Vanessa Montfort: "Siempre me reservo el derecho a estar en desacuerdo con mis propios personajes"

La escritora, Vanessa Monfort, en la sede de TRIBUNAsalamanca.com (Foto: De la Peña)

La escritora, Vanessa Montfort ha pasado por TRIBUNAsalamanca.com para hablar de su novela "Mujeres que compran flores" aprovechando su parada en la Librería Santos Ocha de la calle Gran Vía.

Vanessa Montfort (Barcelona, 1975) es novelista y dramaturga, y está considerada una de las voces más destacadas de la literatura.

Vanessa Montfort llega a la redacción de TRIBUNAsalamanca.com  acompañada de su editor, Alberto Marcos, para hablar de su novela "Mujeres que compran flores". Monfort no se quita la sonrisa de la boca y contesta a las preguntas con sencillez y sin titubeos. "Hemos estado por todas las ciudades de España teniendo un encuentro con los lectores y ha sido una grata experiencia", dice nada más tomar asiento. Montfort es de las que no quita la mirada de los ojos al hablar con el que tiene enfrente y dice, con claridad y en alta voz, que tiene 42 años.

LA ENTREVISTA 

 

-¿Se considera novelista o dramaturga?

 

-Bueno, a veces, en una biografía se pone dramaturga y novelista, pero lo que me considero es escritora. Siempre lo digo de broma, pero yo escribiría hasta los prospectos de los antibióticos (ríe). Escribir es mi forma de digerir el mundo desde que era pequeña. Para algo que no termino de procesar, necesito escribir un libro o una obra de teatro. Al principio no me doy cuenta si estoy escribiendo una novela o teatro porque dependerá de las tramas y subtramas que tenga, y de los diferentes diálogos.



¿Qué no estaba procesando cuando decidió escribir el libro “Mujeres que compran flores”?

-Pues fíjate que nunca me había llamado el tema de la mujer. Bueno en teatro hace mucho tiempo escribí una obra que se llamaba “Estábamos destinadas a ser ángeles” y, ahí, creo que hay un primer germen de lo que es esta novela, porque eran cinco mujeres aunque de edades distintas.
Decidí escribir sobre la mujer; sobre que estamos ante un gran cambio social en estos momentos. Lo pienso por las mujeres que escucho, sobre todo de mi edad, mujeres entre 35 y 45 años. Siempre cuestionan lo mismo. Esto no es solamente aquí, es el mismo discurso en Nueva York, en París o una ciudad perdida de Ucrania.

 

La escritora Vanessa Montfort durante la entrevista en TRIBUNA. (Foto: De la Peña)

 

-Somos generaciones de mujeres educadas por madres feministas. Incluso a veces los padres también, que te han dicho que tienes que ser autosuficiente, que tienes que tener un nivel de independencia brutal, que tienes que priorizar lo laboral frente a la familia. Y todo ello para conseguir tus metas. Pero ejecutar todos esos derecho, que se han conseguido en el papel, pues está siendo complicado. Dar la talla y conseguir esos hechos que se esperan de ti, es agotador.

 

-¿Qué le falta a la sociedad para que las mujeres puedan ejecutar su libertad?

-Más que a la sociedad. Yo creo que a la mujer le falta un poco de relax. Nos tomamos la vida demasiado en serio. El vivir se ha convertido en una tarea urgente y es complicado ir tan rápido a todas partes. Sin duda, es un mensaje para las mujeres. La razón por la que hemos llegado hasta ahí, responde a una serie de exigencias sociales. Creo que la sociedad debe funcionar de otra manera.


Tenemos claro que por la libertad no se termina de luchar nunca, porque en el momento en el que te descuidas, te la roban. Es como el amor, siempre hay que cuidarlo. Pero creo que las mujeres de mi generación siempre tenemos que pagar un peaje por esos derechos que nos han dado. Como ya tenemos esos derechos, debemos ser las mejores y no nos podemos permitir no dar la talla como mujer, como madre, como hija... porque sino te van a decir que es porque estás trabajando fuera de casa y que estás obsesionada con el trabajo. Hay un vídeo de una fundación inglesa que dice que el 90% de las mujeres viven bajo la presión de la mujer perfecta. En él aparecen un grupo de mujeres de la edad de Olivia que lanzan un mensaje a cámara hacia mi generación.

