Salamanca 'sale' de la crisis con 22.000 habitantes menos, más paro y 7.500 afiliados 'desaparecidos'

La crisis financiera cumple 10 años en los que Salamanca no sólo no ha logrado recuperar los niveles de empleo de 2008, sino que ha caído en una profunda depresión demográfica.

Salamanca no sale de la crisis, y está inmersa en una depresión con difícil solución: la guerra contra la despoblación. Esta es la desgraciada conclusión que se puede sacar de lo que llevamos de 2018, el año en el que se cumple una década desde que estamos 'oficialmente' en crisis. Diez años en los que la provincia, y también la capital, se han visto incapaces de recuperar los niveles anteriores en estadísticas vitales como la población, el paro o el empleo, y en los que además no se ha hecho frente al progresivo envejecimiento de la población, ni a sus causas ni a sus consecuencias.

 

La crisis financiera empezó a aparecer en los medios durante 2007, y para cuando empezó 2008, de lo que ahora se cumplen diez años, ya era una realidad con numerosos síntomas. Con todo, el punto en el que los expertos señalan el inicio es la caída de Lehman Brothers, de la que se cumple una década justo ahora, este 15 de septiembre. Ahora estamos inmersos en la primera década de crisis. Y, ¿cómo ha salido parada Salamanca? Veamos.

 

Las cifras son elocuentes y el dato del paro registrado en mayo lo vuelve a demostrar... aunque los máximos responsables políticos al frente de las administraciones lo nieguen con frecuencia. El número de parados este mes de agosto de 2018 es de 22.374 personas en el conjunto de la provincia; a pesar de la constante bajada, en agosto de 2008 había 18.740 parados, casi 4.000 menos. Lo mismo ocurre con el paro de Salamanca capital. El último dato disponible es el de agosto, con 11.183 parados: en agosto de 2008 eran casi 2.000 menos, 9.215.

 

En cuanto al empleo, sirva el dato de los afiliados. Las autoridades inciden en la mejoría de las cifras totales, pero el número de trabajadores dados de alta este agosto es de 120.033... de nuevo, por debajo del nivel de 2008: había 127.439 cotizando por sus trabajos en Salamanca, casi 7.500 más. Y eso sin olvidar el principal problema del mercado laboral actual, su escasa calidad: contratos temporales, precarios y mal remunerados predominan. Ahí está el hecho de que la mitad de los contratos que se han hecho en lo que va de año son de un mes o menos de duración; o que se haya batido el récord de contratos a camareros.

 

Estos datos se confirman con las cifras de la Encuesta de Población Activa (EPA). Del primer trimestre de 2008 al primero de 2018, del que hemos conocido los datos hace poco, Salamanca pierde activos, tiene más parados y menos ocupados. En 2008 el número de activos era de 155.300, por los 150.900 ahora; el número de ocupados, salmantinos con trabajo, era de 143.200 y ahora es de 129.600; y el número de parados era de 12.200 y ahora son 21.300.

 

 

La crisis demográfica

 

Las cifras describen otra realidad que nos lleva a la gran crisis en la que Salamanca se juega su futuro: la crisis demográfica. Las administraciones se agarran con frecuencia a las tasas de paro y empleo, el porcentaje de quienes tienen trabajo o no, olvidando que están marcadas directamente por la pérdida de población, uno de los grandes problemas de la provincia.

 

Salamanca tiene ahora, diez años después del inicio de la crisis, 22.202 habitantes menos que entonces: de 353.000 a poco más de 331.000 salmantinos según los datos del INE. La capital ha sufrido la pérdida de habitantes tanto o más que la provincia: ha pasado de 155.740 vecinos a 144.436 en el último dato, 11.304 habitantes menos.

 

La merma tiene que ver con su importante depresión demográfica. Los nacimientos en Salamanca se reducen cada año un poco más y han pasado progresivamente de los casi 2.900 de 2008 a los 2.238 del último año disponible, 2016. Las defunciones superan los nacimientos ampliamente: se mueven entre las 2.700 y las 3.000 anuales. Con menos nacimientos, más fallecimientos y el éxodo juvenil, el envejecimiento de la población ha elevado el número de pensionistas: casi 5.400 más en una década.