Un investigador salmantino utiliza una planta primitiva para evitar pandemias en los cultivos

La planta

Un investigador salmantino plantea el uso de una 'semi-planta' para descifrar cómo las plantas aprendieron a defenderse a lo largo de la evolución.

El investigador salmantino Jorge Poveda ha centrado su actividad científica en combatir las enfermedades vegetales que afectan a los cultivos agrícolas, mediante el uso de estrategias biológicas respetuosas con el medioambiente, como son los microorganismos beneficiosos o gracias a aumentar la capacidad defensiva de las plantas.

 

Con tan solo 28 años, el joven es Doctor en Agrobiotecnología por la Universidad de Salamanca y Doctor en Ingeniería de Biosistemas por la Universidad de León. En la actualidad, desarrolla su carrera investigadora en la Misión Biológica de Galicia, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), razón por la cual tuvo que renunciar a su acta de concejal en el Ayuntamiento de Santa Marta de Tormes el pasado mes de enero.

 

En un artículo que acaba de publicar en la prestigiosa revista Current Plant Biology, estudia cómo el uso de una planta denominada Marchantia polymorpha en investigación vegetal podría ayudar a mejorar las defensas de las plantas frente a sus enemigos. Es una planta muy parecida a las que pueden encontrarse creciendo en los muros de piedra de nuestras sierras salmantinas, algo así como una hoja con raíces. Pero lo realmente interesante en esta planta es que representa uno de los primeros habitantes de la tierra, cuando las plantas pasaron de su vida acuática a su vida terrestre.

 

En el momento en el que las plantas colonizaron la tierra no eran atacadas por ningún patógeno ni ningún herbívoro, pues no existían. Poco a poco la evolución hizo que fueran surgiendo sus enemigos, contra los cuales tuvieron que aprender a defenderse: desarrollando espinas, acumulando compuestos químicos tóxicos, etcétera.

 

Esta “semi-planta”, llamada comúnmente como hepática, por la forma similar a un hígado que presenta, se sitúa en los primeros escalones evolutivos vegetales, justo después de que las algas colonizasen la tierra, por esta razón representa una fuente de información privilegiada de la forma en que las plantas son capaces de evitar ser atacadas por patógenos. Gracias a su fácil manejo, su ciclo de vida inferior a un mes y el pequeño tamaño de su genoma (la información genética) su utilización como planta modelo podría repercutir, de forma fácil y rápida, en la obtención de gran cantidad de información.

 

En la actualidad, existen muy pocos estudios realizados con esta planta para entender su relación con microorganismos beneficiosos y perjudiciales. Por esta razón, se hace tan importante que aumente su utilización en las investigaciones realizadas para mejorar la sanidad de los cultivos, pues gracias a todo el conocimiento que puede generarse podrían desarrollarse plantas más resistentes a los patógenos.

 

El año 2020 ha sido declarado por las Naciones Unidas como el Año Internacional de la Sanidad Vegetal. En este sentido, el efecto de una enfermedad que se convierte en pandemia es perfectamente conocido en salud humana, pero las plantas se enfrentan a exactamente los mismos tipos de microorganismos patógenos.

 

Recientemente hemos sido conocedores de una bacteria llamada Xylella fastidiosa que ha acabado con los olivos de una zona importante de Italia y que, poco a poco, se va expandiendo por toda la Unión Europea. Conocer las capacidades defensivas de las plantas se hace fundamental en la lucha para evitar pandemias en nuestros cultivos agrícolas.

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