Una salmantina dona un riñón a su marido para salvarle la vida: "No hay nada más hermoso, se puede vivir"
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Una salmantina dona un riñón a su marido para salvarle la vida: "No hay nada más hermoso, se puede vivir"

Pedro y Concha en su casa de Mogarraz

A Concha Hernández nunca le surgieron dudas, lo tenía claro, "yo quería donar desde el primer día". 

Desde que a Pedro dejaron de funcionarle los riñones la alternativa era la diálisis, pero Concha, su mujer no dudó en ofrecerse como donante. Lo sorprendente es que sin compartir genética, su compatibilidad fuera casi perfecta.

 

El trasplante, realizado en el Complejo Asistencial de Salamanca, ha liberado a Pedro de la esclavitud de este tratamiento. Estrena nueva vida, gracias a su mujer. Ahora, además de llevarla en su corazón, tiene también su riñón. Ambos son salmantinos y residen en el municipio de Mogarraz. 

 

Podríamos llamarlo el trasplante de la generosidad, del amor. No hay mayor acto que "devolverle la vida a alguien". Concha tiene en estos momentos 67 años, "fui donante con 65". Su marido tenía por aquel entonces una "insuficiencia renal... íbamos al doctor a controlar", hacían una vida normal, pero lo que nunca esperaron es que de repente, un día, "sus riñones ya no aguantaran más"

 

"Sabíamos el problema que había pero no éramos conscientes", relata con la voz entrecortada. "Todo se nos vino encima", lamenta. Pedro nunca llegó a entrar en diálisis, ella lo tenía claro desde el principio, "lo hablamos con la familia, con los hijos, mi madre, mis hermanos. Siempre hemos sido solidarios y más cuando tienes un problema dentro de casa, hay que solucionarlo". 

 

 

Hay cientos de personas que esperan minuto tras minuto un trasplante. "Son sentimientos muy fuertes, decides donar y hay mucha gente que no es compatible, pero nosotros si lo fuimos, afortunadamente". Fue entonces cuando comenzó todo, "hay controles sanitarios rigurosos, también en el juzgado", ahonda. 

 

Pedro no tuvo que someterse al tratamiento, "fue trasplantado antes, me empeñé muchísimo, aceleré las cosas", vivir en el medio rural no les ayuda demasiado, "es muy complicado que una persona tenga que ir a diálisis... o lo haces con tu coche o no hay manera ya que lo de las ambulancias no funciona", denuncia. "Si mi marido tiene que ir todos los días hasta Salamanca y estar de 9.00 a 17.00, se me muere"

 

Entre lágrimas esta luchadora deja claro que para ella "ha sido una satisfacción, es mi marido pero lo podría haber hecho por mi madre, por una prima... por cualquiera. Se puede vivir perfectamente con un riñón, hay que ser solidarios y dar vida, no hay nada más hermoso que darle la vida a alguien, prolongársela"

 

Su vida ahora es un poco más fácil. "No tiene nada que ver, vivíamos angustiados. Estamos muy tranquilos, tenemos nuestras revisiones periódicas ambos. Estamos muy contentos". Reconoce la labor del equipo humano del hospital, de la coordinadora, "son maravillosos, me ayudaron en todo, son 'ángeles'". 

 

Finalmente, y tras la operación les ha tocado vivir, como a todos, la era Covid, "en Mogarraz hemos vivido tranquilos, guardando todas las medidas que se nos han ido indicanco, hemos salido a caminar por nuestros senderos, nuestros montes. También nos emocionábamos en el balcón aplaudiendo a las ocho de la tarde". Con todo, "seguimos luchando por la vida".