Vaciar las calles como mal menor
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Vaciar las calles como mal menor

El confinamiento de facto, da igual si es de grado o por la fuerza, se presenta de nuevo como la última alternativa para evitar un cierre 'duro' como el de marzo que sentenciaría a muchos negocios.

La tercera ola de la pandemia se encuentra en su máximo apogeo en Castilla y León. La avalancha de contagios de los últimos días no parece tener fin y ha llevado los datos de incidencia a niveles desconocidos en la Comunidad: en la segunda ola la incidencia acumulada no pasó de los 900 casos y ahora estamos en los 1.300, un 50% más. La pandemia está, con suerte, en su pico y si nos fijamos en los precedentes tenemos muchas semanas duras por delante, especialmente en los hospitales, donde la batalla por la vida vuelve a ser encarnizada. Una situación a la que llegamos en unas circunstancias muy adversas y que requiere de otro ejercicio de responsabilidad.

 

Ese ejercicio, que tantas veces se ha pedido, es el de quedarnos en casa. "Queremos ver calles vacías", como ha formulado el vicepresidente Francisco Igea. Reducir y vigilar nuestra interacción social es lo mejor que podemos hacer para no empeorar las cosas, a pesar de las duras consecuencias que puede llegar a tener este aislamiento voluntario para la actividad. El confinamiento de facto, da igual si es de grado o por la fuerza, se presenta de nuevo como la última alternativa para evitar un cierre 'duro' como el de marzo.

 

El parón de actividad ya es muy grande. Después de un 2020 nefasto, perdido desde el mes de marzo, el 2021 ha empezado también con una merma importante. Las nuevas restricciones han obligado a parar de nuevo sectores como la hostelería, los grandes centros comerciales y los centros deportivos y casas de apuestas, donde está buena parte de la economía y el empleo de la comunidad. Son decisiones difíciles que hay que tomar, nada que objetar, salvo una cuestión primordial: de nuevo se ven 'señalados' sin que las ayudas prometidas se hayan materializado. No puede volver a pasar. Si la administración nos pide un esfuerzo, debe responder cumpliendo con unas ayudas que son vitales para la supervivencia presente y futura de negocios imprescindibles en nuestros tejido económico.

 

Con todo, las restricciones han vuelto a caer mal en buena parte de los sectores económicos. Es difícil cerrar si no hay grandes evidencias sobre si bares, gimnasios y centros comerciales han originado brotes. Menos aún cuando han cumplido medidas. Hay que hacer un esfuerzo por identificar el verdadero  problema: la movilidad y la vida social. Y por eso es necesario ser más responsables que nunca.

 

En realidad, hace meses que la Junta nos ha pedido reducir nuestras interacciones sociales. Aunque en forma de recomendación, ya lo hizo durante la desescalada y en verano y lo volvió a hacer para 'abrir la mano' en Navidad. Entonces y ahora había que evitar los grupos numerosos y las reuniones sociales, especialmente en sitios cerrados, pero no hubo forma de poner coto a las reuniones familiares y se ha demostrado que buena parte del 'subidón' de esta tercera ola se ha generado ahí, donde más difícil es respetar las medidas. Los casos de familias enteras en los hospitales lo demuestran.

 

Ahora toca reducir ese contacto social, al margen de la fórmula legal. La pelea por el adelanto de estado de alarma ha vuelto a dejar mal a nuestra clase política, por más que pueda ser una cuestión de paciencia con las medidas o de matices legales. Lo importante es no quedarse quietos mirando la curva subir, y si es con un confinamiento de facto, que sea. De grado o por la fuerza, por las buenas o por las malas, con multas o sin ellas... No salir a la calle no es, ni mucho menos, la panacea, pero un cierre 'duro' como el de marzo podría ser la sentencia de muchos negocios que ya viven al límite, la tumba de miles de empleos y de nuestra economía por muchos años. Puede ser un mal menor. Como en toda la gestión de la pandemia, tiempo habrá de verificar aciertos y errores, también si esta es la medida acertada. Sí, es importante que se asuman responsabilidad, pero en su debido momento. Ahora toca ser responsables.