Fallece el sacerdote Virgilio Sánchez, párroco en Tejares y capellán de Los Montalvos

También fue párroco en varios pueblos de la Sierra de Francia y de la comarca de Vitigudino a lo largo de sus más de 60 años de ministerio sacerdotal

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Fallece el sacerdote Virgilio Sánchez, párroco en Tejares y capellán de Los Montalvos
Virgilio Sánchez. (Foto: Óscar Rodríguez)
El autor esIsabel  Rodríguez
Isabel Rodríguez
Lectura estimada: 2 min.

Fallece el sacerdote diocesano Virgilio Sánchez Marcos, a los 88 años de edad, tras 62 años de ministerio sacerdotal. Fue misionero en Paraguay, párroco en Tejares y en varios pueblos de la Sierra de Francia y de la comarca de Vitigudino, delegado diocesano de Misiones y capellán durante casi treinta años en el Hospital de Los Montalvos.

La capilla ardiente se encuentra en la Casa de la Iglesia (C/ Rosario, 18), donde esta tarde, a las 17:00 horas en la capilla mayor, se celebrará la misa por sus exequias, presidida por el obispo de Salamanca, José Luis Retana, tal y como ha informado la Diócesis de Salamanca. 

Natural de La Tala, donde nació en octubre de 1937, Virgilio Sánchez se formó en el Colegio María Auxiliadora de Salamanca y en el Seminario diocesano.  Se licenció en Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca y fue ordenado presbítero el 14 de abril de 1963.

Un año después de su ordenación, el obispo Francisco Barbado Viejo le envió como misionero a Asunción (Paraguay) a través de la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana (OCSHA). Allí ejerció como coadjutor y colaboró como profesor en el Colegio Hispanoamericano, donde desarrolló su ministerio en barrios humildes de la capital paraguaya. Aquella experiencia marcaría profundamente su vocación sacerdotal y su sensibilidad hacia los más vulnerables.

En 1969 regresó a Salamanca como vicario parroquial de Tejares. Vivió en una pequeña casa en el barrio de Chamberí, donde era frecuente verle recorrer las calles en su vespino, siempre cercano a los vecinos, conversando con unos y otros y compartiendo la vida sencilla del barrio. Quienes le conocieron recuerdan a un sacerdote paciente y muy humano, que dedicaba tiempo a escuchar y acompañar a las personas, relatan desde la Diócesis de Salamanca. 

Más adelante, en 1983, el obispo Mauro Rubio le encomendó el servicio pastoral en diversas parroquias de la Sierra de Francia, entre ellas Sequeros y San Martín del Castañar, donde trabajó en equipo sacerdotal y en comunión con comunidades de vida consagrada. En 1996 fue destinado a la comarca de Vitigudino, concretamente a las parroquias de Escuernavacas y Moronta.

A lo largo de su vida desempeñó también otras responsabilidades diocesanas, como delegado diocesano de Misiones y miembro del equipo formativo del Seminario diocesano de Salamanca.

Uno de los servicios más significativos de su ministerio fue el que desarrolló durante casi treinta años como capellán del Hospital de Los Montalvos. Allí acompañó espiritualmente a miles de enfermos, familiares y personal sanitario, especialmente en la Unidad de cuidados paliativos, donde era muy apreciado por su cercanía, su serenidad y su capacidad de escucha, sosteniendo con la oración a quienes atravesaban momentos de sufrimiento o duelo.

Además, pertenecía a la Asociación de Sacerdotes del Prado, inspirada en el carisma del beato Antonio Chevrier, que invita a seguir a Jesucristo desde una vida evangélica sencilla y entregada especialmente a la evangelización de los pobres. Este espíritu marcó también su forma de vivir el sacerdocio y su cercanía a quienes más sufrían.

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