Una visita a la fábrica de colas: un edificio singular lleno de sorpresas e historias
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Una visita a la fábrica de colas: un edificio singular lleno de sorpresas e historias

A vista de pájaro y por dentro: así es la histórica fábrica de Colas, un edificio con más de un siglo de historia que va a volver a sus mejores tiempos.

Vista aérea de la fábrica de colas del camino de las Aguas.
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Hay edificios que forman parte de la historia, y otros que son historia. Este último caso es el de la fábrica de colas, una construcción con más de un siglo que va a resurgir en Salamanca y que guarda no una sino muchas historias de la ciudad. En sus muros, sus preciosas bobedillas, su chimenea o en la desconocida y sorprendente bóbeda de piedra su sótano se aprecian las marcas del paso del tiempo y de los usos y personajes que fueron jalonando la trayectoria de esta construcción. 

 

Que nadie se engañe con su aspecto cercano al abandono, porque sigue sano y en pie, y muy pronto tendrá una nueva vida gracias al proyecto de un joven emprendedor e ingeniero, Sergio Calabrés, que con su oficina de ingeniería y la ayuda de un segundo socio, un estudio de interiorismo, va a devolverle al edificio el esplendor de antaño. Esta misma semana ha empezado a tramitarse la licencia para convertirlo en centro multifuncional, así que el proyecto ya está encauzado, pero todavía queda mucho que hacer.

 

El edificio es un diamante en bruto. Exteriormente, impresiona su construcción en piedra con su segunda altura en ladrillo, y su chimenea del mismo material. Sus orígienes se remontan al año 1874, cuando por el entonces arquitecto municipal José Secall, proyectó el edificio con objeto de que fuera la estación de elevación de agua desde el río hasta el depósito de San Mamés (actual museo del comercio). De ahí viene la primera de las historias que cuenta, vinculada a uno de sus elementos interiores más sorprendentes.

 

 

Se trata de un sótano que, según creen los nuevos propietarios, hacía de depósito en sus inicios para la actividad para la que fue concebido y que pudo albergar las bombas para impulsar siendo el origen de actual del sistema de abastecimiento de agua de la ciudad de Salamanca, además de dar nombre al Camino de las Aguas. El sótano está coronado por una impresionante bóbeda de piedra, un elemento bastante insólito.

 

Ya entrado el siglo XX, el edificio sufrió una ampliación obra del arquitecto Santiago Madrigal y fue destinado a fábrica de productos químicos y farmacéuticos propiedad, entre otros, del que fuera presidente de la Segunda República José Giral. Giral fue catedrático de Química en la Universidad de Salamanca entre 1905 y 1920, cuando se marchó la ciudad y vendió sus negocios, entre otros, una farmacia.

 

De esa época data la chimenea instalada para los procesos industriales, de 21 metros de altura, y que ha sido escaneada con las últimas técnicas para proceder a su restauración: está rota en su parte superior y habrá que rehabilitarla con mimo. Por dentro, se puede apreciar su base en ladrillo y algunos de los últimos trabajos de conservación, en forma de una cubierta renovada para ese ala.

 

La planta superior guarda agradables sorpresas. Por el lado de la calle no se aprecia, pero la fábrica tiene un tejado dividido en dos naves y que está sustentado por bobedillas de ladrillo y refuerzos metálicos de la época. Se trata de uno de los elementos más característicos del edificio. Las ventanas actuales, sectorizadas, le dan un aspecto puramente industrial, y un importante reto para su actualización en el proyecto. Esta planta, una vez esté desvestida de algún desdoblamiento y viejas estructuras, dejára a la vista una amplitud es imponente. 

 

El objetivo es devolverle todo su encanto a este edificio, y que albergue la actividad de las jóvenes empresas que han asumido el reto de recuperarlo y también de otros emprendedores, además de actividades para el barrio, del que es un símbolo. En el exterior se realizará un jardín permeable, el cual otorgará otra perspectiva a la entrada del Camino de las Aguas, dando dinamismo al barrio y a la zona en uno de los edificios más singulares de Salamanca. Una vieja fábrica llena de historias.