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El apagón que no cumple años: memoria de un Lunes de Aguas a oscuras
El Lunes de Aguas nunca cae en la misma fecha y se desliza cada año por el calendario, de modo que este 13 de abril no es -del todo- aquel día
El calendario dice 13 de abril, pero la memoria insiste en que no es hoy. O que no es exactamente hoy. Porque lo que ocurrió aquel Lunes de Aguas de 2025 no se deja encajar del todo en la lógica de los aniversarios.
Fue un 28 de abril cuando la luz se apagó. A las 12:30, con los hornazos aún por decidir y la ciudad a medio camino entre la tradición y el lunes cualquiera, Salamanca se quedó en silencio eléctrico. Un parpadeo, otro, y de pronto nada.
No hace justo un año, porque el Lunes de Aguas, además, nunca cae en la misma fecha. Depende de la Pascua y se desliza cada año por el calendario, de modo que este 13 de abril no es -del todo- aquel día. Pero hay cosas que no se mueven. Porque, pese al apagón, pese a la incertidumbre y a las persianas bajando antes de tiempo, lo esencial siguió intacto: los salmantinos se fueron al campo con su hornazo. Quizá ayudó que era festivo, que no había que correr ni fichar, que el tiempo ya estaba, de alguna manera, ganado. Y entre la extrañeza y la preocupación, ese gesto repetido -sentarse al aire libre, compartir comida, mantener la costumbre- hizo que todo resultara un poco más llevadero.
Un año después -o algo que se parece a un año después- lo que permanece no es tanto el dato como la sensación. La incredulidad inmediata. Esa mirada compartida entre desconocidos que preguntaba sin palabras: "¿Esto está pasando de verdad?". Un eco lejano de aquellos primeros días de pandemia, cuando lo excepcional dejó de parecerlo.
Aquel día aprendimos rápido. Aprendimos a convivir sin semáforos, a negociar los cruces con gestos y prudencia, a mirar dos veces antes de avanzar. Aprendimos que los ascensores pueden convertirse en trampas y que los bomberos tienen historias que contar incluso en los días festivos. Aprendimos que los hospitales nunca se apagan del todo, que siempre hay un latido de emergencia sosteniéndolo todo. Y también aprendimos otra cosa más simple: el sonido de una ciudad sin electricidad.
Quizá por eso, recordarlo hoy -cuando no es exactamente el mismo día, ni siquiera el mismo lunes- tiene algo de ejercicio extraño. Como si intentáramos fijar en el tiempo algo que en realidad pertenece más a la experiencia que a la fecha.
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