Teresa Viejo: "Hay parejas que supuran odio, y eso es peor que un coito de una noche"

La periodista y escritora, Teresa Viejo, en la sede de Tribuna Grupo en Salamanca. (Foto: Pablo de la Peña)

La periodista y escritora, Teresa Viejo, ha compartido con TRIBUNA alguno de los secretos de su cuarta novela "Animales Domésticos". "No comprendo cómo, a quien amamos, podemos lastimar de la manera en que lo hacemos", ha asegurado. 

La periodista y escritora, Teresa Viejo, ha pasado por la librería Santos Ochoa de la calle Gran Vía de Salamanca para presentar ante sus lectores su cuarta novela "Animales domésticos". Viejo ha asegurado a este diario que hay que borrar de la mente la idea de que un matrimonio se rompe por un simple coito. "Hay motivaciones mucho más potentes que el sexo de una noche para romper una relación", ha asegurado durante la entrevista.

 

LA ENTREVISTA 

 

-¿En qué se ha inspirado para escribir su cuarta novela?

-En la vida. El ejercicio de la observación te deja un poso formidable y abre la puerta para la inspiración. Hasta el momento he tirado de historias, con un trasfondo de realidad, que habían pasado a lo largo del siglo XX, porque mis novelas anteriores han sido históricas. Ahora tenía la sensación de que el cuerpo me pedía pararme en el presente y enlazar con los ensayos que tantas satisfacciones me han dado. Esos textos me han permitido ahondar en las relaciones hombre y mujer. Me encantan las relaciones humanas cuando media el amor. No entiendo el hecho de que alguien elija a otra persona, qué hace que eso, que aparentemente es mágico y se mantiene en el tiempo, se evapore de una forma muy rápida. Tampoco comprendo cómo, a quien amamos, podemos lastimar de la manera en que lo hacemos. Y me produce enorme compasión quien se siente herido por amor y no logra superarlo en toda su vida. Entonces me paré y dije vamos a observar qué le pasa a las parejas en este momento.

 

-¿Se puede decir que el libro trata sobre la infidelidad?

-No. La infidelidad que descubre mi protagonista es sólo una llave. Es la motivación que te lleva a coger la novela; el resto es un thriller psicológico con diferentes caminos y preguntas. Y todas arrancan cuando un ser humano ve que con la persona con la que convive no es la persona que quiere; cuando descubre que está conviviendo con un desconocido. Y a partir de ahí juego con la curiosidad, con el morbo con las ganas de saber, con la venganza, con la atracción, con un sexo aparentemente prohibido; juego con un proceso de autoconocimiento que pasa por el propio sexo. Cuando las mujeres hablamos de empoderarnos en diferentes sectores de nuestra vida, el profesional o el social, aún no sé si nos hemos empoderado íntimamente. Creo que el alcance sexual también es una forma de empoderarse. Los hombres ejercéis de una forma muy ancestral el poder a través del sexo, ¿y por qué no lo podemos hacer las mujeres? ¿que pasa cuando probamos a hacerlo? ¿deja secuelas o nos libera? Todas esas preguntas están en la novela.

 

-Todas esas cosas le pasan a Abigail...

-Sí, en cuatro semanas.

 

-Abigail, que empieza con la letra ‘a’, como otros de los personajes de tus novelas.

-Las protagonistas. No lo sé... no lo sé, David. No tengo una respuesta. La primera fue un nombre casual: Amada. Lo elegí porque es un nombre que se repite en Castilla-La Mancha, y como la historia se ubicaba en Guadalajara, pues me venía bien. Luego vino una segunda protagonista con la letra ‘a’, en la segunda novela, pero ya me di cuenta cuando la estaba escribiendo. En esta cuarta novela no tenía claro lo de la letra a, pero había hecho un perfil, hace muchos años, de un personaje llamado Abigail Torres, para otro tipo de novela. Pero me gustó tanto el nombre que me quedé con él. Después comprobé que también era otra letra ‘a’.

 

-¿Maniática?

Sí, yo soy muy maniática.

 

-Entonces... ¿Otro personaje con la letra ‘a’ para la quinta?

-No, no tiene porqué, pero soy maniática cuando escribo y... No sé que palabras utilizar... iba a decir mística, pero no. No sé... Soy muy de señales, tienen que pasar cosas. Algo me dice que ese es el camino y tiene que ser así. Siempre me tengo que sentar en la misma silla, con el mismo olor, porque cada novela tiene un olor. Después elijo las canciones que escucho.

