Los vascos vencieron 2-3 al Atalanta tras una gran segunda parte y se jugarán el pase en la última jornada
Empate corto del Atlético, el top ocho en el aire
Aunque Diego Simeone aseguró que el único camino hacia el top ocho de la Liga de Campeones eran dos victorias, el Atlético de Madrid se quedó en un empate contra el Galatasaray, con los ocho primeros puestos aún en disputa, pero en el aire, tras un punto cuyo valor lo determinará el desenlace de la última jornada.
Ya clasificado antes del inicio del encuentro, es la única cuestión pendiente en esta fase de la Liga de Campeones para el conjunto rojiblanco, que insistió hasta el final, sobre todo al final, en una ofensiva que no le alcanzó para ganar un partido de vaivenes, con mejores momentos suyos que del rival, con la primera ventaja del Atlético nivelada por un gol en propia puerta de Marcos Llorente, con los dos tantos en apenas 20 minutos, y con el riesgo de perder en los últimos instantes, cuando Oblak y Llorente evitaron el 2-1.
En un estadio tan volcánico y abarrotado, cuyo ruidoso ambiente es parte inherente del Ali Sami Yen, y contra un adversario tan animoso, intenso, con tanto en juego (aún debía ganar para acercarse a la clasificación, mientras que el Atlético ya inició el duelo con una plaza garantizada entre los 24 primeros), no hay mejor manera de empezar con un golpe rápido y certero.
Eso fue el gol del Atlético. En tres minutos y 41 segundos. En una acción que había perdido apariencia bajo la protección de espaldas de Sorloth, todo se desencadenó al primer toque después, desde la llegada y la conexión de Thiago Almada -titular por segundo partido seguido, con Álex Baena somo reserva-, el centro perfecto por la izquierda de Ruggeri, por encima de cada defensor, y el cabezazo en el segundo palo de Giuliano Simeone. Ha participado ya en 11 goles en este curso, cuatro como autor.
Lo aceptó el impulsivo equipo local, campeón de las últimas tres ligas de Turquía, alterado en los últimos tiempos por la derrota en la Supercopa con el Fenerbahce, pero entusiasmado con la posibilidad de alcanzar la siguiente ronda de la máxima competición europea. Para eso fichó a Osimhen, perfectamente cubierto casi siempre por Marc Pubill, o Leroy Sané, que provocó desde la banda derecha el 1-1 en el minuto 20.
Suyo fue el origen, cuando encaró a Ruggeri y asistió a la profundidad de Sallai, cuyo potente centro fue un jeroglífico sin resolución para Llorente, que lamentó el despeje contra su portería, el gol del empate, cuando no había ningún hipotético rematador a su alrededor. Mala fortuna, vuelta a empezar y un partido aún por ganar.
Julián Álvarez aún no está en su nivel. La diferencia, tan sustancial, la ejemplificó la siguiente ocasión. La capacidad de respuesta del Atlético, innegable, en cuanto recibió el 1-1, fue para el atacante argentino: un balón al borde del área, apetecible, que imaginó quizá en la escuadra cuando lo golpeó con la derecha, pero se escapó muy alto. Fuera. Quizá hace unos meses, cuando todo le salía bien, habría sido gol. Ahora no lo fue.
No le gustaba a Simeone un partido tan de ida y vuelta, con sensación de descontrol, para bien o para mal, porque al Atlético también le facilitó los arreones ofensivos y la presencia en el otro área. Pedía más calma a Barrios o Koke en el medio campo. Salidas más manejables, con menos riesgos de tanto contragolpe o liberar espacios para la potencia de Osimhen. Reducido por momentos el ritmo, sin embargo, también se rebajaron los ataques, el último del primer tiempo un contragolpe de Sorloth a las manos de Cakir.
Del vestuario ya no volvió Thiago Almada. Intrascendente casi siempre, dos pérdidas de balón lo relegaron a la caseta, sobre todo la segunda de ellas, con una ocasión para el Galatasaray. Llamó Simeone a Baena, que fue su reemplazo desde el primer instante del segundo tiempo. Desde la primera jornada no comparten terreno. ¿Son incompatibles?
Diez minutos después, el técnico argentino hizo dos cambios más. Quitó a Pablo Barrios y Koke para dar recorrido a Le Normand y Johnny Cardoso. Llorente pasó al medio campo. Era el 55. En el 60 dio otra vuelta al equipo: Griezmann por Sorloth. Cambio de características. Justo antes, Hancko y Pubill tuvieron sendos remates para trasladar la inquietud al otro área. La reaparición ofensiva del equipo rojiblanco. Lo necesitaba.
No se había sentido cómodo hasta entonces el Atlético desde la reanudación del partido. Necesitaba mucho más. En la panorámica que queda para la última jornada en la competencia por el top ocho, la victoria era la única garantía, tal y como calculó el técnico en la víspera. Pero ninguna de las combinaciones surtió realmente efecto.
Cada vez más presionado y agobiado en la salida, el Atlético lo pasó mal a ratos. No por ocasiones, ni mucho menos, sino por compresión sobre su propio campo. En el minuto 70, Simeone agotó sus recursos, más conformista que ambicioso: Nico González, un mes después de su lesión, por Julián.
Y fue cuando el Atlético demostró más ambición en todo el segundo tiempo, cuando más jugó en el campo contrario, más cargó sobre el área, más apretó el acelerador, más visible fue su ofensiva... Y más echó de menos los rematadores, hasta que una falta directa de Griezmann la repelió Cakir con una estirada salvadora o hasta que el propio portero despejó otro tiro de Baena. Entonces mereció ganar, luego pudo perder.







