El desfile llena el centro histórico de ilusión en una de las jornadas antesala de la noche más esperada del año
El Cartero Real toma las calles de Salamanca
El desfile llena el centro histórico de ilusión en una de las jornadas antesala de la noche más esperada del año
A media tarde, cuando el frío comenzaba a adueñarse de las calles del centro histórico y también aparecía la lluvia y con ellas los paraguas, Salamanca se ha transformado en un escenario de fantasía con la llegada del Cartero Real, encargado de recoger los últimos deseos de los niños antes de la noche más esperada del año.
Desde la plaza de las Agustinas, el desfile avanzó entre aplausos, miradas curiosas y sonrisas nerviosas. Muchas familias a ambos lados del recorrido, móviles en alto y niños bien sujetos de la mano, conscientes de que cada paso del cortejo acercaba un poco más la magia de los Reyes Magos. Los primeros en anunciar su llegada fueron los estandartes y los sobres gigantes, que parecían cargar no solo cartas, sino sueños, promesas y mucha ilusión.
Las calles de Compañía y la Rúa Antigua se llenaron de música y color. Monaguillos, grupos infantiles y juveniles, nazarenos y costaleros avanzaban con paso pausado, creando un ambiente solemne y festivo a partes iguales. Entre ellos, los buzones itinerantes se convirtieron en protagonistas improvisados: manos pequeñas se estiraban para entregar sobres cuidadosamente decorados, algunos con nombres escritos con esfuerzo, otros adornados con dibujos y pegatinas.

Uno de los momentos más emotivos del recorrido se vivió en la Plaza Mayor, donde el desfile fue recibido por la mezcla de generaciones. En el recorrido miembros de la Fundación AVIVA y de la Federación de Asociaciones de Mayores de Salamanca, reforzando la idea de que la ilusión no entiende de edades. Abuelos señalando a los niños, padres capturando el instante y pequeños siguiendo con los ojos la carroza del Cartero Real, que cerraba el cortejo saludando sin descanso.
La llegada al zaguán del Ayuntamiento puso el broche final al recorrido y allí muchos niños aprovecharon para entregar su carta por última vez, algunos con timidez, otros con la urgencia de quien no quiere olvidar ningún deseo. El Cartero Real, paciente y sonriente, recibió cada mensaje como si fuera único.

Las imágenes del recorrido reflejan una Salamanca entregada a esta nueva tradición, donde por unas horas el ritmo cotidiano se detuvo para dar paso a la fantasía.
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