 

-¿Te has acercado muchas veces a lo prohibido? A esa caja de galletas...

-A la caja de galletas literal, muchas veces, pero soy bastante precavida. No soy miedosa, pero mi prevención natural me hace no cruzar la línea. Lo que sucede es que ese ejercicio de arriesgarse, de dejar volar el morbo, de adentrarse en un mundo que te atrae, es un ejercicio de crecimiento. Si nos quedamos todos en la zona de confort no evolucionamos y, por lo tanto, no crecemos. Quizá un gran riesgo para mí ha sido escribir esta novela porque lo más cómodo, con tres novelas anteriores, con un estilo muy claro, y con muy buena aceptación por lectores y por la crítica, era haberme quedado en el mismo sitio. En cambio, he arriesgado. A veces hay que confiar en el peligro porque te pone en una tesitura diferente y se explora un territorio nuevo.

 

-¿Cuánta gente esconde la situación morbosa practicada?

-Casi todos. Nadie lo explicita. El morbo tiene una connotación peyorativa y oscura, por tanto, se guarda el secreto. Reconocer que uno se siente atraído por determinadas cosas, que no siempre tienen porqué ser sexuales, es una valentía. Estamos en un país morboso. Quienes ven los programas del corazón no los ven porque se estén nutriendo espiritualmente, sino porque tienen morbo por conocer algo de la vida del otro. Los patios de vecinos son morbosos. Es morboso acercarte a aquello que no se ve o que no conoces, es morboso hablar de fantasmas o de lo que supuestamente nos espera cuando nos vayamos al otro sitio, si es que hay algo. Quiero decir que todo lo que ignoramos nos atrae y nos despierta morbo. La gente que ve programas como la Nave del Misterio de Iker Jiménez es porque se sienten atraídos por esos temas o porque tienen prejuicios sobre ellos. A mi me atrae lo oscuro, yo no tengo morbo sexual, pero tengo morbo por los espíritus, por ejemplo.

 

-¿Por qué tiene morbo hacia los fantasmas?

-Porque me encantaría saber, me da curiosidad si existen, si están, qué dicen, qué piensan, cómo sienten. Me encantaría saber qué hay al otro lado.

 

-¿Qué le da miedo a Abigail?

-Es muy poco miedosa. No tiene demasiados límites en su vida convencional, y ante una situación critica, como ella vive en un momento determinado, que la ubica al borde del precipicio, sale de ella una ira muy activadora. Reacciona muy diferente a buena parte de las mujeres que se quedarían instaladas en el dolor y la ruptura. Muchas mujeres asocian la infidelidad con una ruptura, pero ella se plantea una emoción mucha más poderosa. La ira y la rabia la llevan a actuar enloquecida.

 

-¿La víctima se convierte en verdugo?

-Al principio es una víctima, pero en todo su proceso de investigación, es el lector el que tiene que decir si ella es una víctima o se está convirtiendo en un verdugo. En el fondo ella tiene una exploración muy dolorosa de lo sucedido, de lo que siente ella, su marido y de la naturaleza de su relación. “Yo por qué siento todo esto, si no estoy enamorada de ti”, ahora, esa pregunta se la vuelve a hacer al final y hay que leer la novela para saber la respuesta.

 

-Abigail reconoce que es más animal que su marido, pero... ¿El ser humano no es animal por igual?

-Todos somos animales, pero vamos adoptando roles a lo largo de nuestra vida. Ella dice soy más salvaje que tú, pero hay que leer la novela para saberlo. ¿Por qué tendemos a domesticar a ese animal salvaje que nos ha seducido? Yo creo que lo hacemos más las mujeres, pero algunas personas me han dicho que también los hombres lo hacen. Yo creo que la mujer quiere colocar al salvaje en la casa, bajando la basura...Aunque a los hombres también puede que os ocurra que os sintáis atrapados por una mujer salvaje y luego queráis convertirla en una mujer dócil.

 

-¿El machismo no es una “domesticación” de la mujer?

