Cien años de pureza: La Seráfica Hermandad ante su Jueves Santo más esperado

La Seráfica Hermandad de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Agonía no solo cumple con su estación de penitencia; celebra un siglo de historia, arte y silencio

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El autor esTeresa Sánchez
Teresa Sánchez
Lectura estimada: 3 min.

Cuando las manecillas del reloj marquen las 19:45 horas de este Jueves Santo, Salamanca girará sus ojos hacia el Convento de las Úrsulas, donde bajo la solemnidad del Convento de la Anunciación, se abrirán puertas centenarias que han sido testigo de un siglo de fe. La Seráfica Hermandad de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Agonía inicia su estación de penitencia más significativa: la salida del Centenario, un ritual que reúne devoción, historia y arte en un solo paso por las calles de la ciudad.

Fundada en 1926 por comerciantes e industriales salmantinos que deseaban devolver a la Semana Santa charra la sobriedad que exige el espíritu de San Francisco de Asís, la Seráfica ha mantenido intacta su identidad: la lana blanca de sus túnicas, el capirote y cíngulo morados, y un silencio absoluto que acompaña cada paso del Cristo de la Agonía, obra de Bernardo Pérez de Robles, con su mirada eterna que busca el cielo y conmueve a los devotos.

Como cada año, este 2026 la procesión será también un museo de arte en movimiento. El centenario ha traído consigo restauraciones y renovaciones que mantienen viva la tradición mientras abren nuevas lecturas de la Pasión. El monumental misterio de La Santa Cena y la fuerza expresiva de El Prendimiento, ambos de Damián Villar, recorren las calles como narraciones de madera y color, mientras Nuestra Señora de los Dolores, de Soriano Montagut, muestra un dolor contenido y humano, despojado de ornamentos pero lleno de alma.

A este patrimonio se suma el histórico Jesús ante Pilatos, de Francisco González Macías (1948), cuyo regreso desde 2025 a la procesión tras años de ausencia aporta un aire renovado a la devoción salmantina. El paso, compuesto por las figuras originales pero enriquecido con nuevos elementos, simboliza la continuidad de la tradición y la capacidad de la cofradía de adaptarse a los tiempos sin perder su esencia.

El camino de la procesión recorre la memoria de la ciudad. Desde las sombras de la Clerecía y la Pontificia en la Calle de la Compañía, hasta la brillante solemnidad de la Plaza Mayor, los nazarenos avanzan al ritmo del racheo de los cargadores y los toques lúgubres del muñidor, ofreciendo a los espectadores no solo imágenes, sino historias que dialogan con un siglo de devoción. Allí, bajo la luz de la ciudad, la lana blanca de los hábitos resplandece como un símbolo de humildad y continuidad.

La incorporación de nuevos pasos y la recuperación de antiguos, junto con un notable aumento en el número de hermanos -superando los 320 miembros-, son señales de que la hermandad no solo mira hacia atrás, sino hacia el futuro. La Semana Santa de 2025 fue ya un preludio del centenario, y la salida de este Jueves Santo de 2026 será la culminación de un camino iniciado hace cien años, un recordatorio de que la fe, la historia y el arte pueden convivir en perfecta armonía.

Cuando el muñidor rompa el silencio y la cruz de guía avance, Salamanca no verá pasar solo una procesión; será testigo de un siglo de devoción, un viaje que une pasado y presente, tradición y renovación, arte y oración. La Seráfica muestra así que la historia no está solo en los libros, sino en las calles, en el silencio de la lana blanca, en la mirada de sus imágenes y en el corazón de quienes las acompañan paso a paso, generación tras generación.

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