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Salamanca

Sotomayor y Salamanca: 30 años de una historia escrita con letras de oro

ATLETISMO

El mito cubano cumple 30 años como recordman mundial de altura: primero con su 2,43 que elevó a 2,45 metros, ambos saltos en Salamanca. La marca, inabordable, es uno de los récords más antiguos. Ha sobrevivido a la desaparición del mitin y al cambio de nombre de las pistas en las que lo hizo.

Publicado el 08.09.2018

Desde hace 30 años, el nombre de Salamanca aparece en una de las listas más exclusivas del deporte: la de los récords del mundo de atletismo. Y aunque casi todo y todos los que protagonizaron aquella historia han caído ya en el olvido, la relación entre Salamanca y Javier Sotomayor se sigue escribiendo con letras de oro.

 

Este día 8 de septiembre se cumplen 30 años desde el 'héroe de Limonar', el ídolo de Matanzas, su localidad natal en Cuba, batió por primera vez el récord del mundo de salto de altura. Desde entonces, sólo él mismo pudo mejorarlo dejándolo en la estratosfera atlética, un lugar en el Olimpo hasta el que nadie ha podido volver a elevarse, convirtiendo la leyenda casi en un mito, un hecho fantástico obra de un dios más que una historia real.

 

Aunque el que perdura en los ránkings es el registro de 2,45 de 1993, con aquel 2,43 de septiembre de 1988 Sotomayor empezó a forjar un largo reinado que todavía nadie ha osado discutir. Lo que ocurrió aquella tarde en las pistas del Helmántico fue una relativa sorpresa y quizás por eso el propio atleta guarda mejor recuerdo de aquel salto. De hecho, Sotomayor considera el 2,43 de Salamanca como uno de los mejores saltos de su carrera, por delante incluso del 2,45 del vigente récord mundial.

 

Sotomayor considera que su 2,43, su récord de hace 30 años, es mejor salto que el 2,45 que todavía tiene como plusmarca mundial

 

Su primer récord del mundo en Salamanca lo mejoró al año siguiente en San Juan de Puerto Rico (2.44) y ambos saltos fueron la antesala de sus títulos mundiales al aire libre y en pista cubierta, del oro olímpico y de todo lo que vino. Fueron años de un dominio total que le llevó a saltar más de 300 veces por encima de los 2.30 metros (con 16 años ya saltaban 2.33) y a redondear su leyenda con los 2.45 metros de 1993 en Salamanca, la que encabeza una lista en la que los tres mejores saltos siguen siendo del cubano, dos de ellos hechos en el Helmántico.

 

Javier Sotomayor, en su última visita a Salamanca en 2014.

 

Desde entonces, son muchos los que han intentado alinear los astros como lo hizo el cubano en Salamanca, pero no lo han conseguido. De hecho, sólo él ha saltado por encima de aquel 2,43: los aspirantes sólo han podido, como mucho, igualarlo. En los últimos años, el qatarí Mutaz Essa Barshim (2,43) y el ruso Bohdan Bondarenko (2,42) son los que más cerca han estado, pero se han quedado en el intento. Barshim incluso llegó a poner 2,46 en alguna ocasión durante 2014, pero siempre derribó el listón. Aquel verano fue el último en el que alguien pudo batir este récord. Ahora tiene asegurado, al menos, un año más porque el único que puede abordar la plusmarca ha finiquitado la temporada por lesión.

 

El exatleta no teme el día en que alguien, probablemente Barshim, bata su récord del mundo"Ese día no haré una celebración, pero estoy convencido de que alguien va a superarme y, cuando ocurra no seré el primero, pero trataré de hacer llegar mis felicitaciones a quien lo consiga. Si es Barshim, tengo todos sus contactos, y si es otro saltador, los buscaré. Pero mi vida no cambiará para nada. Seguiré orgulloso de lo que hice", le respondía este verano al periodista salmantino Jorge Moreta en un artículo para 'Marca'.