-Sí, claro. Bueno, domesticación entrecomillada, de forma negativa. Claro, eso sí. Pero yo creo que lo hacemos los dos. Ahí estamos hablando de roles de género y yo me refería a la esfera de lo íntimo, que tiene más que ver con la propia psicología no tanto con el rol de género.

 

-¿Por qué asegura que el simple toqueteo sexual sin más no tiene sentido?

-No me refería a eso. Me refiero a que todo el cortejo de seducción es importante en la naturaleza. Hay un documental muy interesante del primatólogo Frans de Waal, donde se ve el juego de machos con hembras y hembras con machos. La hembra le enseña una naranja al macho a la vez que le enseña los órganos sexuales, como queriendo decir que le ofrece las dos cosas. Esto es muy burdo y es animal, pero los complejos de seducción que tienen que ver con la mirada, con la palabra, con el primer roce de la piel, o escuchar algo que te alaga, es parte del proceso del enamoramiento. Si eso te lo saltas y vas directamente a la cama, y vas: ‘hola, coito’, está muy bien, tienes un disfrute sexual, pero difícilmente de ahí sale un enamoramiento.

 

-Ceder el puesto a una mujer puede ser parte del cortejo, pero puede estar visto como machismo, ¿no?

-¿Tu crees que las mujeres se dejan conquistar porque les cedan la silla?

 

Bueno, puede ser utilizado como herramienta de cortejo o primer acercamiento, ¿no?

-Bueno, pero es muy antiguo. Puede ser para nuestros abuelos, quizá. Yo me refiero con lo de cortejo como a la mirada, al sonrojarse, al preguntar cosas con interés, al tener una actitud hacia el otro de escucha, a ese primer mensaje. A eso me refiero con el cortejo, no me refería a cosas antiguas. Hay personas que me han contado que han dilatado el darse el beso, para que no se les escapase el momento, para que les continuase gustando mucho más ese juego de seducción. Se pierde mucho más aún con las aplicaciones para ligar porque el lenguaje de la piel no tiene parangón. ¿Dónde está el lenguaje de la piel cuando elijes una fotografía?

 

-Supongo que no están buscando ese lenguaje.

-Claro. Si buscas sexo, genial. Pero no confundamos. Uno de los grandes problemas que tienen las relaciones personales en este momento es que estamos buscando amor y sexo. Si lo dividimos de una forma aséptica es genial, pero hay que tener cuidado con lo que buscamos.

 

-¿Es un libro para personas con heridas emocionales?

-Sí, creo que sí. Esto me lo han contado las lectoras. Todo el mundo tiene un paisaje parecido al que tiene Abigail. Las mujeres desde luego, y muchos hombres también. Quiero pensar que es un bonito obsequio para alguien que conozcas y que lo esté pasando mal. Lo que comienza siendo una historia aparentemente de desamor, evoluciona hasta el final y es una historia de amor, aunque no puedo decir con quien.

 

-Lectoras… ¿es un libro para un público femenino?

-(Reflexiona por un momento) Presumo que sí. Ramón Pernas, un escritor que admiro, me dijo: “Este libro parece estar escrito por un hombre, porque Teresa escribe como un hombre”. No hago novelas para mujeres. Quizá se acerquen más mujeres, porque Abigail es una mujer. Pero todos los hombres que la leen me dicen que entienden lo que cuento porque no es un libro de mujeres que odian a los hombres en la posición de ‘me has lastimado, voy a vengarme’. En todas las novelas hay una aproximación a la psiquis masculina muy importante. De hecho, muchas mujeres me dicen: “no te perdono porque los tenías que condenar más”, pero, ¿por qué voy a condenar a los hombres? Esto no es una guerra entre hombres y mujeres.

 

-¿Por qué tiene que ser un homosexual el amigo que le descubra un nuevo mundo?

-Porque me parecía el cómplice maravilloso. Me he inspirado en algún amigo, eh, un amigo que no respondía al amigo homosexual que tienen algunas mujeres; una especie de amiga vestida con pantalones. Me gusta la masculinidad de este personaje. Es un hombre que valora el amor por encima de todo, ya que él se había enamorado primero de una mujer. Me interesaba un hombre que fuera padre, que entendiera a los hombres y que entendiera a las mujeres.

 

La periodista y escritora, Teresa Viejo, durante la entrevista con TRIBUNA. (Foto: De la Peña)

 

-Una historia escrita en primera persona, ¿su realidad supera a la ficción?

