Julio Darío Martín García, Catedrático de Historia, Licenciado y Doctor en Pedagogía por la Universidad Complutense de Madrid
La Iglesia de El Salvador de Rágama y Francisco Carvajal
Julio Darío Martín García, Catedrático de Historia, Licenciado y Doctor en Pedagogía por la Universidad Complutense de Madrid
La conquista de Toledo en 1085 por Alfonso VI origina también la de Ávila y provincia. Una gran parte de la población musulmana huye ante el avance de las tropas cristianas. Algunos se quedan, los llamados mudéjares. Alfonso VI emprende la repoblación y encomienda a su yerno, el Conde Raimundo, la organización de tan ardua tarea. En este contexto, se formaron dos Comunidades de Villa y Tierra. La de Ávila y la de Arévalo. Esta última se ocupa de la repoblación de casi toda la Moraña, salvo el sureste adjudicado a la de Ávila. Rágama en aquel momento pertenece a la provincia de Ávila y a la jurisdicción de Arévalo. Será abulense hasta el año 1833. En algún documento aparece como Rágama de Arévalo.
En la repoblación, siguiendo al gran especialista del tema, Ángel Barrios García, debemos distinguir dos fases: la primera se extiende de 1088 a 1120. Es la de mayor empuje, la predominante, aunque entra en relativa crisis con la muerte del Conde de Borgoña en 1107 y la borrascosa turbulencia acaecida a la muerte de Alfonso VI en 1109, con la subida al poder de Doña Urraca (1109-1126). En esta fase se coloniza casi toda la Moraña, las mejores tierras y la compleja red de pequeños pueblos, entre ellos, estaría Rágama. En cuanto a una fecha concreta de la FUNDACIÓN de Rágama, habida cuenta de la distancia a Arévalo, creemos poderla ubicar entre 1097 y 1107.
La iglesia de Rágama conserva de su primitiva construcción mudéjar del Siglo XIII el hastial occidental y la capilla mayor. El espíritu mudéjar preside el ábside exterior, semicircular, con tres niveles de arquerías sobre un zócalo de piedra. En cada nivel destacan once arcos, aunque algunos estén ocultos por obras posteriores. Los dos niveles inferiores se adornan con triple arco, mientras el superior de doble arco se halla enmarcado por rectángulos. En el remate final descuellan una serie de esquinillas.
Por su parte, el hastial original está ornamentado por medio de dos grandes arcos apuntados de escaso resalte, uno parcialmente incompleto por un óculo abocinado posterior y el otro encubierto por la torre. El arco que queda a la vista engloba, a su vez, otros cinco más pequeños en mal estado. Por encima de todo corre un friso de esquinillas acompañado de dos arcos de medio punto ciegos dentro de alfices
Notable es también su torre reconstruida en ladrillo de estilo barroco-mudéjar. Restaurada en 2021 con el revestimiento de su linterna y cúpula, sin olvidar la reparación de sus impostas, cornisas y la vieja arquería del campanario, impone por su altura y elegancia.
El incremento de la población obliga a ampliar la vieja iglesia en el siglo XVI. Hay que constatar que Rágama se ha convertido en uno de los núcleos más importantes de población de la zona. Es cabeza de un sexmo. El censo de 1528 arroja la cifra de 215 vecinos, aproximadamente, 860 habitantes, todos pecheros. No están contabilizados los que no pagan impuestos. Si, originalmente, tenía una sola nave, ahora se adosan dos naves más. La central, de mayor tamaño, se halla separada de las laterales por tres arcadas de granito y se cubre con bóveda de cañón con lunetos. Las laterales, de menor anchura, se cubren también con bóvedas de cañón. La capilla sur destaca por su bóveda de crucería. La capilla norte cuenta con una techumbre mudéjar de muy alta calidad. Su estructura ochavada es única en Castilla y León, aunque guarda relación con otras granadinas. Para Gómez Moreno en su 'Historia Monumental de Salamanca' es una armadura morisca, bellísima, toda llena de lazos de 10, apeinazada. El almizate con mocárabes. Flores de talla en los miembros. El arrocabe o estribo se organiza a modo de friso continuo, adornado con una cornisa de mocárabes. Las pechinas llevan también lacería. Restaurada en 2024 por la Consejería de Cultura con un coste de 88.000 euros, el dorado o pan de oro y la policromía realzan de nuevo su belleza. Es una clara muestra de las altas cotas de calidad y preciosismo que llegó a alcanzar la carpintería mudéjar española.
