Un 'salvavidas' para los toreros

(Autoclave-esterilizador que data de 1940. Foto: Carlos Perelétegui)

En la enfermería de la plaza de toros de Salamanca, La Glorieta, se salvan vidas cada año. Entre una imagen que evoca el pasado por su apariencia, se ofrece la mejor asistencia sanitaria con un equipo médico bandera.

Ser o no ser taurino no tiene nada que ver con esto. Abrir la puerta de madera de la enfermería de la plaza de toros salmantina, La Glorieta, es como ir al cine y que tus pupilas te teletransporten a una sala antigua llena de azulejos antiguos, de color verde... dentro, está su 'inquilino', el doctor Luis Ortega Martín Corral. 

 

"Su imagen ha sido conservada como un homenaje a la historia"

En la primera de las salas, se encuentra el antiguo quirófano. "Su imagen ha sido conservada como homenaje a la historia, tanto éste, como la sala de recuperación se encuentran intactas, sin cambiar absolutamente nada", explica el reconocido cirujano.

 

(Lavabos para uso del equipo médico. Foto: Carlos Perelétegui)

 

"Un autoclave de 1940 es historia de la cirugía y por eso lo conservamos"

Aquí se encuentra todo el material que se utilizaba antaño, "verdaderas joyas", explica el doctor Ortega. "Si alguien intentara llevarse algo de aquí, me tendrían que llevar a mí, bueno me iría con ello de aquí". El instrumentaje son dos lavabos y el autoclave que data del año 1940 o incluso antes. "Este último es una preciosidad, es historia de la cirugía, sirve para esterilizar batas, guantes e instumental, no se puede encontrar en ningún sitio más, ya no lo utilizamos pero está aquí que es donde tiene que estar".

 

(Equipo médico de la enfermería. Foto: Carlos Perelétegui)

 

El equipo lo forman dos anestesistas, cuatro cirujanos y un instrumentista, "suficiente para operar en dos quirófanos con las mismas garantías". Sus 'colegas' son los cirujanos Sánchez  Rodríguez, Ingelmo Morín, los doctores Estévez y Romero y la instrumentista Carmen Esteban, entre un largo etcétera.

 

(Camas antiguas para recuperación de los heridos. Foto: Carlos Perelétegui)

 

El doctor Ortega está vinculado a esta plaza desde hace al menos 40 años, cuando su jefe, el doctor Joaquín Montero decidió jubilarse. "Nosotros tomamos las riendas y seguiremos hasta que no podamos más, siempre que así también lo quiera la empresa".

 

Ante una cogida su forma de actuar es rápida y concisa. En el burladero número 6 se encuentra el equipo médico y desde ahí ya saben cual puede ser la trayectoria de una cornada si las cosas se tuercen en el ruedo. "Exploramos al enfermo, de entrada hemos visto cual es la posible lesión, después se toma la actitud adecuada y mientras tanto se va preparando todo, si es necesario se empieza a anestesiar y después cirugía". En el caso de tener que hacer transfusión de sangre, ningún torero tendría problema "tenemos cero negativo que vale para todas las personas".

 

(Los cirujanos Ingelmo Morín y Ortega. Foto: Carlos Perelétegui)

 

Haciendo un poco de memoria en el tiempo los cirujanos Ingelmo Morín y Ortega señalan que por su quirófano en La Glorieta han pasado gravísimas cornadas. "Parece que siempre la última que atendemos es la peor, porque la tenemos reciente en la memoria, pero mirando hacia atrás recordamos la de Pepe 'El Huevero', con una gravísima lesión renal".

 

Ingelmo Morín concluye diciendo que si hay una cogida en el ruedo "se atiende en esta enfermería, estamos para eso, no para madarlos directamente al hospital, aquí se les opera y una vez se van despertando, y les manda ya al Clínico".

 

Finalizamos nuestro paseo con la entrada al nuevo quirófano, donde operaron recientemente al diestro, Miguel Ángel Perera y al banderillero Agustín Serrano. Preparado y equipado a la última, es el lugar donde se salvan vidas, vidas que cada septiembre en la Feria Taurina de Salamanca se enfrentan a toros, unas veces sale bien y otras mal, pero en "esta mesa de  nunca ha muerto ninguna figura".

 

Las luces de estos antiguos quirófanos se apagan hasta el próximo septiembre, las camas de madera blanca, el aparataje y sobre todo el esterilizador de película se quedan dentro de uno de los lugares más entrañables de esta plaza, un rincón evocador que bien podría imaginarse en una película del siglo XX... en blanco y negro.