-(Ríe) No, la mía es aburridísima, pero era un reto para mí. Nunca había escrito en primera persona y me ha dejado conmocionada. El personaje se mete dentro de ti y es una relación muy extraña. Cuando terminé la novela estaba por comentárselo a alguna amiga psicóloga, porque hablaba un poco como el personaje, pero es normal después de tanto tiempo escribiendo.

 

-Entonces serías la actriz perfecta para interpretar a tu personaje.

-Uy, no. No tengo ninguna vocación. Escribir sí me ha servido para entender a las actrices porque entiendo lo que es dar carne a un personaje. Lo que si me gustaría es, si se produce la adaptación de alguna novela mía, poder participar en el proceso. La memoria del agua, la adaptación de mi primera novela, la vi desde la retaguardia y me sentí rara. Es tan impresionante ver cómo un personaje dice las frases que has creado.

 

-Parece que te robasen algo sin participar, ¿no?

-¿A qué sí? Tienes razón es un poco eso. Todo te parece poco. Con la primera novela lo das todo, pero ahora, ya a estas alturas, no. A veces pienso quién podría ser Abigail, pero no voy a decir en quién he pensado (ríe)

 

-¿Abigail tiene rasgos tuyos?

-Cuatro rasgos físicos. Siempre busco fotos de los personajes, pero no encontré nadie que se pareciese a ella. La pensé con melena rubia como la mía, con mi curiosidad, y que le gusta el ron sin hielo como a mí. Ella es mucho más potente que yo. Esa es un cañón de señora.

 

-¿No es usted un pibón?

-No, no me veo así (ríe). Ella es de estas que por la calle todo el mundo la mira.

 

-He leído que con las amigas habla de sexo, ¿con los hombres no se puede?

-Sí, con amigas y con amigos. El tema sexual contando curiosidades es muy importante entre las chicas y con los chicos.

 

-¿Por qué la novela es cercana a Idea Vilariño?

-Porque me apasiona su historia y su poesía. Su versos te doblan por la mitad. Primero descubrí su obra y luego a la mujer. Es necesario que hagan una novela o una película sobre ella.

 

La periodista y escritora, Teresa Viejo, durante la entrevista con TRIBUNA. (Foto: De la Peña)

 

-¿Se perdonan las infidelidades?

-Las respuestas mecánicas por costumbre o educación: “No, yo no puedo perdonarla” hay que borrarlas. Depende de lo que cada uno haya pactado en su pareja, quizá han pactado el cuidado mutuo y la lealtad, y no le dan tanta importancia al sexo con otras personas. También depende si la infidelidad es sostenida en el tiempo o no. Pero, porque practiques una penetración, decidir “yo me separo de ti”, esto me parece un poco absurdo. Hay muchas motivaciones mas potentes que el sexo. Hay personas que viven en una deslealtad continúa, despreciando su trabajo y rebajando su autoestima, ¿que tipo de amor es eso? Hay parejas que supuran odio, y eso es peor que un coito de una noche.

 

-¿Qué piensa de la monogamia?

-Que es sucesiva (ríe). Quien lo consigue hasta el final de los días, es un logro. Pero la monogamia es sucesiva. El enamoramiento dura entre tres y siete años como mucho. A partir de ahí puede surgir el amor de nuevo.

 

-¿Y el poliamor?

-Si les resulta, me parece bien, ¿quién soy yo para criticarlo? Yo no lo practicaría, pero a quien le vaya bien, me parece perfecto. ¿A caso es peor el poliamor cuando se conocen las reglas de ese juego, que quien tiene una relación a dos bandas? A mi lo que me parece mal es la mentira y causar daño con ella.

-¿Va a comenzar un doctorado en psicología de género?

Pretendía comenzarlo en este curso, pero el trabajo no me lo ha permitido. Será un plan de futuro.

 

-¿Le molestan los plurales masculinos y la falta del género neutro en castellano?

-Yo no soy beligerante. Yo escucho a la RAE y si ellos deciden que hay que crear plurales que no existen o fomentar más el género neutro pues lo escucho, pero inventarnos palabras es un poco feo. Que el lenguaje ha sido sexista, sí. Pero hay que buscar un equilibro entre la costumbre y las normas de la lengua. Yo no voy a enarbolar banderas para que se cambien determinadas cosas. En un texto se puede comenzar usando los dos géneros para arrancar, pero después, ya cambiar al que engloba a todos, por economía del lenguaje y para que sea más fluido.

