Vega Terrón: 20 años de fracasos, errores y apaños en el desconocido acceso por barco a Salamanca

El muelle fluvial que trae pasajeros por el Duero desde Oporto nació para atraer mercancías, pero 20 años después de su construcción no arranca y su gestión es un dechado de pifias.

La sentencia que condena a la Diputación de Salamanca a indemnizar a la empresa que estuvo 18 años sin pagar el canon de explotación del muelle de Vega Terrón es el último lío de una instalación con un origen insólito, pero que constituye la salida fluvial hacia Oporto y la vía de entrada de barcos a Salamanca. Una conexión en la que la provincia tiene puestas esperanzas desde hace más de un siglo pero en la que los fracasos, los errores y los apaños han sido la tónica habitual.

 

El muelle de Vega Terrón fue construido en 1995 y desde entonces ha estado supuestamente operativo. Es el punto de llegada de barcos a la provincia de Salamanca, por el cauce del Duero, cruceros que hacen el trayecto Oporto-Salamanca-Oporto y que traen miles de visitantes que, no obstante, 'prefieren' el atractivo muelle de Barca d'Alva al desangelado de Vega Terrón, aunque la operadora incluye también visitas a Salamanca capital. Estos cruceros están suspendidos actualmente hasta, al menos, el 15 de julio y redondean el aislamiento que sufre la provincia en materia de transportes, ya que se ha quedado tras el estado de alarma sin barco o avión y casi sin trenes.

 

Del siglo XIX al XXI

 

Estos cruceros son una de las escasas actividades que tiene el muelle, un proyecto en el que se han invertido millones sin resultados, aunque la idea de partida parecía interesante. El actual muelle ocupa el lugar del histórico, que vivió su etapa de auge a finales del siglo XIX, cuando tuvo un importante tráfico de mercancías, aunque acabó en desuso.

 

A pesar de ello, se planteó repetir la idea y construir un nuevo muelle con la idea de que sirviese de puerto de entrada para la llegada de mercancías. Se invirtieron unos 3 millones de euros en su construcción en 1995. El proyecto se reveló como incorrecto: cuando ya estaba hecha la inversión, se topó con que Portugal paraba cuatro meses al año las exclusas que permiten navegar por el cauce.

 

Desde entonces, esa ha sido su principal rémora, las dificultades para convertir el acceso fluvial en una vía de transporte de mercancías. Aunque lo que realmente ha pesado ha sido la cantidad de decisiones erróneas tomadas. A pesar de los problemas iniciales con Portugal, el muelle siguió en marcha porque se había adjudicado su gestión en 1997 a VegaTER, que iba a explotarlo. Sin embargo, en 2015 se descubrió que la sociedad no había pagado nunca el canon establecido por la Diputación, la dueña del muelle. El resultado final, 20 años de impagos y, lo que es más importante, una explotación nula.

 

Intentos fallidos

 

El penúltimo proyecto para Vega Terrón fue la creación de un centro de recepción de visitantes y oficina de turismo. Se supone que es la nueva orientación que se le quiere dar al muelle, así que podría ser una inversión acertada. A día de hoy, el muelle exhibe un centro de recepción de visitantes inaugurado en 2011 tras invertir 400.000 euros que estuvo años cerrado a cal y canto.

 

Ahora se está haciendo un último intento. El proceso para romper el contrato original mantuvo cerrado y sin actividad el muelle más de dos años. A principios de 2018 la Diputación lo intentó otra vez y volvió a sacar a concurso la gestión del muelle, con un enfoque más turístico. Se adjudicó a una empresa que ha estado prestando el servicio, pero hubo poco interés (solo se presentó una) y ha habido problemas con la prórroga del contrato.

 

Lo curioso es que, a día de hoy, Vega Terrón tiene contrato con esta empresa y con la que lo gestionó sin pagar durante 18 años, a la que ahora los juzgados dan la razón y le devuelven la gestión. Por si faltaba algo en el lío, ahora la Diputación ha abierto un proceso para gestionar conjuntamente el muelle y la ruta turística de la vía férrea de La Fregeneda, con lo que se podría encontrar con tres empresas con intereses legítimos. Una más que sumar al historial de pifias.

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