Salamanca tendrá que establecer una zona restringida a coches contaminantes antes de 2023
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Salamanca tendrá que establecer una zona restringida a coches contaminantes antes de 2023

Tráfico en la plaza de España de Salamanca.

El ministerio de transición ecológica quiere aprobar en 100 días la ley que lo obligaría, aunque ya se ha transmitido a Europa. Tendrá que establecer zonas y restricciones.

Salamanca estará obligada antes de 2023 a establecer una ZBE, Zona de Bajas Emisiones, al estilo de lo que ya tienen Madrid, Barcelona o Valladolid, con restricciones al tráfico de los vehículos más contaminantes. A partir de este año, todos los municipios españoles con más de 50.000 habitantes estarán obligados a establecer una de estas zonas, algo en lo que el municipio tiene algunos esbozos gracias a las calles peatonales videovigiladas y al creciente número de peatonalizaciones.

 

El Ministerio de Transición Ecológica tiene previsto aprobar en los próximos 100 días de manera definitiva una ley que lleva meses sobre la mesa y que establecerá las pautas de España para cumplir con la reducción de emisiones. Como el transporte causa buena parte de la emisión contaminante, una de las medidas convertirá en obligatorio establecer zonas de bajas emisiones. Así lo establece el primer programa nacional de control de emisiones, aprobado el pasado mes de septiembre, y que contenía esta medida.

 

Eso supone el inicio de una contrarreloj para ciudades como Salamanca, que carecen de protocolos de control de la contaminación, especialmente en materia de regulación del tráfico rodado, causante del 60% de las emisiones nocivas para la salud. Según los estudios independientes, los salmantinos respiran aire de mala calidad uno de cada tres días del año.

 

A día de hoy, la ciudad carece de una zonificación así y también de una ordenanza que regule la restricción de tráfico en función de los niveles de contaminación, así que tendrá que trabajar en ello: hay cuatro años de plazo.

 

Según la propuesta, habrá que elaborar planes de movilidad sostenible, de los que Salamanca tiene uno desde 2013, que incluyan la delimitación de zonas urbanas centrales de acceso restringido, peatonalizaciones, restricciones de tráfico en momentos de mayor contaminación, impulso del vehículo compartido, promoción del uso de la bicicleta, mejora y promoción del transporte público...

 

En el caso de Salamanca, su puesta en marcha obligaría a determinar zonas en las que se limitaría el acceso a los vehículos en función de los niveles de contaminación ambiental y de las emisiones de los vehículos, para lo cual se usan los distintivos con los que la DGT clasifica turismos, motos y furgonetas.  

 

 

Salamanca y su plan de acción

 

En Salamanca, con todo, no se parte totalmente de cero. El consistorio anunció hace unas semanas un Plan de Acción para el Clima y la Energía Sostenible, pero ese plan es todavía un proyecto. Es la primera piedra de un sistema de control de calidad del aire, pero ha elegido hacerlo desde una perspectiva amplia que se centra en el consumo energético sostenible y los riesgos presentes y futuros a los que se enfrenta la ciudad por culpa del cambio climático.

 

El objetivo: rebajar un 40% los niveles de contaminantes vinculados al tráfico antes de 2030. Esta es la apuesta del consistorio, un objetivo ambicioso, en el que es el primer movimiento por una atmósfera más sostenible, reto que va a afrontar desde una perspectiva propia y que va a tomar como punto de partida el Plan de Movilidad Sostenible, que data de 2013. El nuevo plan de acción está todavía en elaboración y hasta que no esté listo no hay medidas previstas.

 

 

Peatonalizaciones y centro histórico

 

Mientras llega ese día, el Ayuntamiento de Salamanca sigue apostando por las peatonalizaciones actuales y las futuras. Hay muchas realizadas, pero el plan contempla que se hagan peatonales por completo Íscar Peyra, todo Pozo Amarillo, San Pablo, plaza de Los Bandos (con la futura reforma), Crespo Rascón, plaza de la Fuente y todo el barrio de San Vicente, entre otros.

 

Además, se cuenta también con la limitación del tráfico en el centro histórico, donde la peatonalización y el sistema de control de accesos se han convertido en métodos para rebajar la circulación. El sistema de cámaras que controla quién entra sin permiso en las calles peatonales del centro y casco histórico ha valido un reconocimiento de Greepeace, que pone a Salamanca en la lista de las ciudades que hacen algo contra la contaminación de los coches. No obstante, entre los objetivos expresos de la red de cámaras no estaba la reducción de la contaminación, y por las calles restringidas circulan 2,8 millones de vehículos al año, que deberían tener controlado su acceso en función de sus emisiones.

 

También se hace especial incidencia en el sistema de alquiler de bicicletas, que poco a poco va sumando adeptos; la incorporación de vehículos híbridos a los servicios municipales; y en el uso del bus urbano, con una flota eficiente y de bajas emisiones, aún descartando los eléctricos.

 

La pregunta es si el desarrollo total de las medidas de un plan presentado en 2013 serán suficientes para atajar el problema de contaminación que tiene Salamanca. Según los últimos datos de Ecologistas en Acción, el nivel de ozono en el aire de Salamanca superó el máximo recomendado por la OMS 112 días durante el año pasado y respirar el aire de la capital es perjudicial para la salud todo el año. La mayor contaminación en una ciudad sin industria procede del tráfico rodado, que aporta ozono, partículas y dióxido de carbono.