 

Vanessa Montfort riendo durante la entrevista en Salamanca. (Foto: De la Peña)



-¿Qué le ha dado de su persona a cada uno de los cinco personajes?

-Siempre les doy libertad. De hecho, muchas veces me preguntan, incluso algún lector, que parece que estoy atacando el ideal de pareja para toda la vida, pero no es así. Es un libro que habla de las segundas oportunidades, pero habla del amor también. Siempre me reservo el derecho a estar en desacuerdo con mis propios personajes, si no, no hubiese podido escribir “Mitología de Nueva York” desde el punto de vista de un psicópata.


Esas mujeres son muy diferentes entre sí porque la libertad trae diversidad. Yo creo que las mujeres somos muy diversas. Estas cinco mujeres tienen metas diferentes pero no se respetan. Alguna tiene más de mí. yo me identifico con la superwoman por lo que te decía antes, porque esa necesidad de autosuficiencia, de independencia sí la he sufrido, y he tenido que autoeducarme para vivir más relajada.
 

-¿Compra flores habitualmente?


-Sí, (ríe) compro flores para mí misma, pero no tenía ni idea de flores antes de escribir esta novela.
Muchos lectores me preguntan si navego y tengo que decir que en dos ocasiones he hecho la ruta que hace la protagonista, pero no soy experta. Las flores fueron un elemento a investigar. La verdad que he comprado flores cuando he estado fuera, pero no en mi entorno, porque en España no hay tanta tradición de comprar flores para uno mismo. Viviendo en París, Londres o Nueva York te das cuenta que las personas compran flores como compran el pan. Cuando decidí que las 5 mujeres comparan flores en “El jardín del ángel” para que no tuviesen hobbies en común, sino que cada una camprara flores por un motivo concreto, decidí comenzar a comprar flores, y comprení lo importante que son, porque son algo que me compro para mí, y es como una recompensa de algo bello y efímero que va a durar solo unos días.

 

-¿Cuáles compra?

 

-Pues depende del estado de ánimo y del día. Me gustan mucho los lirios, pero como tienen un olor muy fuerte, pues a veces no estoy yo para lirios. Cuando quiero que se anticipe la primavera en casa, compro margaritas; pero me encantan los girasoles. En general las silvestres me gustan mucho.

 

-¿Las mujeres solo comparten secretos entre mujeres?

 

-No, pero los compartimos más. Aunque yo tengo muchos amigos hombres que me aportan otro punto de vista. Yo creo que esta hermandad que surge entre las mujeres, ese grupo cerrado de donde no entra ni sale nadie, nos ayuda a hacer cadena, a tomar decisiones y a curarnos. Muchas veces la única forma de generarte fuerza, esa felicidad química de la que habla el psiquiatra Rojas Marcos, se da entre ese grupo. Cuando estás pasando un duelo, una de las cosas de las que no puedes prescindir, es de ese grupo de mujeres.

 

-¿Ese grupo no está condicionado por el machismo imperante en la sociedad?

-No lo creo, pero es una cosa sobre la que he reflexinado mucho. Es un tipo de amistad diferente, igual que la amistad con un hombre es de otra manera. Sí es cierto que hay personas que piensan que la amistad entre un hombre y una mujer está atravesada de otras cosas, pero yo no lo pienso. Yo vivo la amistad muy intensamente con mis amigos, pero creo que un grupo de mujeres es esencial. Puede que el grupo de mujeres surgiera por eso que comentas, pero creo que hay procesos largos que se atraviesan con ese grupo de mujeres.

 

-¿Es un libro para mujeres?