 

El Gran Premio Diputación, la reunión en la que se hicieron los récords, dejó de celebrarse en 2009

 

La marca ha sido incontestable durante 30 años, pero la atmósfera mágica que tan bien describió Santiago Segurola en su crónica del 2,45 de 1993 para 'El País' se ha ido diluyendo. Casi todo lo que rodeó aquellos días de gloria ya no existe. En 2009, los cargos poíticos decidieron acabar con el histórico Gran Premio Diputación para ahorrar 150.000 euros, que era lo que costaba entonces. Por supuesto ninguno de los responsables de aquella decisión tenía la más mínima idea de que estaba enterrando una parte fundamental de la historia del atletismo en Salamanca, pero también de España.

 

En diciembre de 2009 se fue el 'maestro' Carlos Gil Pérez, el creador de la marca 'atletismo de Salamanca' y hacedor de la que fue una de las mejores reuniones del atletismo mundial. Cuatro años después, en diciembre de 2013 fallecía José María Fernández Matinot, el artífice de aquellos años maravillosos en los que se lucían en las pistas del Helmántico figuras como Edwards, Powell, Pedroso, Matete o Christie...

 

El episodio más triste de esta catarata de olvido afecta al propio autor de las legendarias marcas, aquel que está unido a Salamanca para siempre. Bajo esa premisa, se le puso el nombre de Pistas Javier Sotomayor a la pista de atletismo del Helmántico. El honor lo mantuvo incluso tras un primer caso de dopaje (positivo por cocaína) que el cubano siempre negó. Los controles le detectaron esta sustancia en 1999 en los Juegos Panamericanos, donde se hizo con el oro con una discreta marca. "No necesito nada para saltar 2,30", dijo entonces, sobre la competición en la que fue pillado.

 

La historia cambió en 2001. En julio de aquel año Sotomayor ya enfilaba el final de su carrera. Las lesiones habían mermado sus sensacionales condiciones, pero todavía preparaba el Mundial de aquel verano. El 13 de julio saltó por última vez en Salamanca, y el 14 de julio lo hizo en una reunión en Tenerife. La temporada pasó sin mayor gloria y aquel mes de octubre anunciaba su retirada. Iba a ser muy amarga. En noviembre, la IAAF sacudía el mundo del atletismo: Sotomayor había dado positivo por nandrolona en Tenerife, un día después de estar en Salamanca.

 

Tras su segundo caso de dopaje, el Ayuntamiento de Salamanca decidía quitar a las pistas del Helmántico el nombre de Javier Sotomayor

 

El cubano defendió nuevamente su inocencia, pero fue sancionado a perpetuidad, sanción que no cumplió al estar retirado, pero que sí tuvo un efecto. El Ayuntamiento de Salamanca decidía renegar de Sotomayor: le quitó 'su' pista, eliminando la denominación oficial y arrancando la placa con su nombre que lucía en su exterior. La placa estuvo un tiempo almacenada en un pequeño edificio de la propia pista. Ni siquiera la presencia de un atleta en la concejalía de Deportes, Antonio Sánchez, pudo impedirlo: en el primer dopaje de 1999 Sánchez le 'disculpó' y defendió que las pistas siguieran llevando el nombre del cubano. Al menos, conservan una placa recordatoria en el lugar donde Sotomayor y Salamanca se unieron para siempre. Que dure muchos años.

 

El cubano no guarda con rencor los recuerdos más amargos. En 2014, en su última visita, visitó por sorpresa las pistas a las que dio nombre, sabedor de que el fuego de aquel atletismo se había agotado en Salamanca. "Lo recuerdo perfectamente, el entorno ayudaba mucho y la gente, que no paraba de animar, y el buen nivel de los contrarios", dijo sobre la Salamanca que en aquellos tiempos hacía girar el mundo del atletismo. Responsable deportivo en su amada Cuba, en 2015 se le concedió la nacionalidad española y este año Guadalajara le ha hecho un homenaje, a él y al atletismo cubano, por los muchos veranos de atletismo. Puede que 'su' Salamanca se lo deba.

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