juego de recortables que en la época se vendía bajo el título de 'Mis amiguitas de España', muy propio de los años 1961-1970. En este en concreto aparecen cuatro niñas con el traje popular y el escudo correspondiente de Andalucia, Extremadura, León y Salamanca.

Los recortables eran láminas de papel o cartón, con figuras para ser recortadas y montadas, y de temática muy variada.

 

 

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