Relato de una salmantina tras 15 años siendo alcohólica: "A pesar de las arcadas forzaba mi cuerpo para seguir bebiendo"
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Relato de una salmantina tras 15 años siendo alcohólica: "A pesar de las arcadas forzaba mi cuerpo para seguir bebiendo"

Carmen en uno de sus viajes a la playa

Carmen, una salmantina de 61 años, cuenta como fue su vida siendo alcohólica. Dos intentos de suicidio, caídas en la calle y relaciones de las que ni se acordaba, un auténtico infierno del que ha conseguido salir gracias a la Asociación de Alcohólicos Anónimos.

"Me despertaba con resaca y me tomaba una cerveza. A pesar de las arcadas forzaba mi cuerpo para seguir bebiendo". Son las tristes y duras palabras de Carmen, una salmantina de 61 años que forma parte de la Asociación de Alcohólicos Anónimos charra, "consumí alcohol durante 15 años", ahora lleva 31 "limpia".

 

Son las 11.00 horas y descuelga el teléfono, transmite su fuerza en cada palabra. Su historia empezó cuando apenas tenía 13 años, "en mi casa se celebraba todo con alcohol, era algo habitual... comíamos con vino, salíamos de cañas". Lo usaba para potenciar las situaciones de risa y bienestar", lamenta con la voz entrecortada. 

 

Con los años se dio cuenta que para atreverse a conectar con la gente "tenía que beber". Pero eso no duró demasiado tiempo, "me dejó de valer". Una línea invisible se atravesó en su vida, la partió, "aquello que era mi 'amigo' empezó a ser mi enemigo, dependía del alcohol y no podía parar... me sentía más alta, más rubia, más simpática y con los ojos más azules, beber era un gusto... la bebida me abría puertas donde yo creía que no llegaba", apenas tenía 20 años. 

 

Sin alcohol no podía manejarse, "quería parar pero no podía". A lo largo de los años empezó a sentirse mal, "sólo sabía decir 'pobre de mí', no estaba agusto conmigo misma, empecé a aislarme, fui agresiva, creía que el mundo estaba contra mí... todo esto me pasaba pero seguía y seguía era un pasillo sin fondo". Se cayó al suelo por las calles de la capital, "tuve situaciones desagradables, de hecho intenté suicidarme dos veces", ahonda. 

 

Y es la palabra suicidio la que la deja sin voz, "llega un momento en el que no me soporto, quiero quitarme del medio, no podía vivir conmigo misma, lo que me hacía el alcohol no era bueno. Hacía lo que no quería hacer, pensaba lo que no quería pensar... tenía tanto asco hacia mí...", sus palabras demuestran la dureza de su vida, aprendiendo cada segundo, superándose prosigue con su relato. 

 

"No sabía ni con quien iba... me echaba a la calle, tenía relaciones y al día siguiente ni me acordaba...". Una noche, tras una borrachera "llegué a casa, me tomé todas las pastillas que encontré, quería morirme pero me entró el miedo. Avisé, me llevaron al hospital, el psiquiatra ya me habló de mi problema y yo sólo pensaba "no pienso dejar de beber en fiestas, Navidad... ¿cómo me voy a divertir?", su testimonio pone 'los pelos de punta'. 

 

Durante la toma de la medicación consiguió controlarse, después, "me bebí en un día todo lo que no había ingerido en un mes", los años habían seguido avanzando ya tenía 26. Se fue de casa, "perdí a mi familia, amigos, estudios, trabajo... era insostenible. Mi vida se resumía a levantarme con resaca y seguir bebiendo". 

 

Su segundo intento de suicidio llegó poco después, "vino de visita una amiga que tenía fuera de Salamanca". Carmen se tiró del coche en marcha, "abrí la puerta y lo decidí. Vi que me estaba volviendo loca, no tenía ningún control sobre mi cuerpo". Tomó conciencia, la "cárcel, el hospital o la muerte eran mi única opción", tocó fondo "no quería más de esto"

 

Volvió al psiquiatra y se apuntó a la Asociación de Alcohólicos Anónimos en Salamanca. Desde entonces su vida ha sido satisfactoria, "pude salir de ahí". En los grupos "vi gente que hablaba mí mismo idioma, me entendía, habían pasado por cosas parecidas. Tenían la misma impotencia para vivir, era incapaz de seguir...", estaba aterrada. 

 

El alcoholismo es una enfermedad crónica, incurable, pero "se puede parar". Gracias al programa de la asociación, Carmen asegura que "se puede continuar de otra manera, se puede encontrar la paz haciendo un proceso de vida, desaprendiendo cosas que ya sabíamos y aprendiendo otras nuevas. Lo único que se nos pide es ir y seguir las pautas: un desarrollo mental, físico, emocional, espiritual... que nos lleva a tener ese crecimiento que nunca tuve por culpa del alcohol".

 

Carmen destaca que no ha recaído "nunca", aunque reconoce que es algo habitual. "Me tendrían que poner un embudo en la boca para que yo volviera a consumir alcohol, es veneno para mí". En Alcohólicos Anónimos la vida empieza cada día, "son 24 horas, por hoy nos hemos sentido bien sin consumir, soy la persona que me gusta ser, no hago lo que hacía y he recuperado a los míos". 

 

Con la voz entrecortada lamenta que "seguiré siendo alcohólica hasta el día que me muera, consuma o no alcohol. Si yo tomo esa primera copa, mi enfermedad se vuelve a activar con la misma intensidad que cuando la deje". Por ello, nunca ha dejado de asistir las reuniones  cada lunes a las 19.30 horas y los sábados a las 17.00 horas en el Paseo del Rollo número 53. 

 

Reconoce que gracias a esta asociación "he encontrado una vida muy satisfactoria, aprendí y sentí principios para relacionarme conmigo misma y con los demás, y me pude comenzar a aceptar y querer como ser humano con una vida, que merece ser vivida. Gracias a mantener ese crecimiento personal y espiritual que practico como forma de vida, soy una mejor versión de mí".

 

Finalmente, advierte a los jóvenes, "deben tener mucho cuidado, no hablo sólo de alcohol si no de todo tipo de drogas. Hoy en día el consumo es mixto, toman diferentes sustancias. Un vaso de vino es maravilloso pero cuando no lo utilizas para conectar con otros, para esconder tus miedos... el consumo moderado es estupendo, pero cuando necesitas tomar sustancias para relacionarte con otro, ahí hay una alarma".