Sin hornazo en La Aldehuela: mentiras y descontrol

Un control de acceso al recinto de La Aldehuela impide usarlo para el Lunes de Aguas.

Son muchos los ciudadanos a los que, este Lunes de Aguas, un control formado por un particular vestido de guardia de seguridad y un agente de la Policía Local les prohibió acceder al recinto deportivo de La Aldehuela. Daba igual si ibas con todo el kit de campo o si, como le ocurrió al que escribe estas líneas, no llevabas nada encima. La respuesta era la misma: no se podía pasar a comer la merienda. Así que sorprende, y mucho, que el concejal responsable de régimen interior y Policía niegue la evidencia.

 

La prohibición de entrar a comerse el hornazo existió: se hizo con todos y cada uno de los que se acercaron a la puerta durante toda la mañana. Servidor fue uno de los que recibió la amable recomendación. Fue por las buenas (sólo faltaría), pero no se podía entrar. Y punto. El miembro de seguridad privada contratado por la empresa concesionaria así lo mantenía, y lo hacía con el refuerzo de la autoridad que le confería la presencia, codo con codo, de un agente de la Policía Local. Su objetivo parecía más hacer valer la prohibición que evitarla. En ningún momento se mostró contrario a las indicaciones, a pesar de ser ilegales. Y por más que su superior intente negarlo, estaba allí antes de la supuesta instrucción para prohibir la prohibición.

 

Supongo que el concejal no llamará a esto 'prohición expresa', pero nada puede ser más claro: no se puede comer la merienda. Lo demás es sólo la misma estrategia de siempre, la que niega los problemas como única solución, amparado en muchos silencios cómplices. Una estrategia muy descoordinada, por cierto: el jefe policial reconoce una prohibición que, un par de días después, su superior político declara inexistente. La próxima vez, hablen antes.

 

El concejal delegado del servicio policial, Fernando Rodríguez, se empeña a pesar de todo en negarlo, y lo hace incluso ante la comisión informativa municipal. Un detalle: en la reunión no estaba el jefe de la Policía Local (¿una casualidad muy oportuna?). No les constan quejas ni problemas. Defender lo indefendible es, así, muy sencillo. Y le sale muy a cuenta: no tiene consecuencia ninguna porque a quien tiene la posibilidad de no tragarse el cuento le resulta más fácil creer lo que le dicen que lo que ve. Al menos, eso parece. 

 

Negar los problemas facilita mucho la tarea de gobierno, desde luego. Da igual si el jefe policial dice una cosa y hay que decir la contraria. La sensación de descontrol es apabullante, pero no importa. El objetivo no se desvía ¿Cerrar La Aldehuela el Lunes de Aguas? Por qué no. Pero va mucho más allá: se trata de permitir que la empresa concesionaria haga y deshaga a sus anchas. No es la primera vez. El año pasado la lluvia y el frío impidieron una jugada similar cuando ya estaba preparado el dispositivo. Poco importa si hay que meter por medio a la Policía Local.

 

Da igual si propios y extraños 'flipan' con la intesidad con la que el equipo de Gobierno 'bebe los vientos' por esta empresa. Da igual cómo se pasean por sus dominios, que son los de todos los ciudadanos. Da igual si las quejas sobre lo que hace la concesionaria en un recinto municipal se acumulan. Dos reuniones han tenido ya con los grupos municipales en las que, cómo no, ellos también lo niegan todo. La última, prohibir a un equipo de rugby hacer su 'tercer tiempo' (bocatas y dos cervezas) y cobrarle un extra de limpieza con la excusa de que no se puede comer y beber allí. ¿No se puede comer y beber allí... o sólo se puede si se compra en el bar que la propia empresa tiene abierto? Para otro día queda el extraño capítulo del secuestro de los bocadillos en el Campeonato de España de atletismo...

 

Está claro que conceder la gestión de un recinto emblemático como La Aldehuela a una empresa privada ha sido un error. Siempre estuvo en manos del Ayuntamiento y no pasó nada. Si se recupera, nos ahorramos los 1,2 millones de euros de déficit de explotación que se le pagan y también muchas arbitrariedades. Y un futuro caso de falta de mantenimiento, como el de las piscinas o el Multiusos. Y por favor, que nadie me venga con excusas como el cuidado de las pistas deportivas: esa sospecha lanzada al aire nos convierte a todos en presuntos vándalos. Y tampoco con lo del botellódromo: no ha pasado nunca ni va a pasar, y para evitarlo está la Policía (para esto sí).

 

Lo que sí ocurre es que ahora está mejor vista la fiesta del mojito que un 'tercer tiempo' de rugby y que echamos a clubes y deportistas de allí porque equipos de fútbol, rugby o atletas de postín deben tener menos derechos que los que pagan la cuota del 'zumba'. Nada en contra, salvo que es poner, de nuevo, los intereses comerciales de la empresa que cobra las matrículas por encima de los de la ciudad que necesita campos para sus equipos.

 

Y sin embargo, lo único que se le ocurre al equipo de Gobierno es echar balones fuera y negar la mayor. Negar una prohibición evidente, negar la permisividad con una empresa que hacer lo que le parece, cuando debería hacer lo que le manden (¿o ya lo hace?). Lo dicho: mentira, descontrol... o mejor dicho, ambos.