Vandalismo: la cara afición de los gamberros por destrozar la ciudad
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Vandalismo: la cara afición de los gamberros por destrozar la ciudad

El consistorio gasta másde 200.000 euros al año solo en limpiar pintadas, aunque solo una de cada cien tienen multa. La oposición pide informar sobre cuánto cuesta cada papelear que hay que reponer para fomentar la concienciación.

Más concienciación y prevención, y también más vigilancia. Esta es la fórmula propuesta por el PSOE para intentar resolver una de esa batallas perdidas del Ayuntamiento de Salamanca, la que libra contra los gamberros que se dedican a destrozar el mobiliario urbano o a pintarrajear monumentos, estatuas o paredes por toda la ciudad. Una afición que sale muy cara a los salmantinos.

 

La preocupación es algo extendido en la corporación municipal, y los antecedentes lo justifican. Periódicamente, algún gamberro inicia una oleada de pintadas o de actos vandálicos contra el patrimonio público. Ahí están los ejemplos de la serie de pintadas a estatuas públicas que se registró hace un par de años, y que culminó con un grafiti en el verraco del Puente Romano; las pintadas en estatuas de una exposición en la plaza de Anaya; o el más reciente acto contra la exposición callejera de un artista chino, una de cuyas esculturas fue arrastrada calle abajo.

 

Pero, ¿por cuánto sale la broma? En este capítulo hay que sumar dos partes. Por un lado, el trabajo contra las pintadas. Desde comienzos del mando de Fernández Mañueco se puso en marcha un plan contra los grafitis que se ha revelado como una batalla desigual. Se han ampliado los medios, pero las pintadas campan a sus anchas incluso en el centro histórico: no se ha librado ni la Plaza Mayor donde también se ven golpes de espray. En limpiarlos se gastaron 205.000 euros durante el último año.

 

En cuanto a la segunda parte, los actos vandálicos contra mobiliario urbano o patrimonio, TRIBUNA ha solicitado los datos al departamento de prensa del consistorio, pero no han sido facilitados. Los grupos municipales de la oposición los han pedido, sin éxito, en varias ocasiones. En 2017, Ciudadanos propuso que se publicara el coste económico de cada unidad de mobiliario que había que reponer como medida de concienciación o el coste global, pero no se ha hecho.

 

La guerra es un caso 'perdido' porque solo se logra multar una de cada cien pintadas. Durante 2018 se lograron limpiar 2.885 pintadas de diversos lugares, 800 de ellas en el casco histórico, donde la patrulla antipintadas actúa con mayor celeridad. Desde que en 2013 el exalcalde declarara la guerra a las pintadas, se han limpiado 16.000 de ellas. Por contra, el número de sanciones ha sido de 30 en todo un año. Es decir, una multa por cada cien pintadas que se eliminan. Las multas son de hasta 3.000 euros si el 'lienzo' es algún edificio BIC.

 

 

Multas y vigilancia: insuficientes

 

A finales de 2013, Alfonso Fernández Mañueco anunció el endurecimiento de las multas contra las pintadas como parte de un plan de "tolerancia cero" con los grafitis. Se aprobó en febrero de 2014 con un cambio en la ordenanza de limpieza viaria. Se estableció que las pintadas en Bienes declarados de Interés Cultural y edificios catalogados conllevarían una infracción muy grave y multa de hasta 3.000 euros, el doble que la actualidad; el resto estarían consideradas como sanciones graves con multas de hasta 1.500 euros. También se prometió un protocolo de limpieza gratuito. Y de nuevo reiteró el compromiso en la campaña para su reelección en 2015.

 

Sin embargo, con una multa por cada cien pintadas parece que las multas no van a dar el resultado necesario. El consistorio ha puesto en marcha otras medidas de concienciación, como los concursos de grafiteros, pero no ha sido suficiente.

 

En cuanto a la vigilancia, en 2008 el Ayuntamiento decidió instalar cámaras en el casco histórico para disuadir y controlar posibles acciones vandálicas contra el patrimonio. Se instalaron 16, que se suman a las muchas que hay de control a zonas peatonales, a calles restringidas... Sin embargo, aquella ola de pintadas sacó a la luz un fallo garrafal: estas cámaras no funcionan bien

 

Se han conseguido algunas detenciones, pero también hay casos sonrojantes como el del verraco: vigilado por una cámara, no se pudieron obtener imágenes del autor de la pintada porque la cámara fallada y no había grabación. El propio jefe policial tuvo que reconocer en comisión informativa que la cámara ofrecía imagen sólo a veces y que por eso carecían de pruebas sobre la autoría del punto rojo a spray que apareció en la escultura.