-No (ríe), no llevaríamos tantas ediciones. De hecho, me escriben muchos hombres, sobre todo, de Italia. No sé la razón, pero es curioso. Aquí hay muchos hombres que me escriben sus histoias. Me he convertido en una lectora de mis lectores. Me cuentan si les ha gustado la novela en primer lugar, y despues alguna historia de amor o algún duelo por el que están pasando.

 

-¿Se le pasó por la cabeza que algún hombre también comprase flores?

-Sí, bueno, de hecho hay uno que compra flores y le dejas mensajes a su amante los lunes en la floristería, en lugar de mensajes de Whatshapp que los carga el diablo (ríe). Una margariata y un gladiolo rojo que quiere decir que sí me gustan, pero que estoy casado. Bueno, se dejan mensajes sin conocerse.

 

-¿Eres piloto o copiloto?

-Piloto, nací capitan. (ríe)

 

-¿Y cómo lleva el síndrome de la omnipresencia?

-Bueno, el mio sería más de la superwoman porque la omnipresente es el síndrome de una que además tiene hijos y yo, de momento, no. Pero me estoy quitando (ríe), estoy intentando tener otro relax porque quienes más nos exigímos somos nosotras.

 

-¿Qué piensa del derecho a envejecer de las mujeres?

-¡Qué es fundamental! Yo nunca he tenido problema en que me pregunten mi edad. Siempre lo pongo en mi biografía y siempre he presumido de edad, entre otras cosas, porque a una escritora nunca se la toma en cuenta hasta que no cumple años. Entonces yo estaba deseando cumplir años. Te siguen llamando joven escritora (ríe), cosa que agradezco, pero tengo 42 años. No sé si me deben seguir llamando así. Me parece brutal que una persona se autoexija tener una talla 38 a los dos meses de tener un hijo; creo que algo está fallando. Como pasó en mi generación en los años 90 con la anorexía.

 

-Entones para las actrices es una maldición, pero para las escritoras es una ventaja cumplir años, ¿no?

¡Claro! Yo que dirijo teatro siempre tengo papeles para mujeres mayores. Siempre me dicen que meto una anciana sea como sea en las obras. La verdad es que no hay papeles interesantes para mujeres más allá de los 50 y, si hay un papel interesante, se lo dan a una actriz a la que caracterizan. Las actrices de más de 40 años desaparacen, salvo excepciones.

 

-¿Cómo funciona “Hijos de Mary Shelley?

-¡Uy! (Ríe) De una manera muy surrealista porque ha ido creciendo poco a poco. Comenzó siendo una plataforma en la que algunos autores leíamos nuestros cuentos. En un momento determinado, como yo era la dramaturga del grupo, surgió el hecho de montar una compañía de teatro fantástico. Hemos estado de gira por España y todo comenzó en el Centro Dramático Nacional porque el teatro fantástico no se sube a los escenarios normalmente.

 

-¿El miedo al cambio te ha costado algún éxito?

-No. Es que mi vida siempre ha sido un constante cambio provocado. De hecho a veces he pensado que cambiaba demasiado, pero lo que ha pasado es que mi línea vertebral siempre ha estado muy enfocada en la literatura. Yo puedo montar una empresa o puedo dirigir teatro, pero todo lo que hago es para ser una mejor escritora. Todo lo que me vaya a quitar el tiempo para escribir va fuera de mi vida.

 

-¿Cómo ha llevado cambiar el registro de la “Leyenda de la isla sin voz” hasta “Mujeres que compran flores”?

-A eso me refería con que mi vida es un constante cambio (ríe). También en lo que escribo. Yo necesito cambiar. Será una cuestión de inquietud o que me aburro. Yo respeto mucho quien es capaz de hacer una saga. Yo no soy de las de hacer segundas partes. Sí tengo obsesiones literarias como la transformación de un ser humano, cómo hay personas capaces de resurgir de sus cenizas. Esa es una cosa que siempre aparece en mis novelas junto con los cambios sociales. Muchas veces se transforma en fantasía. Otras veces en género histórico. Pero no me gusta condicionarme, si no, me sentiría como un actor que está encasillado.

