El Pozo de los Humos, una bestia de agua: la cascada que ruge tras las lluvias

El río Uces se precipita con una fuerza imposible de medir y convierte Arribes del Duero en un espectáculo salvaje de agua, niebla y estruendo

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Pozo de los Humos (Fotos y vídeo de Arai Santana)
El autor esTeresa Sánchez
Teresa Sánchez
Lectura estimada: 3 min.
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El estruendo se oye mucho antes de llegar. Un rugido sordo y continuo, como si la garganta de la tierra se hubiera abierto de par en par. Las últimas lluvias han obrado el milagro de cada invierno: el Pozo de los Humos ha vuelto a desatar toda su furia, rebosante, indomable, absolutamente espectacular.

En el corazón del parque natural de Arribes del Duero, entre Masueco de la Ribera y Pereña de la Ribera, el río Uces se desploma en una caída vertiginosa de 50 metros. Hoy no es una cascada cualquiera. Hoy es una bestia de agua, imposible calcular los litros que caen por segundo, imposible abarcar con la mirada tanta fuerza concentrada en un solo punto.

Desde lo alto, el agua se precipita en una cortina blanca y ensordecedora, golpeando la roca con tal violencia que el aire vibra. Al impactar contra el fondo del barranco, se eleva una nube de bruma espesa, casi fantasmal, que da nombre al lugar: el 'humo' de agua que lo envuelve todo, empapando las paredes de granito y suspendiendo el paisaje en una atmósfera irreal.

La luz atraviesa las diminutas gotas en suspensión y las convierte en destellos fugaces, fragmentos de cristal flotando en el aire. El suelo resbala, las piedras guardan el eco del golpe continuo del río y la vegetación cercana -robles, encinas, matorral- parece respirar al ritmo del salto.

El espectáculo se completa unos metros antes, donde el cauce del Uces se bifurca para caer también por el Pozo de las Vacas, una cascada menor en tamaño pero cargada de leyenda. Cuentan que su nombre proviene de un carro tirado por vacas que se despeñó camino de un antiguo molino, tragado para siempre por la fuerza del agua.

Más allá del mito, este lugar ha cautivado durante siglos. Incluso Miguel de Unamuno quedó prendado de esta visión salvaje. En 1898 escribió que se trataba de "una de las más hermosas caídas de agua que pueden verse entre aquellos tajos adustos". No es casualidad que el sendero que parte desde Masueco lleve hoy su nombre: la Senda de Unamuno.

La experiencia cambia según el acceso

Desde Masueco, el camino conduce hasta lo alto de la cascada, donde pasarelas permiten asomarse al abismo y sentir la vibración del agua bajo los pies. Desde Pereña, la vista es frontal, directa, sobrecogedora: el pozo en todo su esplendor, el río convertido en espuma y niebla.

Con las lluvias, el Duero y sus afluentes han engordado, arrastrando la memoria del cielo. El Pozo de los Humos no cae: se desploma, se abre en la roca como una herida viva, devora el río y lo devuelve transformado en estruendo.

Las gentes del lugar dicen que cuando el Pozo brama así, la tierra recuerda su origen salvaje. Y por un instante, quien lo contempla entiende que está ante algo más que un paisaje: un espectáculo efímero y brutal de la naturaleza en su estado más puro. Y el Pozo de los Humos vuelve a demostrar por qué es una de las visitas imprescindibles de Salamanca y de Las Arribes.

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