Tres retablos barrocos encumbran la belleza de la Iglesia. Vamos a describir, únicamente, el más importante, el Retablo Mayor. Consta de banco o predela, un solo cuerpo y ático. El cuerpo cuenta con tres calles de la misma anchura, flanqueadas por columnas, siendo salomónicas las dos laterales. La decoración luce una exuberancia deslumbrante con sus dorados. El 'horror vacui', horror al vacío, tan característico del plateresco y del barroco, llena toda la superficie de una decoración variada, vegetal, geométrica, cabezas, ángeles
La composición está planificada para elevar la mirada del creyente hacia arriba, a la escena central con una metodología catequista, siguiendo los ideales y principios del Concilio de Trento finalizado en 1563. Como la gran mayoría de los fieles son analfabetos, se trata de enseñar, emocionar, reforzar la fe. Por ello, en la calle central se ubica la escena cumbre, la exaltación divina de Cristo, La Transfiguración en el monte Tabor. En la parte superior, Jesús acompañado de Moisés y Elías, representando a la ley y a los profetas del Antiguo Testamento. Jesús aparece el más elevado, rodeado de luz o resplandor, símbolo de su divinidad. Abajo los discípulos predilectos, Pedro, Juan y Santiago, en posiciones de sorpresa, adoración o temor. Debajo de la escena de la Transfiguración aparece la Virgen de las Virtudes, traída de un convento cercano desaparecido. Simboliza su papel de mediadora entre los fieles y Jesús. En las calles laterales, flanqueando la Transfiguración, están representados, los arcángeles san Miguel y san Gabriel, integrándose en la composición barroca del conjunto. El primero pisoteando al Dragón del mal, defendiendo la fe frente al pecado. El segundo es el arcángel de la revelación, de la encarnación.
Las figuras de ambos arcángeles, de mediana calidad, exentas, se ubican en hornacinas de medio punto con venera. En la parte inferior bellas ménsulas con tres cabezas. En la parte superior una especie de rocalla con un figura barbada coronada con ángeles y cabezas.
Pequeñas columnas barrocas, con profusa decoración flanquean el Sagrario. En el ático el tradicional calvario y en los laterales se observan dos rocallas en cada lado.
En una reciente visita con unos amigos a esta iglesia, el guía local nos sorprendió al vincular los retablos barrocos con el oro de la herencia de Francisco Carvajal (1464–1548) natural de Rágama. Parece ser una tradición local y turística.
Cierto que Carvajal acumuló en el Perú una fortuna inmensa. Partió en 1536 desde Nueva España con un pequeño contingente de soldados a auxiliar a Francisco Pizarro acosado por la rebelión del Inca Manco. Vencido este, Pizarro le recompensó por sus servicios con una encomienda en la jurisdicción de Cuzco, localidad de la que llegaría a ser alcalde en 1541. En las guerras civiles entre pizarristas y almagristas debemos destacar la batalla de Chupas, 1542, que inmortalizó a Carvajal. Los pizarristas, en este momento, luchan en el bando real contra los almagristas. Vaca de Castro que capitanea el ejército real cuenta con cuatro cañones, mientras sus rivales les cuadruplican con 17. Cabe significar que fue el ejemplo de valor y coraje de Carvajal el que decidió la victoria realista al lanzarse a pecho descubierto contra los cañones enemigos y apoderarse de ellos. Hay que recordar que Carvajal poseía, antes de emigrar a América, amplia experiencia militar, adquirida en las guerras de Nápoles al servicio del Gran Capitán. Experiencia enriquecida, posteriormente, en las guerras de Italia de Carlos V.
