Leucemia mieloblástica aguda a los 21 años: "Es insoportable y doloroso el tiempo de espera, pero siempre hay un fin"

Carmen Hernández, estudiante en Salamanca, pide a la sociedad más concienciación con la donación de médula, "un proceso de diez minutos que puede dar vida"

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Leucemia mieloblástica aguda a los 21 años: "Es insoportable y doloroso el tiempo de espera, pero siempre hay un fin"
Carmen Hernández durante el proceso de quimioterapia
El autor esTamara Navarro
Tamara Navarro
Lectura estimada: 3 min.
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Carmen Hernández es estudiante en la Universidad de Salamanca (USAL). Con 21 años fue diagnosticada de leucemia mieloblástica aguda, ahora, pasado un año y tras unirse a la asociación salmantina contra la leucemia y enfermedades de la sangre (Ascol) cuenta su historia de recuperación y manda ánimo y esperanzas a todos los que combaten el cáncer.

En remisión completa, dedica parte de su tiempo en dar a conocer la importancia de donar médula. "La gente no sabe la falta que hace". Asegura que "no es un proceso complicado ni doloroso. Se pierden diez minutos y se puede dar vida". 

 

- ¿Cómo notas que algo no va bien?

-"Estaba de Erasmus en Francia, empecé a notarme cansada, fatigada, tenía fiebre. Nadie esperaba que fuera esto, llegó un momento en que vi que no era normal, soy joven, hago deporte, no podía ser. Estábamos en el postcovid y creí que era algo normal. Fui al médico y cuando me lo explicaron no era consciente, estaba bloqueada, no se me pasaba por la cabeza esto". 

 

¿Qué se te pasó por la cabeza cuando oíste que tenías leucemia?

-"Me ingresaron en Francia porque la leucemia estaba en su momento más agresivo, mis padres vinieron enseguida. A principio no me lo creía, estaba en shock. Con nuestra edad se te caen todos los planes tanto a nivel académico como de amigos, es la realidad y le puede pasar a cualquiera". 

 

- ¿Cómo fue exactamente tu tratamiento?

-"Ciclos de quimioterapia y trasplante de médula ósea. Era obligatorio, tenía una alteración y con la terapia no se llegaba para curarme". 

 

 

- ¿Cómo es este tiempo de espera? ¿Qué piensas?

-"En mi caso, gracias a Dios, hice los ciclos de 'quimio' en el Hospital, el reposo en casa, algo que me vino genial. No es lo mismo estar todo un año en el Hospital que entrar y salir cada cierto tiempo". 

 

- ¿Qué significa para ti que un día tu médico te llame y te diga: "hay un donante para ti"?

-"Un poco raro y complicado. Empecé a darme cuenta de lo necesarias que son las donaciones de sangre y médula. La gente no sabe lo importante que es y la falta que hace. En un principio aparecieron dos donantes compatibles al cien por cien, pero a la hora de la verdad con uno de ellos no se pudo contactar y el otro era mayor y no podía donar. Finalmente, fue mi hermano, que aunque no era compatible del todo, la mejor opción para tratarme". 

 

- ¿Qué le dirías a una persona que esté valorando inscribirse como donante?

-"Que lo hagan. Se necesita gente joven, no es un proceso doloroso. Desde Ascol estamos dando charlas para que se sepa que no es complicado. Se pierden diez minutos y se puede dar vida". 

 

- ¿Han cambiado tus valores, tus ilusiones desde que te diagnosticaron?

-"Siempre he sido una persona activa, cuando lo pasas en primera persona es diferente. Te das cuenta de la importancia de las cosas, a veces nos centramos en lo que no es importante, la salud está ahí y es muy importante estar bien. Es complicado, es una situación que no es fácil de llevar. Es insoportable y doloroso el tiempo de espera pero siempre hay un fin. Mejor pasarlo bien y motivados que deprimidos. La actitud hace". 

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