Los 400 años de la gran riada de San Policarpo: la noche que el Tormes devoró Salamanca

El 26 de enero se cumple el cuarto centenario de la devastadora crecida del río Tormes que mató a 150 personas y derribó 11 arcos del Puente Romano

imagen
Los 400 años de la gran riada de San Policarpo: la noche que el Tormes devoró Salamanca
Arcos del Puente Romano, con la catedral al fondo. (Fotos: A. Santana)
El autor esDaniel Bajo Peña
Daniel Bajo Peña
Lectura estimada: 4 min.

Es lunes 26 de enero de 1626. El tiempo en Salamanca durante el fin de semana ha sido plomizo, lluvioso y violento y los vecinos sólo esperan que no tarde en amainar.

Nadie podía saber que el Tomes se desbordaría aquella misma tarde y arrasaría el barrio del Arrabal, derribaría la mitad del Puente Romano y sepultaría a 150 paisanos que tuvieron la mala suerte de estar demasiado cerca de la orilla. El 26 de enero de 1626, hace 400 años, pasó a la historia de Salamanca como el día de la riada de San Policarpo.

La revista de estudios de la Diputación publicó en 1982 un artículo de Bienvenido García Martín que analizaba lo sucedido y reproducía la carta de un estudiante salmantino llamado Finardo Valerio, en la que describía con detalle cómo vivió la ciudad aquellas horas oscuras.

"Grandes aguas y furiosos vientos" 

El universitario comienza su relato explicando que el fin de semana habían precedido "grandes aguas y furiosos vientos". A las cuatro de la tarde del 26 de enero comenzó una tormenta "con aires y oscuridad espantosa, hasta que a las nueve de la noche llegó la inhumana crecida causada de las muchas nieves que en sí encerraba la sierra de Béjar, con tan grande ímpetu y tan furioso corriente" que anegó todos los ojos del Puente Romano.

La noche acababa de empezar y el desastre llamaba a la puerta. El río inundó "todas las casas y Conventos que tenían asiento en toda la Vega, y arrabal de santa María la Blanca. Los Conventos fueron el de los Padres Mostenses, el de los Trinitarios Descalzos, y el de las Agustinas Monjas Descalzas, y a los Calzados Carmelitas derribó la mitad de la casa". El arrabal de la Santísima Trinidad y todas las viviendas "que estaban fuera de la cerca de la ciudad, que serán más de 500" desaparecieron del mapa. Sembrados y huertas quedaron "todas cubiertas de arena, de modo que no parece otra cosa que una playa". El Puente Romano se rompió "por tres partes" (en realidad fueron los 11 arcos más cercanos al Arrabal) porque los restos de las casas destruidas aguas arriba taponaron la corriente y acabaron por derribarlo.

Arcos reconstruidos tras la riada.

El agua sorprendió "a la desgraciada gente descuidada y casi toda durmiendo, sin esperanzas de que hubiese el Tormes decrecer, lo que después tan a su costa se vio, por no haberse nunca visto semejante daño y suceso".

Los vecinos, añade el estudiante, se llamaban con "roncas voces" y se ayudaban "unos a otros, para pasar el trago de la muerte con el último de agua". Hubo 'héroes' como un religioso carmelita calzado que rescató de su convento a todas las monjas agustinas y a las huérfanas "que sin duda perecieran si las remediara". "Anduvo toda la noche y el otro día también por la mañana, con tanto valor y caridad, poniendo su vida a muchísimos riesgos, que causó grande admiración".

También dieron ejemplo los colegiales universitarios y "los caballeros con su mucho valor y nobleza", como Alonso de Bracamonte "sacando a caballo a mucha gente", Baltasar de Herrera "acudiendo al socorro de muchas necesidades con sustento" o José de Anaya "que en infinitos peligros a que acudió, dando socorro, y nadando, por sacar mucha gente en sus hombros, y niños, estuvo tantas veces con peligro conocidísimo de su vida".

Los salmantinos vivieron el resto de la noche del 26 de enero "absortos y confusos de caso tan inopinado y repentino como lastimoso". 

El día después

El martes 27 de enero, nada más despuntar el sol, "salió el corregidor y todos los caballero, estudiantes y ciudadanos a poner remedio en lo posible, pero el estrago era tal que sólo Dios bastara a remediarlo". Hallaron 150 muertos "sin los que quedan sepultados en sus casas", directamente desaparecidos o arrastrados por la corriente. "No se oía otra cosa que no fuese lloros, lágrimas y gemidos en las mujeres y en los hombres admiración y pasmo, el cual aumentó al ver venir por el río muchos hombres muertos". El único 'consuelo' para los vecinos fue el hallazgo de una imagen de la virgen del Rosario "sin faltarle cosa", que fue llevada a la catedral.

La crónica de sucesos termina el jueves 29, cuando los vecinos se dieron cuenta de que no quedaba ni un molino en pie para triturar grano y hacer pan. "No se oía otra cosa que pedir pan unos a otros, sin haber quien lo pudiera dar". El Ayuntamiento, la Universidad, los colegios y los conventos les ayudaron suministrándoles sustento.

La riada causó daños por valor de 800.000 ducados, según calcula el estudiante en su carta. Salamanca reconstruyó los arcos del Puente Romano menos de un año después del desastre. A día de hoy se aprecian claramente las diferencias entre los originales romanos, junto a Rector Esperabé, y los reconstruidos (zona del Arrabal). 

0 Comentarios

* Los comentarios sin iniciar sesión estarán a la espera de aprobación
Mobile App
X

Descarga la app de Grupo Tribuna

y estarás más cerca de toda nuestra actualidad.

Mobile App