Un plan con todas las papeletas
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Un plan con todas las papeletas

Salvador Illa (izquierda), junto a Miquel Iceta.

Comenzamos el año, para el que desde aquí les deseo mucha salud, dinero y amor, con la nueva idea de la productora de ficción de Moncloa, la de colocar al ministro de Sanidad como número uno del PSC en las listas para las elecciones de Cataluña, que en principio deberían celebrarse el próximo 14 de febrero. Para muchos es la crónica de una candidatura anunciada y así se comentaba cuando Illa endurecía su hostigamiento a la Comunidad de Madrid, una maniobra que acabó saliéndole por la culata, pero que ya entonces parecía un claro intento de ganar popularidad en Cataluña.

 

La ocurrencia de los guionistas de Sánchez es según algunos una jugada maestra, pero yo no estoy tan seguro de que vaya a ser así. Es cierto que Illa emplea siempre un tono sosegado en sus intervenciones y que no es propenso al insulto ni a las descalificaciones gratuitas. Y esto, que es siempre de agradecer, lo es más incluso en tiempos como los que vivimos en los que la política se ha convertido en un concurso de zafiedades y astracanadas. Pero mucho me temo que los méritos de Illa empiezan y acaban ahí y que ese es el único mérito que puede presentar en su gestión de la pandemia. Naufragó en la primera fase, nos contó que las mascarillas eran innecesarias cuando en realidad eran insuficientes, trató de colarnos un comité de expertos inexistente y de hacer pasar a Don Simón por un científico riguroso. Ya saben, el de “habrá como mucho uno o dos casos en España”.

 

Y cuando ya delegó todas las responsabilidades de esa caja de zapatos vacía que es el Ministerio de Sanidad en las comunidades autónomas y lo único que tenía que hacer era recopilar y comunicar datos coherentes y fiables, la información estadística española sobre la pandemia produjo rubor en toda Europa. La idea de Moncloa era lanzarlo al ruedo de las elecciones catalanas tras presentarlo como el artífice del milagro, una vez vacunada Araceli, con una de esas dosis que llegaron de Bélgica envueltas en una pegatina del Gobierno de España. Así, Salvador, tras habernos salvado del virus, tendría el apoyo de todos esos catalanes que, sin haber convocado un referéndum ilegal, ni haber declarado la República, ni haber cometido delitos de malversación y sedición, también tienen su parte de culpa en lo que ha pasado en Cataluña.

 

Claro que los guiones de la factoría monclovita tienen a menudo un problema. Al sacarlos del laboratorio, tienen que enfrentarse con la realidad y a veces no todo sale tan redondo como estaba planeado. El primer problema puede ser que las elecciones, al final, no se celebren en la fecha señalada y la precampaña se alargue más de lo previsto. Pero sobre todo, lo que parece muy probable es que el inexistente plan de vacunación, que como estamos viendo se limita a la idea de inmunizar primero a mayores y personal sanitario, pero que no parece tener detrás ningún trabajo de planificación detallada de la gestión logística necesaria para llevarlo a cabo con éxito, acabe en fiasco. Una operación crucial para erradicar la enfermedad, que por no tener no tiene ni partida concreta en esos presupuestos que Sánchez ha aprobado con Otegui y Rufián.

 

Y claro, Illa, al que se le ha otorgado el papel de protagonista absoluto en la operación vacuna, será el responsable, aunque no haya sido desde el principio más que un avatar limitado a repetir los eslóganes de Moncloa Productions. Y si este fracaso se junta con la anunciada explosión de contagios tras la relajación navideña, el todavía ministro va a tener que apechugar en el cargo con un mes de enero que podría resultar uno de los peores de la pandemia.

 

Un mes que se puede convertir en un infierno, con el virus desbocado y la vacunación paralizada, para un candidato obligado a seguir sentado como San Lorenzo en la parrilla de un Ministerio del que al menos hasta el 15 de enero no sabe si podrá salir o tendrá que quedarse para anunciar un nuevo confinamiento general como ya ha pedido la Junta y como ya está implantado en Gran Bretaña y se prepara en media Europa.

 

Puede que el día que le toque dimitir para centrarse en las catalanas esté ya más quemado que el palo de un churrero o que la situación sanitaria sea tan desastrosa que resulte inconcebible, hasta para un desahogado como Sánchez, abrir una crisis de Gobierno para cambiar al Ministro de Sanidad por la primera ministra que pase por ahí. Obligarle mientras tanto a salir de gira preelectoral con semejante panorama puede resultar el mejor regalo de Reyes para sus adversarios políticos y una vergüenza nacional, incluso para una sociedad tan insensible a la vergüenza. Al final igual resulta que Illa acaba quedándose con todas las papeletas, pero no para gobernar con ERC en Cataluña, sino para darse un sonoro batacazo.

 

Por último cabe añadir que la narrativa que le han preparado en Moncloa, esa en la que se explica que de lo que ha ocurrido en Cataluña todos tenemos parte de culpa, es no solo otra ofensa a todos los ciudadanos que se levantan a trabajar cada día y que cumplen con su deber y con la ley, sino también una deriva muy peligrosa, a la que si añadimos los indultos y la reforma del delito de sedición, ya hemos visto hace muy pocos días en Washington a dónde puede conducir.

 

Espero equivocarme en todo esto, que enero sea un mes lleno de bienes como corresponde a un año de nieves, y que a Illa le vaya muy bien tanto al frente de Sanidad, lo que será una excelente noticia para todos, como en su campaña catalana. Y que tanta paz lleve como descanso deje. Muy mal se tienen que dar las cosas para que venga otro que bueno le haga.

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