Es en este tiempo cuando decide volver a España y disfrutar de sus riquezas. No obstante, el papeleo exigido y la falta de navíos disponibles para viajar a España retrasaron su viaje. Gonzalo Pizarro, al tener noticia de su proyectada marcha, le incita a quedarse. El Virrey Blasco Núñez de Vela intenta aplicar, con exiguo tacto, las 'Leyes Nuevas de 1542' que proponen abolir las encomiendas. Los encomenderos, alarmados, inician la rebelión contra la Corona y eligen como capitán a Gonzalo Pizarro. Por su fidelidad a este jefe, Carvajal, abrazó la causa de los encomenderos pasando a militar en el bando de los rebeldes. Es ahora cuando su figura se agiganta. Es un anciano de 80 años y apenas duerme apoyado en la silla de montar, pero puede cabalgar días enteros. Como lugarteniente de Gonzalo Pizarro, su acertada estrategia y su crueldad se hacen legendarias. Se le apoda 'Demonio de los Andes'. En 1546, los encomenderos obtienen un muy sonado triunfo en la batalla de Iñaquitos. Dos años después, 1548, son completamente derrotados en Jaquijahuana. Al día siguiente, Gonzalo Pizarro, como hidalgo, es decapitado, pero, Carvajal, como plebeyo, es ahorcado y, antes, arrastrado por un caballo.
Los cronistas de la época, López de Gómara ( 1511- 1564), Diego Fernández de Palencia (1520-1581) y Agustín de Zarate (1514-1585) le retratan como sanguinario y cruel. En cambio, el Inca Garcilaso de la Vega, en su Historia del Perú, les refuta al puntualizar que la crueldad se limita a los que llamaba pasadores o tejedores, cual lanzaderas de telar, es decir, a los se pasaban de un bando a otro, según las circunstancias. A estos los calificaba de traidores, pero con los realistas leales era respetuoso. Fernando Rodríguez Mansilla, profesor de la Universidad de Navarra , comentando al inca Garcilaso de la Vega, destaca el papel de Carvajal como 'vir facetus', varón gracioso, humanista, culto, competente en las reuniones y brillante por sus dichos y anécdotas. No, en vano, había estudiado en la Universidad de Salamanca y en Roma estuvo a punto de ordenarse sacerdote cuando estuvo al servicio del cardenal Bernardino Carvajal, del cual tomó el apellido (sus verdaderos apellidos son López Gascón). De esta manera, intenta desmitificar la imagen tan cruel y sangrienta de los cronistas citados. En cuanto a su talento militar el Inca nos dice: "flor de la milicia del Perú si se empleara en el servicio de su Rey, que esto le desdoró y fue causa de que los historiadores escribiesen tan mal; hombre tan experimentado en la guerra y tan diestro en ella, que sabía a cuantos lances había de dar mate a su contrario, como lo sabe un gran jugador de ajedrez que juega con un principiante".
Los bienes de Carvajal fueron confiscados por la autoridad real. Sus casas demolidas y el terreno sembrado de sal. En tales circunstancias, es complejo pensar que con su herencia se financiaran los tres altares barrocos de Rágama. Sabemos que partió a América en compañía de una dama portuguesa llamada Catalina Leyton con la que se casó, aconsejado por el virrey Mendoza. No tuvieron hijos, pero su mujer adoptó una sirvienta, llamada Juana Leyton, a la que Carvajal quería y respetaba. Una vez casada, abandonó la casa de Carvajal y varios realistas salvaron la vida por su intervención, según Ricardo Palma en 'Tradiciones Peruanas'. No sabemos si ellas lograron salvar alguna parte de la riqueza porque estuviera a su nombre. Pero, aunque hubiera sido así, ellas carecían, probablemente, de vínculo alguno con Rágama. También, cabe la posibilidad de que antes de morir hubiera enviado parte de su fortuna a su familia ramagueña. En esas fechas, sus padres ya habían muerto y el trato con ellos habría sido, posiblemente, inexistente ya que le expulsaron de su casa y le desheredaron. También hay un desfase cronológico entre la muerte de Carvajal, 1548, y la construcción de los retablos barrocos.
En conclusión, mientras no aparezca algún documento sobre el tema, estamos, muy probablemente, ante una muy relativa tradición.







