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“Tengo miedo del encuentro / Con el pasado que vuelve / A enfrentarse con mi vida”, cantaba Gardel… Bueno pues en Valladolid ya estamos de vuelta. Volver a la fase 1, que es lo que ha decidido la Junta de Castilla y León. También en Salamanca. Pero es curioso que mientras el alcalde de Salamanca ha explicado que “comprendemos que es necesario actuar a tiempo antes de que hagan falta restricciones mayores”, en Valladolid el alcalde recurrió a la Justicia en un intento de anular las nuevas restricciones y poder así celebrar los eventos programados para las fiestas patronales.

 

Claro que García Carbayo es alcalde porque era el segundo de Fernández-Mañueco y lo normal es que acepte sin rechistar la decisión de su antecesor. Pero también es verdad que hemos visto en julio y en agosto cómo se establecían medidas similares en pueblos y ciudades de toda España, incluso algunas han sido confinadas, y hasta ahora ningún alcalde se había enfrentado a su gobierno autonómico. Puente, genio y figura. Ya le ha explicado el ministro de Sanidad, que es de su mismo partido, que “hay que evitar la bronca” y que en estos momentos “es necesario un diálogo fluido entre autonomías y municipios”.

 

Aunque el juzgado ya ha ratificado las medidas de la Junta, Puente no comprende que asegurar la vuelta de los niños al colegio sea más importante que su pregón en la Plaza Mayor. “Show must go on”, dice el alcalde. Es cierto que en estos meses todo es extraño y contradictorio. ¿Por qué se establecen estas restricciones en Valladolid con 191 contagios por 100.000 habitantes cuando hay regiones enteras como Aragón, Madrid, País Vasco, La Rioja o Navarra que superan con creces esta cifra? Está claro que la salud debe ser la prioridad, pero ¿no deberían ser todos los españoles iguales en deberes y derechos?

 

A lo mejor ahora se da cuenta Puente de que no está tan desequilibrada Ayuso cuando le pide a Sánchez que ponga orden, que coordine, que establezca criterios uniformes en toda España y que arrime el hombro, aunque sean las comunidades autónomas las que gestionen el control de la pandemia. Igual no es cuestión de piel fina o de lomo duro, sino de sentido común y de exigir al Gobierno y al Ministerio de Sanidad que asuman sus responsabilidades y que no dejen todo el marrón en manos de las comunidades. Claro que igual que García Carbayo debe pleitesía a Fernández-Mañueco, Puente no va a levantarle la voz a Sánchez. Solo faltaba. No hay más que ver cómo apoya y defiende el saqueo de los remanentes municipales por parte de Hacienda.

 

Es una lástima que no seamos capaces, como ha pedido el presidente Sánchez, de despolitizar la lucha contra la pandemia y de ir todos a una en esto. Claro que el primero que parece creer que esta idea es un claim publicitario y no algo que haya que poner en práctica es el presidente. Una cosa es pedir unidad y otra exigir sumisión. Y eso es lo que ha ocurrido en la reunión que mantuvo con Casado.

 

El líder del principal partido de la oposición no le ofreció al presidente ni uno ni dos, sino diez pactos de Estado: La creación de una agencia para la recuperación económica que organice y supervise el reparto de las ayudas europeas; un pacto sanitario; la modificación del marco legal para las comunidades autónomas; un pacto para negociar los presupuestos, dejando fuera a Podemos y sus astracanadas neocomunistas; un cambio en la ley para que sean los jueces y no los políticos quienes elijan a los miembros del CGPJ; un pacto educativo; un acuerdo para apoyar al Gobierno frente a la amenaza secesionista de Torra; un pacto económico para bajar impuestos, flexibilizar el mercado laboral, ayudas a los autónomos, reducción de burocracia y gasto público y extensión de los ERTEs hasta final de año y hasta el comienzo de la nueva temporada en el sector turístico; un pacto para luchar contra la okupación; y un pacto social para blindar las pensiones, mejorar el ingreso mínimo vital, construir infraestructuras hidráulicas y ayudar al sector agrario.

 

A todo esto, Sánchez no se ha limitado a responder con su ya mítico “no es no”, sino que ha lanzado a María Jesús Montero, “mira chiqui”, a la carga contra Casado. La portavoz ha explicado después de la reunión que el presidente del PP no cumple con la Constitución, ha dado la espalda al diálogo, es un frentista, un obstruccionista, politiza la pandemia y no le importan los problemas de los ciudadanos. “Propone cosas anecdóticas”, dice la ministra. Que se lo diga por ejemplo a los propietarios de viviendas okupadas.

 

Le ha acusado además de no ser un hombre de Estado ya que no apoya unos presupuestos que por cierto ni se conocen ni están elaborados, ya que PSOE y Podemos los están todavía negociando en una fase muy inicial. Pero lo más alucinante es que Montero ha dicho, es textual, que Casado ofrece datos sesgados sobre la pandemia y la situación económica: “Intenta desgastar al Gobierno con falsedades y una manipulación de cifras”. ¡Tócate el níspero! Con lo cuidadoso y lo transparente que ha sido siempre el Gobierno con las cifras de la pandemia…

 

“Pero el viajero que huye/ Tarde o temprano detiene su andar/ Y aunque el olvido, que todo destruye/ Haya matado mi vieja ilusión/ Guardo escondida una esperanza humilde/
Que es toda la fortuna de mi corazón.”
Así que como en el tango, no perdamos la esperanza, igual alguien en Europa, aunque solo sea por evitar que la incompetencia de estos señores mande al carajo todo el proyecto europeo, viene a poner orden. No le será fácil. La alternativa también está en la letra de Gardel y Le Pera: “Hondas horas de dolor”.

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