Tras los pasos de Miguel de Unamuno por Salamanca
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Tras los pasos de Miguel de Unamuno por Salamanca

Estatua de Miguel de Unamuno en la calle Bordadores

Salamanca "cuando me vaya, entre tus piedras guarda, tú, mi recuerdo...". Imposible no seguir la huella de Miguel de Unamuno por la capital del Tormes. 

"Salamanca no me disgusta, unos cuantos soberbios edificios rodeados de casuchas tísicas y callejas anémicas. Yo no tengo manía a los pueblos de Castilla, se come bien en ellos y son sanos. Espero pasarlo tal cual. Hay buenas bibliotecas y una regular consignación para adquirir libros a petición de los profesores. Mi compañero, el otro catedrático de griego, ha adquirido notables obras de griego y estudios helénicos". Estas líneas corresponden a una misiva escrita por Miguel de Unamuno con Mugica como destinatario y que se recoge la recopilación de Cartas inéditas de Unamuno de S. Fernández Larraín. Son las primeras impresiones sobre la vieja ciudad a la que llegó un domingo de finales de junio del 1891 para tomar posesión de su cátedra de griego.

 

Seguro que en aquellos momentos no imaginaba que pasaría su vida casi entera en esta ciudad, hasta su muerte, y que el vínculo entre ambos, escritor y ciudad, perduraría hasta convertirlos en inseparables.

 

Cualquiera que viva en Salamanca o llegue a ella de paso puede darse un paseo y entre sus rincones y sus calles tiene la oportunidad de emprender una ruta que le transporte a la vida de don Miguel de Unamuno en la ciudad del Tormes. 

 

Elegido rector en 1900 en sustitución de Rector Esperabé, lo fue hasta 1914 Unamuno cuando fue repentinamente cesado por el ministro de instrucción pública Bergamín, según unos porque se negó a ser candidato al Senado y otras versiones apuntan a una irregularidad administrativa. En todo caso la injusticia de sustituirlo sin motivo concreto, llegó hasta las cortes. 

 

Para entonces ya eran muchos los paseos que había dado por la ciudad y entre uno de sus lugares favoritos, el primero en que podemos seguir sus pasos por Salamanca una visita que sí puede coincidir con las convencionales. La Plaza Mayor es el punto de encuentro para comenzar a vivir al célebre escritor, porque debajo de sus soportales paseó cuando había lluvia, meditó en sus bancos cuando hacía sol y se reunió con amigos y colegas para debatir en el Café Novelty sobre la actualidad que les tocó vivir. Ante la pregunta de si la Plaza era un cuadrado perfecto o no, aseguró que "es un cuadrilátero. Irregular, pero asombrosamente armónico".

 

Después de idas y venidas en su relación con las altas instancias de la Universidad, en 1921 fue elegido decano de letras, y en enero vicerrector a propuesta del claustro, con Maldonado de rector. "Al cabo de siete años y medio vuelvo a este melancólico despacho de la rectoral de la vieja Universidad de Salamanca, a este rinconcito recatado y triste, siempre en penumbra, a esta celda donde tan intensas horas viví y tan duras campañas planeé e inicié..", escribía.  

 

Siguiendo su trayectoria por Salamanca hay que dirigir la vista hacia el balcón del Ayuntamiento de Salamanca desde donde se puede rememorar uno de los que quizá fueron los momentos más emotivos Unamuno, cuando desde allí, el 14 de abril de 1931, proclamó la República a sus conciudadanos. En esos años Unamuno es elegido concejal, es nombrado alcalde honorario, presidente del consejo de instrucción pública, rector, luego diputado...

 

 

Y mientras pasan los sucesos de su vida, proseguimos la ruta del ilustre rector por la calle de la Rúa para desviarnos por la calle Libreros y de esta forma llegaremos a la Casa de Miguel de Unamuno hasta la puerta de la Universidad de Salamanca para entrar al aula que lleva el nombre de Unamuno y cuyo ambiente se ha conservado igual que cuando enseñaba en ella a principios del siglo XX.

 

 

Junto al edificio de la Universidad, se encuentra la Casa Museo de Unamuno. Un enclave fundamental para profundizar en la vida del exrector y que ayuda al visitante a comprender las diversas facetas del ilustre bilbaíno, sobre todo la más humana. Un antiguo edificio del siglo XVIII, donde el escritor vivió durante 14 años. 

 

 

La mesa donde trabajaba y donde pasó tantas horas escribiendo todavía conserva las plumas que él mismo fabricaba con cañas o las pajaritas  de papel con las que jugaba con sus nueve hijos. Pero también podemos ver algunos de sus objetos personales como su chapela vasc», sus bastones y fotografías, mezcladas con cartas, manuscritos y libros firmados por sus amigos. Además, de esta faceta más sentimental, en la Casa Museo de Unamuno también podemos ver su inmensa biblioteca de más de 6.000 libros y más de 25.000 cartas, manuscritos y borradores.

 

Gracias al programa 'Las llaves de la ciudad', también podemos acceder a lugares que habitualmente etán restringidos para los turistas, como es el caso de algunas estancias del Convento de San Esteban y esto posibilita el conocer uno de los enclaves preferidos del pensador bilbaíno, el Claustro de los Aljibes. Se cuenta que el escritor Miguel de Unamuno visitaba a los frailes y le gustaba gritar en el aljibe "yo", para escuchar su eco, a lo que el padre director del convento le decía que no podía "ser tan engreído", aunque en tono amable, debido a que era "gran amigo de los frailes".

 

Desandamos algunos pasos para regresar a la Universidad y entrar en su Paraninfo donde el 12 de octubre de 1936, donde el rector, ya un hombre muy mayor, vivió uno de los momentos cumbres de su vida al intentar interceder por uno de sus amigos que había sido detenido por los sublevados y cuya vida corría peligro. No estaba previsto que Unamuno hablara pero lo hizo y pronunció las célebres las palabras "venceréis, pero no convenceréis", siendo el único documento escrito de su puño y letra que se conserva sobre este suceso que se encuentra custodiado en la Casa Museo Unamuno de Salamanca.

 

Tras aquello fue depuesto de inmediato de la concejalía y del rectorado. A instancia del decano de letras el claustro pidió su cese como rector perpetuo el día 14.

 

Concluímos la ruta de Miguel de Unamuno bajo la estatua que se levantó en su honor y que se encuentra junto al número 8 de la calle Bordadores, la casa donde murió el 31 de diciembre de 1936. Inmortalizado con un semblante reflexivo y con las manos a la espalda, tal como solía vérsele pasear por esta misma calle.

 

Sus restos, sus huellas, permanecen, como él pidió años antes al final de la Oda a Salamanca "cuando me vaya, entre tus piedras guarda, tú, mi recuerdo...".