Sobre los jóvenes y el coronavirus

Diego Miguel Holguín. Secretario General de Juventudes Socialistas de Valladolid.

En estos días complejos y distópicos que vivimos por culpa de una pandemia mundial, el COVID-19 o más popularmente conocido como “coronavirus”, están aflorando algunos de nuestros miedos y temores más primarios.

 

No es algo raro, las situaciones de tensión sacan los rasgos más acusados de nuestra naturaleza, comportamientos que en situaciones normales no tendríamos por no sentirnos amenazados.

 

De entre todas estas actitudes, una de las que más nos pueden molestar a los jóvenes, son los propios “llamamientos a los jóvenes” que están proliferando en redes y haciéndose virales. No dudo de la buena intención de quienes los emiten, pero sí de las razones que los motivan. Especialmente, aquellos que exhortan a los jóvenes a dejar de pensar en ellos mismos y a que salgan de sus móviles para empezar a pensar en nuestros mayores y en los demás.

 

Objetivamente, no sé qué comportamiento negligente y desconsiderado puede estar teniendo un joven que no pueda estar teniendo ningún adulto. Hay jóvenes y adultos que en vez de quedarse estos días en casa han eludido recomendaciones y han pasado la tarde de terrazas, porque seguramente no sean conscientes de la facilidad con que pueden contagiar y ser contagiados; hay jóvenes pero aún más adultos que han arrasado supermercados poniendo en riesgo el abastecimiento de todos, por miedo a no tener provisiones los próximos 15 días; también hay jóvenes pero seguro que muchos más mayores que por miedo al contagio han salido de las grandes ciudades en dirección a su pueblo, sin pensar en el riesgo de propagar el virus; o simplemente, muchos mayores han ido al parque con sus nietos porque no tenían que hacer con ellos, sin imaginarse el riesgo que hay para sus salud en ello.

 

Ninguna de estas conductas tienen un rango de edad específico, tienen mucho más que ver con la concienciación, la confianza en las instituciones, la formación o la solidaridad de cada individuo; aunque sobretodo, con el miedo.

 

Lo cierto es que es una situación excepcional que requiere de un compromiso social sin precedentes para que volvamos a tener una vida normal lo antes posible y es justo exigirnos a todos el mismo nivel compromiso, porque nadie tiene más responsabilidad por ser más sensible o menos sensible al virus, más joven o más mayor. La cadena se rompe por cualquiera de sus elementos.

 

En definitiva, cumplamos las recomendaciones y obligaciones que impongan las instituciones a rajatabla. Si alguien duda de ellas, que por defecto sea más estricto incluso. Pero no busquemos responsables, son las instituciones las que han de velar por el cumplimiento de las medidas dictadas si no somos capaces de imponérnoslas a nosotros mismos, tanto jóvenes como mayores; y así lo están haciendo.