Roberto Canessa: "De Los Andes se salvaron los que eran capaces de amanecer con una sonrisa"

Roberto Canessa en Salamanca (Foto: De la Peña)
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¿Qué pasa cuando se te cae el avión? A partir de esa frase y con una terrible experiencia a sus espaldas que se convirtió en un libro, en una película y en una historia para la posterioridad, Roberto Canessa, uno de los sobrevivientes del accidente de Los Andes, ha dejado una lección en Salamanca sobre cómo hay que vivir y afrontar las situaciones límites, sea cual sea y en cualquier ámbito. 

El 13 de octubre de 1972 un avión de la Fuerza Aérea Uruguaya se estrelló en la cordillera de Los Andes cuando volaba desde Montevideo hacia Chile para llevar a un equipo de rugby, el Old Christians, a jugar un partido. A bordo se encontraba Roberto Canessa, un estudiante de Medicina de 19 años que se convirtió en una de las figuras clave de una historia inmortalizada en el cine y recordada por cómo salieron adelante en aquellas circunstancias. 

 

Sin visos de ser rescatados y sin nada que llevarse a la boca, el reducido grupo de supervivientes del accidente del vuelo 571 acabó alimentándose con la carne de sus compañeros fallecidos para poder sobrevivir.

 

Convertido en un cardiólogo infantil de renombre, Canessa observa ahora con perspectiva la situación límite a la que tuvieron que hacer frente sin agua ni alimento, con temperaturas de 30 grados bajo cero y con varios compañeros heridos como consecuencia del impacto, y considera que aquella fue una experiencia de la que extrajo un sinfín de lecciones vitales que ha podido aplicar tanto a su día a día personal como profesional.
 

Lo que no es tan conocido es el ‘después’ de los protagonistas de aquella tragedia, algo que Canessa ha plasmado en su libro Tenía que sobrevivir. Tanto de su experiencia como de ese después y de esas lecciones ha hablado en Salamanca en una charla iniciamente dirigida a empresarios a la que se han sumado muchos salmantinos hasta llenar el Teatro de España Duero. 

 

"Pensaba que era la persona más desgraciada del mundo y una noche cayó un alud y quedé enterrado vivo"

 

La charla parte de una frase 'que se te caiga el avión' y ¿eso qué quiere decir? "Cuando te cambian todas las reglas del juego, cuando lo que antes establecido cambia y tú tienes que transformar el problema en una oportunidad para sobrevivir", explica Canessa que añade "gracias a Dios en la mayoría de esas situaciones que te plantea la vida no tienes que comer, que comer y estás asediado por los aludes", en referencia a aquella experiencia.

 

"Todos tenemos nuestra cordillera que subir y en base a esa experiencia sin dar clase de nada, cuento cuál fue mi fórmula"

 

 

"En escala menor todos tenemos nuestra cordillera que subir y en base a esa experiencia sin dar clase de nada, cuento cuál fue mi fórmula y a lo mejor así alguno puede encontrar la manera de trepar su montaña. Ese es un poco la idea y no sentirse como me pasó a mi que pensaba que era la persona más desgraciada del mundo y una noche cayó un alud y quedé enterrado vivo". 

 

Ese momento en que los sobrevivientes del accidente quedaron sepultados como un alud reconoce que fue el peor en los 72 días. "Sin ninguna duda porque estábamos enterrados vivos y tuve una sensación que no sabía que existía en el alma humana y que fue tener envidia a una persona que estaba muerta. Miraba a mis amigos muertos y decía 'que suerte tenés, que no sufres más y debo haber sido que he sido peor persona y mi agonía debe ser más larga'. Ahí me aferré a la vida y a la esperanza de un rescate".

 

"Tuve una sensación que no sabía que existía en el alma humana y que fue tener envidia a una persona que estaba muerta"

 

Alguno de sus compañeros señaló después del rescate que nunca se podría sentir como un héroe Canessa opina que el precio que tuvieron que pagar fue muy elevado. "No le deseo a nadie estar donde estábamos nosotros porque era el infierno. Dormiamos rodeados de los muertos que eran nuestros amigos, no teníamos fuerzas para enterrarlos ni tierra tampoco. Fue un suplicio y a veces en la conferencia lo contamos de manera más 'light' que debe ser la actitud ante la vida porque no podemos quedar atrapados por la sensación de angustia, En la vida vale la actitud positiva. Creo que de Los Andes los que se salvaron eran los que eran capaces de amanecer con una sonrisa". 

 

"Dormíamos rodeados de los muertos que eran nuestros amigos, no teníamos fuerzas para enterrarlos ni tierra tampoco"

 

Médico de profesión, la experiencia en Los Andes le ha servido para enfocar su día a día. "Aprendí a ser el enfermo, el paciente, sé lo que es estar muerto, sé lo que significa y sé que la muerte no es tan terrible. Sé que es un paso más de paz".

 

"Sé lo que es estar muerto, sé lo que significa y sé que la muerte no es tan terrible"

 

Calificado por sus compañeros de 'aventura' como independiente e incluso, insoportable, por su continúa búsqueda de soluciones e iniciativas para mejorar aquella situación, asegura que ha 'empeorado' en esos aspectos de su personalidad. "Soy mucho peor que en aquel momento. Tengo un modo de ver la vida de que siempre ofrece posibilidades. Creo que es buena la gente que hace pensar, que se rebela frente a lo preestablecido, que no se deja achatar por dejarse por las normas y todo ello guiado por un corazón y unas ganas de ayudar a la gente que me inculcó mi familia. Tú puedes hacer las cosas diferentes pero sin robarle a nadie el derecho a su vida". 

 

"La gente necesita leyendas, necesita dónde inspirarse, que les levanten el alma y la vida"

 

El Teatro de España Duero lleno como allí por donde va. ¿Qué cree que ve la gente en él? "La gente necesita leyendas, necesita dónde inspirarse, que les levanten el alma y la vida. Soy peor de lo que la gente me ve pero me alegra que les sirva. Yo separo mi vida de la admiración de la gente y me miro al espejo y digo: El mismo tonto de siempre y no te olvides que hace cuatro días se te murió un paciente".