Actualizado 21:46 CET Versión escritorio
Salamanca

Un capricho del arte y del amor, ¿conoces la verdadera historia del Palacio de La Salina?

“Salamanca que enchiza la voluntad de venir a ella a todos los que de la apacibilidad de su vivienda han gustado” decía Miguel de Cervantes.

Publicado el 25.08.2018

Salamanca se presenta con siglos de historia, arte y conocimiento, con mayores y jóvenes, con dos catedrales y con una Universidad octingentésima.  Salamanca, disfruta de la fiesta y del silencio, del calor sofocante y del frío más escalofriante.

 

Salamanca te hechiza, te acoge y no te suelta. Salamanca, te hace volver, perderte en sus calles y querer sus tradiciones. Salamanca, siempre te sorprende, nunca sabes todo de ella. Salamanca, ciudad de cultura y saber, Salamanca de conocimiento, de pensamiento. Salamanca, qué bonita.

 

Y, entre sus históricas calles, nos encontramos con el ‘Palacio de La Salina’, situado en la calle San Pablo y construido por Rodrigo de Messía, Señor de La Guardia, ante el mandato de doña Mayor, hija de Alonso de Fonseca y de María de Toledo, y sobrina de Juan Rodríguez de Fonseca, obispo de Burgos, muy cercano al emperador Carlos.

 

 

Mientras que la historia cuenta eso…la  leyenda sostiene que el arzobispo de Fonseca habría mandado construir el palacio como venganza, ya que cuando llegó a Salamanca ninguna de las más nobles familias de la ciudad  acogió a su amante María de Ulloa. Así, decidió construirle un palacio, donde caricaturizaría a los nobles charros por su mal comportamiento. . Y como dijo el escritor Sánchez Rojas, así surgió este Palacio, “por estos caprichos del arte y del amor”.

 

Sin embargo, se sabe que el Patriarca murió en 1513 y su hijo el arzobispo de Toledo en 1534, mientras se da como fecha de construcción de la casa el año 1538. Así se corrobora con unos escudos del apellido Fonseca timbrados con corona, los cuales nos llevan a la familia Messía.

 

 

Historia o leyenda, la propiedad de la casa y también palacio, se mantuvo por vínculo de mayorazgo en los Fonseca, incluso durante el establecimiento en ella del Estanco de la Sal. Sin embargo, en 1842 el edificio pasó a propiedad de don José María Echevarría, vendiéndolo sus herederos a don Manuel José Arteaga Martínez cuya hija casó con don Mamés Esperabé Lozano, rector de la Universidad. Posteriormente, en 1881 éste, junto a su esposa, vendieron la casa a la Diputación por 65.000 pesetas. Tres años después, la Diputación  inauguró el nuevo Palacio, el 25 de octubre de 1884.

 

El Palacio además, como hemos mencionado ha sido utilizado como sede del Depósito de la Sal hasta, por lo menos, el año 1859, de ahí el nombre de ‘Salina’. Pero, eso cuenta la historia…ya que la leyenda establece que el Palacio es conocido con el nombre de la Salina, porque era así como se conocía a la acompañante del arzobispo.

 

Actualmente, es escenario de conciertos, exposiciones, representaciones y está abierto al público para posibles visitas.  

 

Nosotros lo hacemos y vamos de visita. Entramos y, en primer lugar, nos encontramos con la fachada, una bellísima construcción del siglo XVI, donde aparece el escudo de los Fonseca, en la que destacan los medallones y sus tres cuerpos, claramente separados por impostas. El inferior, posee cuatro arcos de medio punto, cada uno de ellos cerrado a través de verjas establecidas en el siglo XIX. El segundo cuerpo, tiene tres ventanas y un medallón central, junto a figuras vegetales, humanas y animales. Y, por último, el tercero, formado por ocho arcos.

 

 

De la fachada, llegamos al patio interior, resultado de dos épocas, gótica y renacentista, por lo que podemos observar rasgos distintivos de ambas. Con trazado irregular, la parte gótica, es la zona del fondo. En la parte superior, observamos cuatro arcos, uno de ellos partido en dos, con escudos de los apellidos Messía-Fonseca, Fonseca, Toledo y Ponce de León. Y, la parte renacentista, las zonas de la izquierda, donde aparecen dos figuras de indios,  y derecha donde destaca la presencia de una serie de figuras atormentadas y muy expresivas.

 

Cabe resaltar, que se han encontrado quince pozos horadados en el suelo primitivo con estructuras de muros y canalillos, de uso aún no determinado. Así, el enlosado actual ha respetado dichos pozos, creándose una cámara subterránea y permitiendo observar dos de ellos a través de la claraboya instalada en el centro del patio.

 

Al final, ¿te ha convencido la historia? Sea como fuere, el Palacio y las exposiciones en él instaladas sí lo harán, te embobarán, te embobará. Salamanca, qué bonita. 

COMENTARComentarios

  • #1 Vaya reedición

    26/08/2018 11:50

    ¿De cuándo es este texto? Los veranos son complicados para llenar los periódicos, lo entiendo. Pero al menos ¡revisen los textos!: hace “milenios” (algunos años) que no existe la claraboya que menciona el último párrafo del texto.