El bordado charro también es cosa de hombres: la terapia salmantina contra el estrés y las prisas

Dos hermanos de Salamanca dirigen el taller Caireles, donde enseñan el arte del bordado tradicional y 'rescatan' a sus alumnos de las premuras cotidianas

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El bordado charro también es cosa de hombres: la terapia salmantina contra el estrés y las prisas
Los hermanos Martín, en su taller Caireles. (Fotos: EFE)
Cristina García Casado / EFE
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Los hermanos José Antonio y Sergio Martín protagonizan en su taller una escena que rompe estereotipos, dos hombres enseñando a bordar a un grupo de mujeres, unas labores con las que reivindican tradiciones como el bordado salmantino y también "la terapia" que cada vez buscan más personas: estar un rato con otros, libres de pantallas, concentrados en algo y hablando.

"Antiguamente los hombres bordaban tanto como las mujeres. Pero lo hacían de forma profesional, a nivel doméstico lo hacían las mujeres", explica a EFE en su taller, recién terminada la clase de la mañana, el artesano y maestro José Antonio Martín Díez, la mitad del proyecto Caireles.

Con su hermano, el artesano Sergio Martín Díez, impulsan desde su céntrico taller en Salamanca y con múltiples actividades por los pueblos de la provincia el tradicional bordado salmantino que aprendieron a querer en su infancia cuando su madre se hacía su traje típico de charra.

"Al principio cuando comenzamos sí que mucha gente nos lo decía, que es muy extraño ver a dos hombres bordando de cara al público. Porque una cosa que estaba clara es que muchos hombres bordaban, pero no de cara al público", cuenta José Antonio.

Los dos hermanos asumen que esta escena para ellos cotidiana choca con el imaginario colectivo pero lo llevan "de la forma más normal".

Inculcar el bordado

Ellos anuncian sus propuestas para todos los públicos, incluso tienen actividades para niños y niñas, pero reconocen que en las clases particulares de su taller es más difícil ver hombres bordando que, por ejemplo, durante las tardes al fresco que organizan puntualmente en verano en los pueblos.

"Lo que son ya talleres a más largo plazo, pues ocurre más o menos como aquí en nuestro estudio, que ya hombres como tal no suelen participar. En un pueblo, por ejemplo, tuve a un chico de 16 años, pero tuvo que irlo dejando para atender su formación académica", relata José Antonio.

A su alumna francesa Lorène Eudier, estudiante en Salamanca, sí le sorprendió que el taller de bordado lo impartieran dos hombres, algo que enseguida interiorizó tras conocer la historia familiar de los hermanos con la tradición salmantina.

"Somos casi más un grupo de terapia"

En un mundo de prisas e inmediatez, la pausa que se respira nada más cruzar el dintel de la puerta del taller de Caireles en la calle Van Dyck de Salamanca es, para algunas alumnas, tan o más importante que aprender la técnica del bordado salmantino.

"Mucha gente busca justamente lo contrario a esa prisa. Buscan la calma, tener un entretenimiento de larga duración, porque esto saben que no es para dos días", relata Sergio Martín, que reconoce que en algún pueblo ha dicho: "Somos casi más un grupo de terapia que de bordados".

Y agrega: "Ves a la gente que viene, que cuenta sus alegrías, cuenta sus penas, cuenta su semana, y se pasa aquí las dos horas volando porque está a gusto. Al final no hay un solo motivo por el que la gente viene, también da mucha satisfacción hacer algo con las manos".

Para Lorène Eudier, parte de la magia de sus clases de bordado salmantino es "poder hablar con todas las mujeres", que comparten sus vidas y también sus historias de cómo algunas recuerdan el bordado a través de la historia de sus familias.

Conservar el bordado de cada zona de España

Los hermanos Martín son charros pero sobre todo artesanos apasionados del bordado y el legado que pervive en esos puntos, por lo que llaman a conservar el bordado típico de cada zona de España como parte de la cultura más amplia que los rodea.

"Hemos estado también a nivel nacional, en Zaragoza, en Mallorca, en otros sitios, muy contentos de ser embajadores, de llevarlo, de enseñarlo y de que se lo valore también fuera de nuestras fronteras", indica Sergio Martín.

Se refieren a las fronteras de la comunidad pero también a las fronteras nacionales, porque por su taller pasan alumnas extranjeras como Lorène Eudier y una chica japonesa que lleva varios años con ellos, en lo que definen como "un aprendizaje continuo unos de otros" en torno a su amplia mesa rodeada de bordados e historias compartidas.

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