El concierto, en el que interpretarán obras de Albéniz, Granados o Falla, tendrá lugar este domingo, día 3
La voz de Juanjo Bona hace vibrar Salamanca con su folklore moderno
El joven artista aragonés llenó el CAEM en un concierto lleno de fuerza, emoción y nuevos arreglos de su álbum Recardelino
Llegó la que era una esperada noche para muchos fans y, en el Centro de las Artes Escénicas y de la Música de Salamanca, Juanjo Bona subió al escenario dispuesto a demostrar que la tradición no es nostalgia sino vitalidad. Desde los primeros acordes, el maño dejó claro que esta segunda etapa de 'Tan mayor y tan niño' es un viaje distinto: más ambicioso, más emocional, pero sin perder la esencia que le lanzó al estrellato.
Al entrar al CAEM se percibía que algo nuevo estaba en el aire: la sala estaba casi llena, con algún rostro conocido para muchos de los presentes como el primer expulsado de la actual edición de OT, concurso donde se dio a conocer Bona. El público mezcla de jóvenes y mayores, algunos con la curiosidad de escuchar una jota "de verdad". Las luces bajaron, una introducción instrumental abrió fuego, y Juanjo apareció solo al principio, con su voz desnuda, repasando los primeros pasajes de Recardelino. Era como si invitase a conocer su mundo, rural y moderno, al mismo tiempo.
El repertorio se desplegó durante algo más de hora y media, combinando nuevas versiones, arreglos distintos, y momentos íntimos y explosivos. Algunas canciones, como 'Virgen de Magallón' y 'Moncayo', sonaron más crudas, explotando melodías tradicionales con guitarras modernas y coros emocionados. En otros tramos, temas como 'Golondrinas' o 'Mis tías' renovaron su fuerza con nuevos matices de luces y ritmo, mientras que sorpresivamente incorporó novedades que había omitido en el primer tramo del tour, como él mismo había adelantado en entrevistas.
La escenografía ganó profundidad en esta segunda parte: luces cálidas y paisajes proyectados que evocaban Magallón, campos en otoño, el viento del Moncayo, escenas de jotas y charlas de pueblo. En varios momentos, Juanjo acompañó su voz con instrumentos tradicionales, recordando sus estudios, y dejó claro que el folklore no para en el pasado, sino que vive en el presente. La interacción con el público fue habitual con su peculiar humor y agradecimiento hacia la acogida al presentarse por primera vez en la ciudad. El concierto fue escalando hasta un clímax y un cierre lleno de energía con aplausos y cánticos en una despedida cargada de emoción y nostalgia.
Juanjo Bona demostró que su música no es sólo aragonesa ni solo pop, sino un puente entre raíces y sentimiento contemporáneo, capaz de llenar teatros con identidad, verdad y voz potente. Para muchos en Salamanca el artista fue un descubrimiento y lo que ofre un encuentro con lo arraigado, reinventado y lleno de futuro.
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