Tomás, el vigilante del cementerio: "La gente solo viene el Día de Todos los Santos"

Tomás Barbero, vigilante del cementerio de Salamanca (Foto: Arai Santana)
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Tomás Barbero es el dueño y señor de las llaves del cementerio San Carlos Borromeo. Él es quien abre y cierra las puertas de este lugar santo a los salmantinos. Hoy recorre cada rincón con tribunasalamanca.com

Los silbidos del viento que salen del cementerio de Salamanca no le atemorizan, porque asegura que los muertos son quienes lo cuidan en vez de ser él quien los vigile. Se llama Tomás Barbero y lleva diez años trabajando como empleado en el cementerio San Carlos Borromeo de Salamanca, desde hace uno y medio es el vigilante, dueño y señor de las llaves que abren uno de los lugares más tristes de la historia de la humanidad.

 

El reloj marca las 17.30 horas, hay familiares que se encuentran limpiando y adornando las tumbas, otros rezan, algunos deben ir varias veces al día para conversar con quien más aman... a la vez un entierro nos pasa por el costado, se oyen gritos de dolor, una familia entera llora la muerte de un ser querido, es la vida misma... lo que para nosotros puede parecer tan duro para Barbero es rutina, "un día más en el trabajo", aunque si reconocer que para esto "hay que valer, este empleo no es solo meter la caja en el hoyo", ahonda.

 

Tomás Barbero en el cementerio de Salamanca (Fotos: Arai Santana) 

 

Con mucha tranquilidad nos lleva a hacer un recorrido por el amplio camposanto, ubicado en las afueras de la capital charra, en él, podemos encontrar tumbas y panteones brillantes y cuidados al milímetro, pero también sepulcros rajados, cruces oxidadas y algunos arreglos florales que han perdido el color a lo largo del tiempo e incluso panteones cerrados por años que ya no visita nadie. 

 

Durante el camino por ese solitario y silencioso lugar, Tomás explica como comenzó a trabajar en el cementerio hace diez años, "antes era albañil", y una vez se jubiló el antiguo vigilante, le pasó el cargo en el que lleva año y medio, "él estuvo toda una vida, treinta años". Barbero es quien abre y cierra las puertas, de abril a octubre se abre de 9.00 a 21.00 horas y de noviembre a marzo de 9.00 a 18.30 horas, las visitas fuera de horario están restringidas, una puerta automática cierra la comunicación entre vivos y muertos

 

Nos cuenta que el cementerio se ha quedado sin espacio, ya no puedes comprar una 'casa' para vivir cien años más en ella, "comprar una tumba, nicho o panteón ya no puede hacerse, antes lo obtenías desde 3.000 euros y te valía por un siglo". Tomás lamenta que la gente solo viene los días previos al 1 de noviembre, el día de Todos los Santos, aunque reconoce que "el trabajo se desborda para los nueve empleados que conformamos la plantilla". Limpian, recogen basura, pintan, construyen fuentes... todo ello para conseguir que este lugar santo luzca con todo su esplendor.

 

Legamos al final de un recorrido donde hemos podido ver tumbas de lo más humildes hasta panteones megalómanos con capillas interiores donde rezar a los muertos... sin duda la diferencia entre pobres y ricos ha quedado plasmada de por vida en el cementerio de Salamanca. Monjas, curas, Excelentísimos e Ilustrísimos generales, militares, Guardias Civiles, republicanos, niños, obreros, campesinos... y un largo etcétera que nos hacer darnos cuenta que 'ser el más rico del cementerio' es lo que menos importa. 

 

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