 

-¿El término ‘feminazi’ se lo inventaron para fastidiar a las mujeres?

-(Ríe) Pues no sé quién se lo ha inventado, pero suena feo de narices. También es feo ‘hombrismo’. Tengo una sensación de que tenemos que ser mucho menos beligerantes y abrir más la mente, además de tener, al mismo tiempo, conocimiento de lo que somos. Nos movemos en el mundo de las ideas y nos olvidamos de la biología. Las diferencias de sexo nos hacen complementarios. Yo reconozco las habilidades adaptativas de los hombres, al igual que yo también tengo las mías.

 

-¿Cómo se siente al ser señalada como la primera mujer directora de una revista de información general como Interviú?

-No me siento de ninguna manera. Están narrando una evidencia.

 

-¿No le da un poco de cosa?

-Bueno, me planteo que han pasado los años y sigo siendo la única mujer que ha dirigido Interviú, pero bueno, hay más circunstancias. Hay una crisis económica, unos medios adelgazados, una crisis en el propio periodismo. Al principio me resultaba singular, pero luego ya está en mi biografía y me he acostumbrado.

 

-¿Cómo se siente al ver a tantos hombres en las fotos de los medios de comunicación?

-A mí no es eso lo que me molesta. Me molesta que en la portada de un periódico nacional, hace unos meses, se criticaba el vestido de una Secretaria de Estado española en una reunión europea. Se dijo que el vestido no era correcto, porque se había subido, al sentarse, por encima de la rodilla, y era de lo más convencional del mundo. Es malo que siga habiendo muchos hombres en todos los altos cargos y pocas mujeres, pero es peor aún que se critique un simple vestido de la única mujer que hay en la foto. Eso sí me parece horrible y ridículo. Hace poco en una revista, con motivo de la entrega de los Premios Planeta, uno de los pocos actos públicos a los que suelo acudir, apareció una foto mía junto a mi querido amigo Màxim Huerta. La cosa es que el pie de foto decía Màxim Huerta, periodista y escritor, la siguiente en la foto era la presentadora Teresa Viejo, ¿presentadora de qué? Las mujeres seguimos siendo las presentadoras, da lo mismo que hayas publicado siete libros, ni si quiera eres la periodista. Nunca me gusta ponerme como ejemplo, pero no es justo que pase eso.

 

-¿Piensa en la quinta novela?

-No, porque el mío es un trabajo emocional muy fuerte, pero quizá para 2019, para no ser tan vieja y tener ganas de hacer promoción. (ríe)

 

-¿Qué proyectos tiene en mente ahora?

-Ahora mismo no tengo ninguna cosa más. Estoy con la promoción del libro y, bueno, hago colaboraciones en televisión. También quiere Javier Cárdenas que vaya al programa, pero no sé si tendré tiempo. Estoy escribiendo mis artículos y centrada en que se conozca el libro. También estoy centrada en mis charlas, porque yo doy charlas a mujeres sobre liderazgo. No descarto que para el año que viene alguna de las cosas que me han planteado en televisión me anime, pero estoy un poco vaga.

 

-¿Cómo se siente al ser embajadora de Unicef?

-Si pudiese me dedicaría sólo a eso. Dividiría mi vida entre mi compromiso con ellos y la escritura. Al principio fue duro. Poco a poco he ido conociendo todo. Es un trabajo poco visible, porque no sales en las revistas. Pero ver el trabajo que hacen es increíble. El trabajo de la mujer y la infancia me llama mucho la atención. Yo creo en el ser humano intensamente y eso me ha enseñado Unicef.

 

-¿Cómo es La observadora, su programa de RNE?

-Es un regalo maravilloso. Es un programa de autor como dicen en la Radio Nacional. Me permite conversar de corazón a corazón con una persona que tiene acciones inspiracionales. Su ejemplo es tan estimulante que merece la pena. Me ha regalado amigos y amigas, porque se crea una conexión muy mágica. Hay gente muy interesante que tiene que estar en los medios más allá de los políticos que están todos los días.

 

¿Cuándo se la puede escuchar?

-Pues lo sábados y domingos de once y media de la noche hasta las doce en Radio Nacional de España.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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