 

-¿Cuál es el epicento del interés de la mujer contemporánea?

-Su calidad de vida porque llega un momento en el que este correr detrás de tu propia vida, intentando satisfacer a todo el mundo es agotador. Siempre se habla de la conciliación con el trabajo, pero nunca se habla de la conciliación con uno mismo. Creo que la mujer contemporánea necesita tiempo para ella misma. La habitación propia de Virginia Woolf, tanto física como mental. Tiempo propio y espacio propio sin sentirse culplable.

 

-¿Cree que es ahora cuando las escritoras comenzarán a ser reconocidas?

-Yo creo que ya se lleva bastante camino hecho. Vengo de un festival de novela negra en Acapulco con “Mitología de Nueva York”, una novela previa, y allí todavía queda mucho por hacer en este género. Hay escritoras de novela negra, pero destacan las suecas y las que hay en Francia y España, pero es muy impactante que no se encuentren escritoras de novela negra en Grecia, ni en Italia, aunque hay quien dice que es por la influencia de la religión. Se tiene que abrir mucho el camino aún. La mujer lucha mucho más que el hombre por su libertad de expresión en muchos países.

 

-¿Por qué las 'Mujeres que compran flores' las compran en el Jardín del Ángel y discurren por el Barrio de las Letras?

-A mí el lugar me ubica mucho. La ciudad se levanta como personaje porque tiene una identidad en la novela y está atravesada por todo lo que se ha escrito y se ha soñado sobre ella. Yo siempre hago muchas referencias a escritores que han escrito sobre ella. En el caso del Barrio de las Letras lo tengo muy fácil porque muchos escritores han vivido allí: Cervantes, Lope de Vega, Calderón. La ciudad siempre se convierte en una ciudad de ficción que se parece a la de verdad, pero que es la ciudad bajo mi mirada. Creo que es herencia de los autores del 98 que me gustan mucho, ya que para ellos Madrid siempre era un universo vivo y les tenía como muy obsesionados.

 

-¿Ya está pensando en su próximo proyecto?

-Pensando y escribiendo como loca (ríe) Es una novela que tiene que ver con algo que es muy actual. Esta vez tiene que ver con dos mujeres que se encuentran en un avión de manera fortuita. Pero en esta ocasión también hay muchos personajes masculinos. Tiene que ver con el proceso de reconstrucción de una mujer que le cuenta a otra su historia en ese avión. La persona que escucha la historia ha llegado al límite, por esa ansiedad de vivir, por esa sociedad del cansancio, que la ha llevado de cabeza al hospital. Digamos que una encuentra en la otra, que ha salido de una pesadilla, el aliento para cambiar de vida y saber lo que quiere.

 

-¿Cuándo va a estar en las librerías?

-Para el año que viene, pero no se sabe todavía la fecha. Quizá esta pregunta se las pueda hacer a mi editor que le estoy escuchando respiarandome en la nuca (Ríe)

 

-¿Cómo te sientan los premios?

-Bien (Ríe) Los premios son becas, eso en primer lugar. Los escritores nos presentamos a premios porque a veces hay que dar un salto al vacío importante. Cuando dejas tu trabajo estable para tener tiempo para escribir, pues es complicado, pero es así de frío. Luego, por otro lado traen consiguo una promoción. Los premios son imporantes por quien los ha ganado antes. Es como estar en una editorial que tenga un buen catálogo. Cuando te encuentras una lista de premios en Wikipedia, como en el caso del Ateneo de Sevilla, que encabeza Juan Marsé, pues te hace mucha ilusión. Y también hay premios que siempre dan mucho prestigio, aunque las mujeres estén más reconocidas en los premios comerciales que en los de prestigio. En mi caso la nominación al Premio Silverio Cañada, con “Mitología de Nueva York”, me hizo especial ilusión, al tratarse de la semana negra, donde hay tan pocas mujeres. Creo que los premios son importantes.

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