Un Gobierno errante
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Un Gobierno errante

Dice la Real Academia Española en su diccionario que una errata es una “equivocación material cometida en lo impreso o en lo manuscrito”. Pues eso es, según la ministra de Economía, Nadia Calviño, esa mención que se hace en la propuesta enviada a Bruselas, sobre la supresión de la tributación conjunta del IRPF. Ha explicado la ministra que “dentro de un documento que tiene 343 páginas, que haya una cuestión que da lugar a una posible interpretación divergente o que no está totalmente clara es una eventualidad posible en un trabajo tan intenso, durante tanto tiempo y con una presión importante”. Claro, los equipos del Ministerio de Economía llevan más de seis meses para redactar 343 páginas de ideas generales copiadas de documentos anteriores, sin un solo dato ni propuesta concreta, así que el desliz es comprensible.

 

Pero yo creo que esto es algo más que un desliz. Nos indica también la RAE que errata viene del verbo errar. Y este verbo sí que define muy bien toda la política económica y fiscal de este Gobierno. En un sentido socrático, participa de él, en todas sus acepciones. Nos dice de nuevo el diccionario, que errar tiene tres significados. Y asombrosamente todos se ajustan como un guante a la acción de este gobierno en estos asuntos del dinero.

 

En primer lugar, errar es “no acertar en algo”. Bueno pues ahí tenemos la mayor caída del PIB de la Unión Europea y casi del mundo, el déficit disparado y la deuda pública desbocada. En segundo lugar, dice la Academia que errar es “faltar a alguien, no cumplir con lo que se le debe”. Y en esto, pues ahí están la tasa de paro, el ingreso mínimo vital que no llega, los ERTES sin cobrar y las empresas cerrando por quiebra sin recibir ninguna ayuda. Vaya con el “escudo social”. El tercer significado de este verbo, que podría convertirse en eslogan del Gobierno, es “andar vagando de una parte a otra”.

 

Nada más evidente que esto. Aquí los ejemplos se amontonan. Esa “errata” de la supresión de la tributación conjunta puede ser uno de ellos. Primero se incluye en el texto y cuando sale a la luz, pues se recula y se achaca a un error tipográfico. O los peajes en todas las autopistas, autovías e incluso carreteras. Se incluye también entre las reformas que se envían a Bruselas para ver si les convencemos de que vamos a aumentar la recaudación. Y cuando se monta el lío, pues sale el ministro de Transportes y dice tranquilamente en el Senado que eso es solo una idea, que la intención es abrir un debate y que, si no estamos de acuerdo, pues que no se hace y ya está. Si total, ¿qué son 12.000 millones más o menos a la hora de cuadrar las cuentas?

 

Este Gobierno dice una cosa y la contraria sin ningún pudor. Se anuncian impuestos y luego se retiran, se explican reformas y luego se arrumban. Un paso adelante y dos para atrás. No tienen ningún escrúpulo, ni siquiera con las cosas de comer, como cuando el ministro Escrivá explicó que se ajustarían las pensiones cuando bajase el IPC y a los pocos días dio marcha atrás.

 

O cuando ha salido ahora con lo del aumento de las cuotas de la Seguridad Social a los autónomos. ¿Se acuerdan cuando decían Pedro y Pablo que ellos solo iban a subir los impuestos a los ricos? Bueno, pues ya sabemos lo que son los ricos según la parejita felizmente divorciada. Para este Gobierno un rico es un autónomo, léase por ejemplo un electricista o un fontanero, que factura 4.000 euros al mes. De ahí se tiene que pagar sus herramientas, el material, su furgoneta y el resto de sus gastos además de dedicar la mitad de su tiempo recaudar el IVA para el Gobierno y presentarle las cuentas, sin equivocarse en una sola factura, eso sí, que si no le crujen.

 

Pero Escrivá ha decidido que lo suyo es que, en vez de pagar unos 3.500 euros al año, tiene que soltar casi 14.500, es decir cuatro veces más. Y esto lo explica el ministro porque piensa que los autónomos tienen que pagar a la Seguridad Social lo mismo que los trabajadores que tienen una nómina. Claro que los autónomos si se parten una pierna, pues no curran y no cobran, porque eso, no se lo cubre la Seguridad Social. Tampoco tienen vacaciones pagadas y nadie les indemniza por despido ni les garantiza unos ingresos fijos. Pero eso son cosas de la vida real y no del relato del ministro.

 

La política económica y fiscal del Gobierno es errática y parece evidente. Pero en un sentido no lo es. Tiene un rumbo fijo que es el de recaudar de dónde se pueda y freír a impuestos a todos los ciudadanos para seguir gastando a manos llenas, como si no hubiese un mañana. Fíjense por ejemplo en el simpático Iceta, al que Sánchez desplazó de un codazo para colocar a Illa al frente del Partido Socialista en Cataluña. Bueno pues ahora es ministro de Política Territorial y Función Pública, un Ministerio que tiene su sede en un palacete de Madrid que, sin coña, se llama de Villamejor.

 

Pues bien, el Ministerio que dirige Don Miquel el bailarín ha presentado la licitación de un contrato por valor de 9,5 millones de euros para ejecutar las obras de restauración, rehabilitación y reforma del palacio. A pesar de su nombre el palacio estará en ruinas, pensarán ustedes. Pues en realidad lo que dice la licitación es que se va a sustituir el sistema de climatización, que no es que no funcione, sino que hay componentes exteriores en las ventanas y los balcones que son “elementos ajenos al palacio que con el tiempo se han ido incorporando al inmueble y que distorsionan su comprensión”.

 

¡Casi diez kilos para que podamos comprender mejor el inmueble de Iceta, cuando a la que no hay quien comprenda es a la ministra de Hacienda cuando se pone a torturar al castellano en sus ruedas de prensa! En fin, cosas de este Gobierno errático y sin rumbo fijo. Aunque ahora que lo pienso, sí que tiene un norte, que en realidad está en el centro. Porque a pesar de los resultados electorales, sigue empeñado en que el chivo expiatorio de todos sus males sea Madrid, patria de los bebedores impenitentes, que no saben votar. Madrid tiene la culpa del caos tras el fin de ese estado de alarma que el Gobierno no ha querido renovar por miedo a un ridículo en el Parlamento. Madrid tiene la culpa de que Gran Bretaña nos haya situado entre los países a los que no recomienda venir a sus ciudadanos. Y Madrid va a tener la culpa de todo lo que pase en el tiempo que le queda a Sánchez en la Moncloa. Es, junto con subir los impuestos, la única hoja de ruta de este Gobierno errante.

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