Salamanca tiene nuevos habitantes: los pokémon

Un pokémon en plena Plaza Mayor (Foto: Lucía Blázquez)

En unas semanas podremos ver grupos de chavales a las puertas de las iglesias de Salamanca, y no para entrar en misa precisamente, sino para capturar pokémon.

Pokémon Go es el juego que está arrasando por todo el mundo. Y no es para menos, pues permite a los fanáticos del videojuego de Nintendo ‘capturar’ pokémon en su propio barrio, a través de la pantalla del móvil. 

 

El mítico juego se reinventa y sus seguidores solo necesitan un smartphone con cámara y GPS activado para cazar pokémon allá donde vayan. La aplicación, desarrollada por Niantic en colaboración con Pokémon Company, traslada la pantalla virtual a la vida real. Ficción y realidad se fusionan en el móvil de los millones de usuarios que ya pueden jugar en Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos. 

 

El lanzamiento, que se hizo el jueves 7 de julio, ha sido uno de los más exitosos del mundo de las descargas móviles, lo que ha causado problemas en lo que todavía es una aplicación en pruebas y que presenta problemas de seguridad y privacidad.

 

En España habrá que esperar algunos días más para poder descargarlo, aunque hay muchos que no se han podido resistir y han creado una cuenta de iOS o Android australiana en su móvil para ser de los primeros en poder probar este fenómeno.

 

CÓMO FUNCIONA

 

La dinámica del juego es la misma que seguían aquellos ‘pokéadictos’ de los noventa, que iban a todas partes con su Game Boy. Se trata de coleccionar pokémon y entrenarlos para la lucha, superando así los niveles del juego.

 

El usuario no tiene más que salir a dar un paseo por su ciudad para encontrar ‘poképaradas’ y ganar bolas pokémon Cuando se topa con un pokémon, en puntos tan inesperados como iglesias, bares, oficinas u hospitales, tiene que lanzarle esas bolas para poder atraparlos. Por la ciudad hay gimnasios para combatir y ganar más criaturas.

 

En Salamanca, todavía no hay los suficientes ‘entrenadores pokémon’ por las calles pero en lugares como Central Park, se pueden encontrar decenas de jóvenes jugando desde su móvil. Los paseantes se quedan boquiabiertos cuando ven que tienen un Charmander o un Rattata sentados en su mismo banco.

 

 

'Poképarada' en la Casa de las Conchas (Foto: Lucía Blázquez)

 

EL FENÓMENO 'POKÉADICTOS'

 

Sin estar todavía oficialmente disponible para la descarga en España, son muchos los fanáticos que no han esperado al día y ya tienen su juego. En muchas ciudades se han creado grupos de Telegram donde se ayudan unos a otros y organizan quedadas para competir. 

 

El grupo de Salamanca ya tiene 46 miembros, la mayoría de más de 20 años. Todos se declaran jugadores de Pokémon desde pequeños y están encantados con esta nueva versión del juego. La mayoría lo tiene desde que salió y ya van por el nivel once, el más avanzado ha alcanzado el 22 en tan solo una semana.

 

El chat está activo las 24 horas del día y ya han hecho alguna quedada en el Parque de los Jesuitas para conocerse, capturar pokémon y luchar. En definitiva, una manera de hacer amigos en la realidad a raíz de la vida virtual. 

 

LA ‘SUPERCREACIÓN’ DE NINTENDO

 

La aplicación ya cuenta con más descargas que Tinder y los usuarios de  Pokémon Go superan al número de twitteros en Estados Unidos. Este juego ha conseguido levantar a los adictos a la consola del sofá, hasta el punto de que el juego da puntos en función de los kilómetros recorridos. 

 

Aunque la creación de la app ha supuesto un coste de 27 millones para Nintendo, se estima que el juego dará unos beneficios diarios de entre uno y cinco millones de euros. La valoración de la compañía japonesa ha subido 9.000 millones desde su salida y el valor de sus acciones en Bolsa han subido un 48%.

 

Sin embargo, el juego también está causando problemas en el día a día de las ciudades. En Estados Unidos, algunas áreas privadas, cansadas de que haya congregaciones de jugadores, han colocado carteles en sus puertas para ahuyentarles. La adicción a Pokémon Go puede además causar accidentes de tráfico por distracciones.