Sotomayor y el positivo por cocaína que pudo enterrar su carrera y su vinculación a Salamanca

El campeón cubano, doble récord mundial y que hizo la mejor marca de la historia en Salamanca, recuerda 20 años después aquel episodio.

Javier Sotomayor es una de la grandes leyendas del atletismo de todos los tiempos, y su vínculo con Salamanca es algo que quedará para la historia. El saltador cubano batió dos veces el récord mundial de salto de altura en las pistas del Helmántico y, muchos años después de su retirada, nadie ha logrado llegar tan alto. Ahí está su récord mundial, un salto de 2,45 metros, establecido en la pistas salmantinas y que sigue en la cúspide de la tabla de plusmarcas mundiales. Sin embargo, también hubo sinsabores, y de ellos habla en una entrevista con Carlos Arribas para el diario 'El País'.

 

En la conversación habla de sus récords del mundo, de aquel que hizo con 20 años en Salamanca, al saltar 2,43, y el que elevó hasta 2,45 en 1993,  una cota todavía no superada. Desde entonces, más de 30 años en lo más alto del ránking mundial son sus mejores saltos, hechos en las pistas del Helmántico. Su primer récord del mundo en Salamanca lo mejoró al año siguiente en San Juan de Puerto Rico (2.44) y ambos saltos fueron la antesala de sus títulos mundiales al aire libre y en pista cubierta, del oro olímpico y de todo lo que vino. Fueron años de un dominio total que le llevó a saltar más de 300 veces por encima de los 2.30 metros (con 16 años ya saltaban 2.33) y a redondear su leyenda con los 2.45 metros de 1993 en Salamanca, la que encabeza una lista en la que los tres mejores saltos siguen siendo del cubano, dos de ellos hechos en el Helmántico.

 

El 'héroe de Limonar' habla de los récords y las medallas, entre las que no ha tenido que elegir. "Dicen que los récords se van, pero yo tengo la dicha de tener ambos, récord y oro, y mejor todavía", responde. Entre las claves de su éxito, cuidarse y alejar las lesiones. "Un récord del mundo conlleva no solo el momento del intento, sino un entrenamiento a diario casi al máximo en todo, no solo los saltos, también multisaltos, fuerza. Casi todos los ejercicios hay que hacerlos al máximo", dice.

 

También entra en el espinoso tema del dopaje. En 1999 fue encontrado positivo en un control en los Juegos del Mediterráneo al encontrarse cocaína en su análisis. Aquello le pudo costar el nombre de Pistas Javier Sotomayor en la pista de atletismo del Helmántico. El honor lo mantuvo incluso tras un primer caso de dopaje (positivo por cocaína) que el cubano siempre negó.

 

Los controles le detectaron esta sustancia en 1999 en los Juegos Panamericanos, donde se hizo con el oro con una discreta marca. "No necesito nada para saltar 2,30", dijo entonces, sobre la competición en la que fue pillado. "Fueron muchos, muchos, los factores que sucedieron ahí, y que nosotros demostramos y dieron la posibilidad de yo saltar en Sidney un año después. Primero, ya el mundo lo sabía cuando yo todavía no lo sabía. Las intenciones fueron como de hacer daño", dice en la entrevista con Carlos Arribas.

 

Aquel falso positivo, lleno de sombras en el proceso, estuvo a punto de enterrar su carrera, pero no lo hizo. Recuperado, Sotomayor volvió para ser plata olímpica en Sidney y demostró que era uno de los grandes.

 

 

El positivo en el final de su carrera

 

La historia cambió en 2001. En julio de aquel año Sotomayor ya enfilaba el final de su carrera. Las lesiones habían mermado sus sensacionales condiciones, pero todavía preparaba el Mundial de aquel verano. El 13 de julio saltó por última vez en Salamanca, y el 14 de julio lo hizo en una reunión en Tenerife. La temporada pasó sin mayor gloria y aquel mes de octubre anunciaba su retirada. Iba a ser muy amarga. En noviembre, la IAAF sacudía el mundo del atletismo: Sotomayor había dado positivo por nandrolona en Tenerife, un día después de estar en Salamanca.

 

El cubano defendió nuevamente su inocencia, pero fue sancionado a perpetuidad, sanción que no cumplió al estar retirado, pero que sí tuvo un efecto. El Ayuntamiento de Salamanca decidía renegar de Sotomayor: le quitó 'su' pista, eliminando la denominación oficial y arrancando la placa con su nombre que lucía en su exterior. La placa estuvo un tiempo almacenada en un pequeño edificio de la propia pista. Ni siquiera la presencia de un atleta en la concejalía de Deportes, Antonio Sánchez, pudo impedirlo: en el primer dopaje de 1999 Sánchez le 'disculpó' y defendió que las pistas siguieran llevando el nombre del cubano. Al menos, conservan una placa recordatoria en el lugar donde Sotomayor y Salamanca se unieron para siempre. Que dure muchos años.